Hace algunas semanas, la lectura del
Evangelio versó sobre el perdón.
Los discípulos le preguntaron a
Jesús en cuántas ocasiones debían perdonar al prójimo. Pensando que eran
generosos, le preguntaron: “¿Bastaría con siete veces?”
A lo que Jesús replicó, “no siete
veces, sino setenta veces siete”. En esencia, les dijo que el perdón
debía ser infinito.
Quizás esta sea una de las
enseñanzas más difíciles de la Cristiandad. La naturaleza humana gravita
en torno a la venganza.
Tendemos a desear que las demás
personas paguen por el mal que han causado.
Ese es, asimismo, el objetivo de la
justicia.
Esos que causan daño a los demás,
esos que violan las leyes de la sociedad, deben ser castigados.
La Iglesia siempre ha reconocido que,
en el mantenimiento del orden civil, el Estado debe tener la habilidad
de castigar al que transgreda sus leyes. A lo largo de los siglos, tal
circunstancia ha incluido el derecho a imponer la pena máxima: la muerte.
No podemos ignorar las palabras de
Jesús, “los caminos del Señor no son los caminos del hombre”. Dios es
justo; pero también es misericordioso. Y nosotros debemos esforzarnos
por ser semejantes a Dios.
Esta es la razón del porqué la
Iglesia actual, guiada por el Papa Juan Pablo II, ha comenzado a
reexaminar sus enseñanzas sobre la pena capital. En resumen, debemos
llegar a la conclusión de que tomar vida por vida no sólo no es del
agrado de Dios, sino también innecesario en la mayoría de los casos. La
justicia puede ser igualmente ejercida a través de la prisión de por
vida sin la posibilidad de obtener la libertad bajo palabra.
Para muchas personas resulta difícil
comprender tal cambio en las enseñanzas de la Iglesia. Esa es la razón
por la cual la Conferencia de Obispos Católicos de la Florida ha
producido un vídeo de 13 minutos de duración que pone de manifiesto la
posición de la Iglesia acerca de la pena de muerte.
Este vídeo, que ha sido producido
por nuestro Centro Televisivo de la Arquidiócesis, incluye entrevistas
con los miembros de las familias de víctimas de asesinato quienes, sin
tomar en consideración su terrible dolor, se hacen eco de las palabras
de Jesús sobre el perdón.
Nadie más, a mi entender, está mejor
calificado para ser oído acerca de este punto.
En cuanto al argumento de que la
pena de muerte sirve como elemento disuasorio para el crimen, el hecho
es que la mayoría de los asesinatos son actos de pasión o de ira,
carentes de predeterminación. La mayor parte de los asesinos conoce a
sus víctimas, incluso de manera íntima, como amigos, allegados, amantes
o compañeros de trabajo.
Es difícil de argumentar, entonces,
que la posibilidad de ser puestos de camino a la muerte los pudiera
disuadir de blandir un cuchillo o de disparar un arma llenos de cólera.
Vivimos en una sociedad sumamente
violenta.
Pero, tal como lo demuestra la
situación en el Medio Oriente, la violencia sólo engendra violencia.
Entendida con propiedad, la
admonición bíblica de “ojo por ojo y diente por diente” más que un
mandamiento, es un llamado a la lucha, una advertencia contra el castigo
excesivo y la venganza indiscriminada.
Jesús fue más allá. Nos dijo que
debíamos perdonar a los demás, así como nuestro Padre Celestial nos
perdonaba a nosotros, una y otra vez. No porque merezcamos el perdón,
sino porque Dios opta por ser misericordioso.
En el curso de este Mes de Respeto a
la Vida, pienso que sería apropiado para los católicos en el Sur de la
Florida ver este vídeo sobre la pena de muerte, usarlo como un
instrumento de discusión en reuniones o encuentros de grupo, así como en
las instituciones de enseñanza superior y media durante las clases de
religión.
El vídeo nos ayudará a recordar que
la vida, en su totalidad, es sagrada; que al mostrar compasión, al
ejercer la justicia podemos, sin lugar a dudas, imitar los caminos de
Dios y revelarle su rostro al mundo de una manera más devota.
Para obtener
una copia del vídeo, contacte su parroquia o llame a la Oficina de
Comunicaciones de la Arquidiócesis de Miami al (305) 762-1045.