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A M E R I C A L A T I N A
VENEZUELA
“Entendámonos para sobrevivir”, piden obispos con urgencia
En todas las iglesias de Venezuela se leyó el domingo 20 de
octubre un mensaje de la Conferencia Episcopal del país titulado
Entendámonos para sobrevivir en el que resuena un “clamor
estremecedor” para superar el clima de crispación.
“En los actuales momentos comprobamos que la situación se ha
agravado dramáticamente. Tenemos un país más fracturado, herido
por confrontaciones y con un manifiesto deterioro institucional;
una población angustiada y golpeada por la pobreza y el desempleo,
una convivencia amenazada por el enfrentamiento armado”, constatan
los obispos.
“¿Qué debemos hacer para superar positivamente la crisis nacional?”,
preguntan los obispos.
“Ante todo –responden–, es preciso dar un rotundo no a la
violencia, al odio, a las exasperaciones ideológicas, a la mentira,
a la intolerancia, a la mutua exclusión, al empobrecimiento
material y moral, a la muerte; la violencia ni convence ni vence.
”Y, de la misma manera –añaden–, proclamar un sí decidido a la
vida, al reconocimiento del otro, al encuentro, a la vigencia
plena del estado de derecho y a la autonomía de las instituciones;
a la verdad y la libertad, a la justicia y la solidaridad, a la
reconciliación y la fraternidad”.
En medio del debate entre quienes defienden la permanencia del
presidente Hugo Chávez y quienes piden una consulta electoral
inmediata, los obispos reafirman “el imperativo de evitar toda
violencia, con sus fatales consecuencias y de dar pasos positivos
hacia entendimientos y acuerdos que permitan la convivencia y
superen la ingobernabilidad”.
”Al mismo tiempo, hay que recordar que es un derecho opinar,
asociarse y manifestar libremente”, recuerdan. “Corresponde al
Gobierno y a los cuerpos encargados del resguardo de la seguridad
pública y del mantenimiento del orden, al igual que a la Fuerza
Armada, la ineludible y urgente tarea de garantizar dichos
derechos en el marco de la paz”.
”Esto supone –aseguran–, entre otras cosas, magnanimidad,
responsabilidad y creatividad, postergando intereses o posiciones,
aún legítimos, en aras del bien de todos, especialmente de los más
pobres”.
Al presentar el documento, el presidente de la Conferencia
Episcopal, monseñor Baltazar Porras, arzobispo de Mérida, destacó
que “toda democracia está en peligro cuando el pueblo no se puede
expresar sin miedo y sin que aparezcan estos brotes de violencia”.
Monseñor Porras denunció amenazas y agresiones contra la Iglesia y
sus instituciones.
ARGENTINA
Laicos llamados a abrir horizontes en la vida pública sin miedo
Los laicos de Buenos Aires recibieron una invitación a “trabajar
en la calle, sin miedo a ensuciarse las manos”, que es sinónimo de
dignidad. Lo malo “es ensuciarse el corazón con la corrupción”.
Así se expresó en arzobispo de Buenos Aires y primado de
Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio, en el marco del II
Encuentro Arquidiocesano de Laicos celebrado en la Universidad
Católica de Argentina bajo el lema La Nación que queremos, se
informó.
Durante la reunión, organizada por el Departamento de Movimientos
Eclesiales, Asociaciones, Nuevas Comunidades y Apostolado Laico,
el purpurado insistió en la necesidad de que los laicos salgan a
la calle, se inserten en el tejido social y trabajen codo a codo
con los demás, “que tal vez no piensen como nosotros, pero que sí
dialogan con nosotros”.
“El que sale a la calle corre peligro de accidentarse. Pero una
Iglesia con un laicado de sacristía, es una Iglesia enferma.
Prefiero una Iglesia accidentada y no enferma”, afirmó el
arzobispo de Buenos Aires.
En opinión del prelado, aunque la política esté desacreditada, hay
que reivindicarla para que deje de ser un foco de reunión de los
que hablan, pero no actúan. Ante ello hay que poner en práctica
“la idea de política que nos pide el bautismo. Nosotros, metidos
en la trama política de la sociedad, tenemos que abrir horizontes”,
para evitar que todo termine “en la disolución del tejido social”.
Buenos Aires, calificada por el cardenal Bergoglio como una
verdadera “fábrica de pobres”, es actualmente una ciudad en la que
se hace cada vez más patente el hambre, y es cada vez mayor la
cantidad de “jóvenes sin horizontes a los que les queda la
alineación bajo algún tipo de adicción o el delito” y de “ancianos
abandonados”.
COLOMBIA
Asesinados dos sacerdotes en menos de 12 horas
Juan Pablo II envió dos mensajes para manifestar su dolor por el
asesinato de dos sacerdotes colombianos acaecido el 17 de octubre
en un lapso de 12 horas el uno del otro.
Las víctimas son monseñor Gabriel Arias Posada, vicario de la
diócesis de Armenia, y el padre José Luis Cárdenas, párroco de
Chalán (Sucre).
El primer asesinato tuvo lugar en el municipio sucreño Chalán,
donde el padre Cárdenas Hernández fue asesinado por varios hombres
armados en la puerta de su casa. Fuentes de la Policía de Sucre
han atribuido el asesinato a las Fuerzas Arma- das
Revolucionarias de Colombia (FARC).
Sin embargo, un portavoz de esa agrupación guerrillera declaró a
la prensa colombiana que no son los autores del asesinato y que
iniciarán una investigación para saber quiénes son los
responsables del crimen.
En un telegrama enviado por el cardenal Angelo Sodano, secretario
de Estado, al obispo de Sincelejo, monseñor Nel Hedye Beltrán
Santamaría, Juan Pablo hace llegar “su sentido pésame” y condena
la violencia “siempre reprochable, que tan insistentemente azota
la región”.
El cuerpo de monseñor Gabriel Arias Posada (65 años de edad) fue
encontrado muerto el miércoles en el municipio caldense de Anserma,
a donde había llegado para realizar una misión de paz.
REPUBLICA DOMINICANA
La Declaración de Santo Domingo
La familia en el continente americano está atacada tanto por leyes
que violan el derecho fundamental a la vida o el carácter único
del matrimonio como por la “dictadura del mercado”, afirma una
declaración de obispos del continente y de representantes de la
Santa Sede.
La Declaración de Santo Domingo, como ha sido bautizada, publicada
el 9 de octubre por la Sala de Prensa de la Santa Sede, es el
documento conclusivo de una reunión de los presidentes de las
Conferencias Episcopales de América celebrada en la República
Dominicana del 1 al 5 de septiembre para tratar el tema “Situación
y perspectivas de la familia y la vida en América”.
La declaración, que se dirige de manera particular a los políticos
y responsables de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial de
los países americanos, comienza denunciando “una fuerte presión
ideológica”.
“Se diría que hay el propósito de desmontar pieza por pieza el
edificio de la familia fundamentada sobre el matrimonio”, afirma.
En este sentido, los obispos y cardenales confiesan: “Nos aflige
profundamente la pretensión de dar un reconocimiento legal, con
los efectos jurídicos que la tradición de los pueblos sólo
reconocía al matrimonio, un bien eminentemente público, a las
llamadas ‘uniones de hecho’, en sus diversas versiones y etapas”.
“Es aún mayor nuestra inquietud cuando tal pretensión se refiere a
personas del mismo sexo… reconocer este otro tipo de uniones y
equipararlas a la familia es discriminarla y atentar contra ella”,
explica la declaración conclusiva de Santo Domingo que fue
convocada por el Consejo Pontificio para la Familia, la Comisión
Pontificia para América Latina y el Consejo Episcopal
Latinoamericano (CELAM).
El texto afronta el debate que plantea la bioética en cuestiones
como la ingeniería genética, la clonación, la fecundación asistida
y la eutanasia, y afirma “la sacralidad de la persona humana desde
la concepción hasta la muerte natural”.
“La ciencia no puede erigirse en exclusivo criterio al margen de
los principios éticos, pues comprometería a la persona y a la
sociedad”, afirman los prelados.
“Nos impresiona que mientras se proclaman, con legítima
insistencia los derechos humanos fundamentales, y sin duda que el
primero es el derecho a la vida (cf. art. 3 de la Declaración
universal de derechos del hombre), se difunde cada vez más el
crimen abominable del aborto”, añaden denunciando “la conversión
del delito en derecho”.
La tercera gran amenaza que experimentan hoy las familias en
América, según la declaración, es la “extrema pobreza”.
“Compartimos el sufrimiento de tantas familias que experimentan la
necesidad de emigrar por la falta de oportunidades de trabajo en
muchas regiones”, reconocen los prelados.
“No es verdad que el incremento de seres humanos sea la causa de
la pobreza y la miseria –afirman los obispos y cardenales–.
Sabemos que ellas son producto de la injusticia reinante. Esta es
la que produce mayor enriquecimiento de los ricos y más
empobrecimiento de los pobres. Nunca antes hubo mayor contraste
entre riqueza y pobreza”.
– Aica, Zenit, Fides, CNS
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