|
|
|
|
|
|
CRACOVIA (ZENIT) – Juan Pablo II encomendó el 17 de agosto el mundo a la Divina Misericordia al dedicar el nuevo santuario de Cracovia. El Pontífice explicó que este centro de peregrinación, construido en tres años al lado del convento donde vivió y murió Faustina Kowalska (19051938), quiere llevar el mensaje de aquella joven mística polaca “a todos los habitantes de la tierra”. La dedicación del Santuario de la Misericordia Divina fue el acto más importante del viaje internacional número 98 de este pontificado, el octavo de Juan Pablo II a su tierra natal. El cuadro de Jesús Misericordioso que fue pintado de acuerdo con las instrucciones que Jesús mismo le dio a la santa polaca, según narra ella en su Diario, se halla ahora sobre un enorme sagrario de oro en forma de globo terráqueo, rodeado por un arbusto sacudido por el viento, imagen de la lucha del ser humano contra su propia debilidad. El día de la dedicación, el santuario estaba completamente lleno y afuera, unas 20,000 personas seguían la ceremonia desde el exterior. La multitud llegaba hasta las calles lejanas, donde no se escuchaba el sonido de los altavoces. A esa distancia, adultos y jóvenes permanecían arrodillados en silencio sobre el asfalto y las aceras como si estuviesen cerca del altar. Con voz emocionada, Juan Pablo II proclamó en la homilía: “En este santuario encomiendo hoy solemnemente el mundo a la Misericordia Divina, y lo hago con el deseo ardiente de que el mensaje del amor misericordioso de Dios, proclamado desde aquí por santa Faustina, llegue a todos los habitantes de la tierra y llene los corazones de esperanza. ¡Cuánta necesidad de la misericordia de Dios tiene el mundo de hoy! –exclamó el Papa–. En todos los continentes, desde lo profundo del sufrimiento humano, parece levantarse la invocación de la misericordia. ”Donde dominan el odio y la sed de venganza, donde la guerra lleva al dolor y la muerte de los inocentes es necesaria la gracia de la misericordia para aplacar las mentes y los corazones y hacer que surja la paz. ”Donde desfallece el respeto de la vida y de la dignidad del hombre, es necesario el amor misericordioso de Dios, a la luz del cual se manifiesta el inefable valor de todo ser humano –siguió diciendo–. Es necesaria la misericordia para lograr que toda injusticia en el mundo encuentre su término en el esplendor de la verdad”. Al final de su larga homilía, el Papa citó las palabras de Jesús recogidas en el Diario de sor Faustina: “Desde aquí saltará la chispa que prepara el mundo para mi última venida”. Su Santidad expresó que “es necesario encender esta chispa de la gracia de Dios. Es necesario transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz y el hombre, la felicidad”. Llevado por la emoción, confesó espontáneamente: “¿Quién iba a pensar que alguien que llegaba aquí caminando con zuecos de madera llegaría un día a consagrar esta Basílica?”, recordando que a pocos metros del santuario se encontraba la cantera de Solvay, en la que Wojtyla trabajó en sus años de juventud, durante la dominación nazi. Al final del acto, Juan Pablo II se encontró con Lech Walesa, ex líder del sindicato Solidaridad, que en los años 80 cambiaría el curso de la historia en Polonia y Europa del Este.
|