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“Haznos un solo pueblo bajo tu manto protector”

Homilía del padre Alberto R. Cutié en la misa de la Virgen de la Caridad, celebrada el 8 de septiembre en la
American Airlines Arena


Los padres Alberto Cutié y Francisco Santana rezan el rosario con la multitud de fieles, que va acompañando a la Virgen de la Caridad al barco que la llevará a la American Airlines Arena. (Foto: Brenda Tirado Torres)

Hoy tenemos un verdadero milagro patente: la presencia de Monseñor Agustín Román, por el cual tanto hemos rezado. Dios nos ha concedido un verdadero milagro y tenemos que dar gracias por esto. 

Hermanos sacerdotes, diáconos, seminaristas y todo el pueblo de Cristo congregado en este día tan especial:

Quiero agradecerle a Monseñor Román el gran privilegio que me ha concedido de predicar esta homilía en el día de la fiesta de nuestra Madre Santísima, la Virgen de la Caridad.

Este es un honor muy especial para un cubanito como yo, nacido en el exilio, ya que la Virgen de la Caridad representa muchas cosas para mi generación de cubanos:  representa la tierra que nunca he visto físicamente, pero que llevo en lo más profundo del alma. Representa la patria que aprendí a querer a través de los ojos de mis abuelos y de mis padres, y a la cual quiero y siento también como mía. Representa la Cuba que deseo ver libre y sin las ataduras de una ideología fracasada que por tanto tiempo la tiene esclavizada.

Pero la Virgen de la Caridad es mucho más que un signo patriótico.  Ella es la Madre de Jesús, del Señor,  que nos ha acompañado a lo largo de toda nuestra historia y nos sigue acompañando hoy, especialmente a los que vivimos fuera de la patria añorada.

Hace más de 50 años, el 13 de mayo de 1951, en la ocasión del Cincuentenario de la Republica de Cuba, la imagen de la Virgen de la Caridad visitó todos los pueblos de la isla, antes de llegar a La Habana el 20 de mayo del 1952. Estuvo en bohíos y en centrales azucareros. Subió a las sierras perdidas y bajó a estar con los mineros. En esa ocasión estuvo con todos sus hijos, de toda clase y condición. Y esto deja bien claro que el pueblo cubano –como ha dicho el Papa Juan Pablo II– tiene un alma cristiana.

Nosotros ahora estamos aquí 50 años después, conmemorando el Centenario de la República. Nuestra parte de la historia ha sido bastante amarga, ya que la República ha sido secuestrada por una ideología que no tiene nada que ver con los valores cristianos, y que de hecho ha intentado borrar lo que nadie puede borrar del corazón del hombre: la presencia de Dios, que vive en cada persona creada a su imagen y semejanza. 

Pero el pueblo cubano –el de aquí y el de allá– sigue teniendo fe, Y la fe nunca esta lejos de la esperanza.

El evangelio de hoy es apropiado para esta fiesta. El Señor Jesús nos invita a resolver conflictos y a buscar la unidad. También nos afirma que donde hay dos o tres reunidos en su Nombre ahí también esta El, entre su pueblo. 

¿Cuántas veces se nos olvida en nuestras discusiones y guerras ideológicas que estamos llamados a la unidad, que en la unidad está la fuerza? ¿Cuántas veces estamos dispuestos a escuchar otra opinión, otra forma de ver la misma realidad, sin caer en nuestro ya famoso dicho cubano: “Estás absolutamente equivocado”? No cabe duda que nos hace falta ser más humildes. Y en la humildad encontramos la verdad.

Uno de los títulos mas antiguos de la Virgen es el “Arca de la Alianza”, o sea, la que une el Antiguo Testamento con el Nuevo Testamento. La Virgen nos puede enseñar mucho sobre la importancia de la unidad. Es esencial, en este  momento de nuestra historia estar mucho más unidos como pueblo.  Trabajemos y luchemos por esa unidad; para que muy pronto, cuando por la gracia de Dios nos toque regresar a una Cuba libre, podamos construir puentes de amor y de esperanza.

Recientemente me escribió una señora diciéndome que ya estaba perdiendo la fe y la esperanza, porque Cuba no era libre. Yo primero pensé en lo que dicen tanto en Cuba –que para sobrevivir se tiene que tener FE, o sea Familia en el Exterior. Pero yo creo que esa señora estaba hablando de otro tipo de fe. La fe en un Dios que siempre nos escucha. Y por eso quiero concluir con una oración que Dios puso en mi corazón, después de sentir el dolor que esa señora expresaba en su carta:

Virgencita de la Caridad, Madre del pueblo cubano, hoy tus hijos te aclaman con una sola voz, aunque nos separen muchas cosas: más de 90 millas de mar, diversas ideologías y formas de ver una misma realidad. Pero no dejamos de tener fe y confiamos que el amor de tu Hijo lo puede todo. Haznos un solo pueblo bajo tu manto protector.

Los que hemos nacido fuera de la tierra cubana, no dejamos de llevarla por dentro. A pesar de nuestro  sufrimiento, seguimos firmes y esperando. 

La Caridad es mucho más que un nombre, es la razón por la cual tu Hijo dio su vida por nosotros y es el centro de su mensaje de salvación.  Que su preciosísima sangre se derrame sobre todos nosotros –los de aquí y los de allá– para que juntos nos purifiquemos y podamos seguir luchando por la libertad, la justicia y la verdad. 

Y en esta noche te prometemos, aquí ante tu altar en este exilio, que no dejaremos de luchar hasta que se rompan las cadenas que atan a nuestra querida tierra.

¡Virgen de la Caridad, Salva a Cuba!

 

Se vivieron momentos de intensa oración cuando entró la Virgen. El público estalló en aplausos cuando Monseñor Agustín Román, recientemente operado a corazón abierto, hizo su entrada con paso lento y visiblemente emocionado.
(Fotos: Dora Amador Morales)