Justicia y Paz es su nombre y su programa

Dagoberto Valdés
Con estas palabras el Papa Pablo VI diseñó el perfil y la vocación
del Consejo Pontificio Justicia y Paz, organismo de la Santa Sede
que fue creado por acuerdo del Concilio Vaticano II en el año de
1967.
Tres son los campos principales del Consejo Justicia y Paz:
Promoción de la Justicia:
“Busquen primero el Reino de Dios y su Justicia y todo lo demás se
les dará por añadidura”. Este mandato del Señor corresponde a cada
cristiano pero el Concilio ha querido que exista un organismo en
la Curia Romana y en cada iglesia local que se encargue de
promover la justicia en todos sus dimensiones, especialmente “la
justicia social, con los problemas específicos del mundo del
trabajo; la justicia internacional, con los problemas relativos al
desarrollo y su dimensión social. También anima la reflexión, bajo
el perfil ético, de la evolución de los sistemas económicos y
financieros, y examina la problemática unida a la cuestión
ambiental y al uso responsable en la administración de los bienes
de la Tierra”.
Búsqueda de la Paz
El Consejo Justicia y Paz y sus Comisiones en cada país y diócesis
del mundo debe animar la solución pacífica de los conflictos
sociales y políticos, debe actuar como mediadora en los diferendos,
debe denunciar la injusticia y la maldad de la guerra, promover al
desarme general y completo, debe desestimular y denunciar la
carrera de armamentos y al comercio de las armas, y todo lo que
lesione la convivencia pacífica tanto al interior de las naciones
“como en lo que concierne a la seguridad internacional y a la
violencia bajo sus diversos y cambiantes aspectos (terrorismo,
nacionalismo exacerbado, etc.). El Pontificio Consejo fija también
su atención en los sistemas políticos y en el compromiso de los
católicos en el campo político, tanto en lo que se refiere a la
política en sentido amplio como en la política partidista, sin
comprometerse, obviamente, en campos de partidarismos que no le
son propios.
El Consejo Justicia y Paz se encarga también de promover la
Jornada Mundial de la Paz que la Iglesia convoca cada día 1ro. de
enero y divulga el Mensaje que en esa ocasión envía el Santo Padre
tanto a los hijos de la Iglesia como a las autoridades políticas
del mundo entero. El primero de enero es también el Día de las
Comisiones Nacionales y Locales de Justicia y Paz.
Defensa de los Derechos Humanos
El Consejo Justicia y Paz ha recibido del Santo Padre el encargo
de promover en el mundo entero la educación, la defensa y la
divulgación de los derechos humanos, tal como los entiende la
Iglesia, y la denuncia de las violaciones de los mismos, creando
Consultorías, Vicarías de la Solidaridad, apoyando la labor de los
Defensores del Pueblo y otras iniciativa legales y sociales.
Conforman el Pontificio Consejo Justicia y Paz alrededor de 30
personas de los cinco continentes, entre ellos varios cardenales,
obispos, religiosas y laicos, presididos por un cardenal o
arzobispo. Todos son nombrados por el Santo Padre a título
personal por cinco años prorrogables a dos períodos. Este Consejo
trabaja por consultas a distancia y tiene periódicamente sus
asambleas plenarias en Roma.
Desde 1998, Cuba tiene en ese Pontificio Consejo a un laico como
miembro pleno.
Tengo que decir que he tenido el honor y la dicha de ver de cerca
y sentir la profunda preocupación e interés del Santo Padre y del
Pontificio Consejo por cada uno de los problemas de injusticias en
el mundo y su deseo ardiente de construir la civilización del amor
y de la paz. La situación de Cuba, sus anhelos y esperanzas, han
encontrado en este organismo y en el corazón del Papa una
solicitud muy cordial y perseverante.
Doy gracias a Dios por la sabiduría inagotable y el cariño hacia
Cuba del Cardenal Roger Etchegaray, primer Presidente de Justicia
y Paz que conocí y que vino en 1994 a anunciar en Cuba la creación
de la Comisión Nacional de Justicia y Paz. Guardo el más vivo
recuerdo, admiración y gratitud hacia el cardenal Nguyen Van Thuan,
recientemente fallecido, intrépido testigo de la fe y de la
esperanza, que estuvo durante 13 años en las cárceles comunistas
de Viet Nam y que desde allí aprendió a amar a sus enemigos y a
dar fe de que el amor todo lo espera y lo puede.
Ahora comienza su misión al frente de este dicasterio el Arzobispo
Renato Martino, hasta ahora Observador Permanente (Embajador) de
la Santa Sede en la ONU.
Roguemos al Dios de Justicia y de Paz para que este servicio de la
Iglesia al mundo de hoy pueda realizarse con entrega generosa de
sus miembros y con la audacia apostólica y la serenidad que
requiere trabajar por la justicia, la paz y los derechos humanos
en las complejas circunstancias en las que vivimos.
Recordando el elogio y la promesa de Jesús: “Bienaventurados los
que trabajan por la paz porque ellos serán llamados hijos de Dios”
(Mt. 5,3-12).
Dagoberto Valdés Hernández es miembro del Pontificio Consejo
Justicia y Paz y director de la Revista Vitral (www.vitral.org).
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