El desafío del
hombre contemporáneo: La misericordia

Bruno Forte
Entrevista con Bruno Forte,
de la Comisión Teológica Internacional
ROMA (ZENIT) – Juan Pablo II relanzó en su viaje a
Polonia del 16 al 19 de agosto, el mensaje de la “misericordia”,
capaz de “regenerar al mundo, llevando a amar a los hermanos e
incluso a los enemigos”.
El Pontífice recoge así el legado dejado por una
joven mística de inicios del siglo pasado, sor Faustina Kowalska,
primera santa del año 2000, quien dejó en su Diario revelaciones
que no sólo fascinan a los fieles, sino que también son motivo de
reflexión para muchos teólogos.
Monseñor Bruno Forte, presidente de la Facultad de
Teología de Italia Meridional y miembro de la Comisión Teológica
Internacional, en esta entrevista concedida a Radio Vaticano
penetra en las raíces del mensaje.
¿Qué quiere decir “misericordia”?
Hay dos dimensiones
fundamentales en el concepto de “misericordia”. El primero es el
que se expresa en la palabra griega “eleos”, es decir la
“misericordia” como actitud de compasión hacia la miseria del
prójimo, un corazón atento a las necesidades de los demás. Pero,
junto a ésta surge otra acepción, ligada a la palabra judía “rahamim”,
que tiene su raíz en el “regazo materno”, es decir, indica el amor
materno de Dios.
¿Qué es esta misericordia? San
Bernardo la explicaba diciendo que Dios no nos ama porque somos
buenos o bellos, sino que lo que nos hace buenos y bellos es su
amor, el amor materno de Dios.
En las dos acepciones surge una idea fundamental
que llena de esperanza el corazón humano, es decir, Dios está
dispuesto a acogerte y a comenzar de nuevo contigo,
independientemente de tu historia, de tu pasado, de tu experiencia
de alejamiento e infidelidad. El final del siglo ha estado
caracterizado por grandes tragedias, así como por la gran tragedia
del mal. Yo creo que el Papa, al inicio del nuevo milenio, ha
querido relanzar este evangelio de la “misericordia”, es decir, el
evangelio de un Dios que está dispuesto a recuperar al hombre
independientemente de la situación en que se encuentre. Un Dios
que está dispuesto a volver a comenzar con nosotros.
¿Cómo es posible creer en esta
“misericordia” ante el mal que vemos en el mundo?
La fe siempre es un desafío. Es un desafío para el
hombre de toda época. Para el hombre de hoy es un desafío creer en
esta locura del amor, la locura del amor de Dios, su “misericordia”.
Pero creo que el Papa no tiene miedo de lanzar este desafío al
hombre, porque sabe que es el único desafío que vale la pena ser
lanzado y acogido.
¿Qué debe hacer el hombre para
entrar en este misterio de la “misericordia” de Dios?
Rendirse. La humildad es el camino para hacer la
experiencia de la “misericordia”. La entrega de sí, la confianza,
es quizá lo que más le cuesta a nuestro orgullo, al orgullo de la
razón adulta de la modernidad. Pero precisamente por este motivo
la humildad es la única puerta que nos introduce en el misterio de
la “misericordia” de Dios. Con Dios se vence si se pierde.
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