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“Ser misionero es cumplir con la vocación cristiana”

 

Habla el padre Jean Pierre,
director de las misiones de la arquidiócesis

 


El padre Jean Pierre dirige la actividad misionera que se está llevando a cabo en Guatemala, donde la población ha sufrido una terrible hambruna.

Brenda Tirado Torres
La Voz Católica

NORTH MIAMI – El domingo 20 de octubre se celebra el Día Mundial de las Misiones y el arzobispo John C. Favalora quiere que la Arquidiócesis de Miami sea misionera. Para ello, ha encargado al padre Jean Pierre la dirección de la oficina local de la Sociedad para la Propagación de la Fe, la cual ha comenzado a trabajar con las parroquias de la arquidiócesis para establecer grupos misioneros en cada comunidad.

El padre Jean Pierre llegó a Florida en enero de 1986. En aquella época era un seminarista de la Congregación de los Misioneros de San Carlos, conocidos como Padres Escalabrinianos. Al terminar sus estudios de filosofía en Canadá, tomó la decisión de venir a la Arquidiócesis de Miami, donde completó su formación y fue ordenado sacerdote.

La Voz Católica entrevistó al sacerdote haitiano en la iglesia St. James, al noreste del condado Miami-Dade, de la cual es párroco. El padre Pierre visitó muchas de las parroquias para orientar a los fieles sobre la necesidad de apoyar las misiones de la arquidiócesis en los países latinoamericanos más necesitados.

¿Cómo se convirtió en director de la Sociedad para la Propagación de la Fe en la Arquidiócesis?

Yo siempre he trabajado en parroquias, es algo que me encanta. Pero después de la publicación de su Carta Pastoral La Estrella de Belén, en enero de 2001, el arzobispo John C. Favalora quiso establecer una oficina de misiones y me llamó a mí. El propósito es crear conciencia entre todos los feligreses de la Arquidiócesis de Miami para que conozcan las misiones de la Iglesia y participen más ofreciendo su oración y su sacrificio y para que apoyen a nuestros hermanos pobres en América Central, del Sur y del Caribe.

Hace unos años el Papa convocó en Roma a todos los obispos de América para hablarles sobre la región. El Papa se dio cuenta de que hay mucho desequilibrio y les llamó la atención al recalcarles que somos una sola Iglesia, miembros de un mismo continente, y que tenemos que hacer todo lo posible para que exista más solidaridad entre las comunidades de la Iglesia universal aquí, en el continente americano.

¿Cuál es el plan misionero a nivel local?

El Arzobispo quiere que en cada parroquia exista un comité o una célula de personas que trabaje con las misiones. También desea que se haga lo mismo en las escuelas a través de un programa llamado Infancia Misionera para que todos los niños de nuestros colegios participen y se sacrifiquen en algo por otros niños más necesitados que ellos. Niños ayudando a otros niños: ese es el programa que estamos desarrollando en las escuelas.

Sabemos que en la actualidad la Arquidiócesis de Miami está colaborando con misiones en Guatemala. ¿Se trabaja en otros países?

A través del programa de la Santa Infancia –la Obra Pontificia de la Infancia Misionera, con sede en Roma–  se nos asigna un país cada año para que nuestros niños conozcan a los de allá y se reúnan los fondos para ayudarlos.

El año pasado se dio a conocer que esa zona estaba siendo afectada por la sequía y la hambruna. Aunque estamos conscientes del nivel de pobreza que existe en nuestros países, cuando se habla de hambruna pensamos en Africa.

Cuando visitamos Guatemala vimos a tantos niños desnutridos, muchos fallecían por falta de los alimentos básicos. ¡Ese problema lo tenemos cerca de nosotros! Al sur de las fronteras de este país hay personas que viven con tres comidas a la semana cuando muchos de nosotros tenemos más de tres al día.

Por eso estamos ayudando a un grupo de misioneros belgas que hace años trabajan allí. Lo que estamos haciendo es ayudar a los niños de los indígenas, especialmente los chortí, que son muy pobres.

Es significativo que estemos comenzando con Guatemala, porque el próximo año allí se celebrará una reunión mundial sobre las misiones.

El apoyo que nuestra arquidiócesis estará brindando, ¿es económico o también habrá voluntarios que vayan a ayudar?

Habrá misioneros también. Estamos organizando peregrinaciones para los que quieran ir a ayudar, incluso los estudiantes podrán ir con sus padres a conocer las misiones.

Tenemos un programa y ya estamos construyendo con lo poco que hay. Las familias viven en chozas de un solo cuarto. A veces, con poco, pueden añadir otro cuartito. También, a veces, el templo donde rezan solamente tiene techo, no hay paredes. Estamos ayudándoles en esto también. Por eso es que necesitamos la ayuda de los fieles.

Por otro lado, existe un plan cooperativo en el que invitamos a los obispos para que misioneros de sus diócesis nos visiten y nos eduquen sobre sus necesidades. A través de este programa, este año vinieron varios misioneros de Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Haití, de Africa y visitaron varias parroquias. También yo he estado visitando parroquias para hablar de las misiones y pedir ayuda para el proyecto que tenemos en Guatemala.

¿Cómo ha reaccionado el pueblo católico a su pedido de ayuda?

La gente es muy generosa aquí. Con sus contribuciones vamos trabajando y ayudando a las misiones. La base de todo es la educación de nuestros fieles y de los niños. Los niños son nuestro futuro. Se les siembra la semilla desde ahora para que vayan creciendo con conciencia.

Aquí no sólo es cuestión de recoger fondos sino de educar sobre nuestra responsabilidad misionera. Todos somos llamados a la misión. La Buena Noticia es que Dios está en medio de nosotros. Todos somos hermanos y hermanas, tenemos que conocernos más, ayudarnos unos a otros para que crezcamos juntos en una sociedad mejor. Esa es la meta.

Nos ha dicho que cada año la Santa Infancia asigna un país a la arquidiócesis. Entonces, ¿cómo se puede completar la labor en Guatemala cuando quizás el año próximo nos asignen otro país?

No podemos resolver los problemas tan serios que existen en estos países. No estamos buscando el éxito en todo lo que hacemos. Lo que queremos es despertar el interés entre los católicos. Puede haber parroquias, comunidades, escuelas que deseen continuar la labor con la misión de un país. Pero también tenemos que darle a nuestra gente aquí la oportunidad de conocer a varios países para que logremos tener un programa misionero global. Esta es una preocupación que tenemos sobre todos los países de América Latina en donde muchos católicos han dejado la Iglesia.

El avance de las sectas protestantes es muy rápido, particularmente en naciones como Guatemala. ¿Qué podemos hacer nosotros desde acá para evitarlo?

Tenemos que pensar en misión, en ayudar a las comunidades católicas para alimentar esta sed, esta necesidad de fe que tiene la gente. Los protestantes están muy comprometidos con las misiones. Cuando necesitan una iglesia, allí está la iglesia; cuando necesitan una escuela, el dispensario, el hospital, ¡todo está ahí!

El Arzobispo entiende muy bien esta situación y quiere que nos enteremos un poco más, que contribuyamos un poquito más, que nos sacrifiquemos un poquito más, que oremos un poco más para ayudar a los misioneros y que los católicos también respaldemos a nuestra Iglesia.

¿Qué preparación se necesita para ser misionero?

Hay que prepararse espiritualmente, emocionalmente. No todo el mundo puede ir. En las misiones se encuentran situaciones quizás nunca imaginadas, en comparación con la manera en que se vive en este país. Sin prepararse, sería muy difícil.

Cristo está presente en todos lados. Pero en las misiones vamos a encontrarnos con Cristo que sufre, que tiene hambre y que, en medio del sufrimiento y de la hambruna, nos va a dar mucho amor, mucho calor, mucho cariño.

Es un reto muy grande para todos. Creemos que el catolicismo es la plenitud de la fe, pero sólo una fracción de la población mundial, seis mil millones de personas, conocen a Jesucristo, creen en El. Tenemos que trabajar más, que concentrarnos más, porque por nuestro bautizo, nuestra primera comunión, nuestra confirmación, somos enviados a predicar el Evangelio.

Por eso los católicos debemos estar más comprometidos para que la Iglesia sea verdaderamente universal. Que esta fe en que nos gloriamos, que esta eucaristía que celebramos, esta presencia del Espíritu Santo se sienta en medio de nosotros y demos testimonio de esta fuerza que está en nuestras vidas. Pero no se puede hacer sin sacrificio, sin una determinación, sin un esfuerzo de nuestra parte. Es, simplemente, cumplir con nuestra vocación, con la misión que nos pide Cristo.

Para más información sobre el programa misionero de la Arquidiócesis, llamar al 305-762-1236.