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Los seminaristas inician un nuevo año de formación


Los seminaristas Héctor Pérez, Michel García y Luis Largaespada, acompañados por Fina Hernández e Irma Márquez, de la Liga Orante Vocacional. (Foto: Brenda Tirado Torres)

Brenda Tirado Torres
La Voz Católica

MIAMI – Durante una misa celebrada en la Ermita de la Caridad el 30 de julio con la que se clausuró la convocatoria anual de los seminaristas de la Arquidiócesis de Miami, el arzobispo John C. Favalora hizo énfasis en que los candidatos al sacerdocio están obligados a ser ejemplo ante sus compañeros de formación y la comunidad.

La convocatoria marca el inicio de un nuevo año de formación para quienes aspiran a recibir el orden sacerdotal.

“Yo espero que ustedes sean ejemplos de virtud para sus compañeros de otras diócesis”, expresó el Arzobispo de Miami, refiriéndose a otros seminaristas que también reciben formación en el Seminario St. Vincent de Paul, en Boynton Beach. “La mejor homilía que ustedes y yo podemos dar es predicar con nuestras acciones. Toda nuestra vida de sacerdotes debe ser predicar la Palabra de Dios”.

Tomó como base la lectura del Evangelio de San Marcos sobre el trigo y la cizaña –proclamada en dicha celebración eucarística– para explicar a los seminaristas cómo Dios permite que el bien (el trigo) y el mal (la cizaña) existan juntos, pero con la esperanza de que el bien triunfe por su fortaleza.

Recalcó que el llamado a la vida sacerdotal no es uno fácil, dado que el mal ejerce su influencia sobre el ser humano. Sin embargo, es un llamado recibido por gracia de Dios, y sólo en Cristo se encontrará la fortaleza para perseverar.

“Espero que, por sus acciones en el seminario, ustedes no cosechen semillas del mal, sino sólo buenas semillas. Si lo pueden lograr como seminaristas, lo lograrán como sacerdotes. Si no pueden lograrlo en el seminario, entonces no deben ser sacerdotes”, advirtió.

Antes de la bendición final, Monseñor Favalora expresó que en sus oraciones diarias pedía por todos los seminaristas y por los miembros de la facultad del seminario. También agradeció a la Liga Orante Vocacional –representada en la Misa por su presidenta, Delia Berta González, y otras voluntarias– porque “oran por ustedes, como yo, y es por sus oraciones que vemos cómo han aumentado las vocaciones en nuestra arquidiócesis”.

La Arquidiócesis de Miami cuenta con un total de 62 seminaristas procedentes de distintos países del Caribe, Centro y Sur América, Estados Unidos y Europa, quienes reciben formación en los seminarios St. John Vianney, en Miami, y St. Vincent de Paul. Para Fina Hernández, de la Liga Orante, esto es una bendición.

“Yo acabo de llegar de España, y los seminaristas allá no son tantos como los de aquí. Dios nos ha premiado a nosotros, eso es la verdad”, comentó Hernández.

Este año, nueve jóvenes entraron al seminario.

“Este es un maravilloso grupo”, dijo Irma Márquez, otra de las voluntarias. “Oramos mucho por ellos para que sean buenos sacerdotes”.

El apoyo de estos voluntarios es un regalo de Dios, afirmó el seminarista Luis Largaespada, quien ayudó en la organización de la convocatoria. El joven nicaragüense acaba de iniciar su tercer año de filosofía.

“Los miembros de la Liga Orante nos respaldan como guerreros, orando y apoyándonos en momentos en los que tal vez estamos atravesando por alguna crisis”, dijo. “Pero la gracia de Dios, a través de ellos, se hace presente