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“Un exilio sin
esperanza no vale nada”

Monseñor Agustín Román comulga. La eucaristía de la Virgen de
la Caridad fue celebrada por el arzobispo John C. Favalora.
(Foto: Dora Amador Morales)
Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
MIAMI – Ni siquiera una operación de corazón abierto pudo alejar
al obispo de su Señora ni de su pueblo.
El 8 de septiembre,
a menos de un mes de la delicada cirugía, el obispo auxiliar de
Mia-mi, Monseñor Agustín Román, estuvo sentado en la primera fila
de la American Airlines Arena, participando en la 41ra.
celebración anual en el exilio de la fiesta de Nuestra Señora de
la Caridad, patrona de Cuba.
Su médico estaba sentado detrás de él, y su ausencia del altar fue
la admisión de que el amado obispo de 74 años de edad, todavía
estaba muy frágil para subir las escaleras.
Pero los más de 9,000 asistentes alabaron su presencia como un
milagro y un regalo de la Virgen. Aplaudieron repetidamente cuando
su nombre era mencionado o cuando su rostro aparecía en una de las
pantallas gigantes de la arena.
De hecho, el corazón de Monseñor Román puede estar débil, pero su
espíritu permanece fuerte, como lo evidenció con sus palabras al
finalizar la ceremonia, que este año coincidió con el centenario
de la independencia de Cuba.
“Gracias por sus oraciones”, expresó. “Me rompieron el boleto,
pero estoy alegre”.
El boleto al que hizo referencia era su partida hacia el cielo, la
cual todos los cristianos esperan.
Monseñor Román, siempre un gran evangelizador, recordó a quienes
se congregaron en la arena que “no podemos venir a este mundo como
turistas, simplemente contemplando, porque perderemos el boleto.
Cada uno de nosotros debe ser misionero”.
Exhortó también a los fieles a mantener la esperanza, “porque un
exilio sin esperanza no vale nada”.
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