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Inmigrantes piden legalización

Patricia Zapor
Catholic News Service

WASHINGTON (CNS) — Al grito de “Sí se puede,” se escuchaba el eco desde el Centro de Washington el 9 de octubre, mientras miles de inmigrantes se unieron en manifestación pidiendo la residencia legal.

Oradores entre los que se encontraban el presidente del sindicato más grande de la nación, el líder de las minorías de la Casa de Representantes y el director del Comité de Migración de la Conferencia de Obispos de los EU, fueron recibidos con entusiasmo por gente de todas partes de la nación que llegaron a la capital a entregar un millón de tarjetas postales en las que se pide la legalización del estado de inmigrantes ilegales.

“Desde la perspectiva de las enseñanzas de la Iglesia, la legalización es asunto de justicia,” dijo el obispo auxiliar de Miami, Thomas G. Wenski, director del Comité de Migración de los Obispos. “Como pastores, damos testimonio de las consecuencias morales y espirituales de un sistema que condena abiertamente la presencia de personas sin documentos y al mismo tiempo se beneficia con su trabajo”.

Dirigiendo la palabra al grupo alternadamente en inglés, español, creole haitiano y polaco, el obispo Wenski dijo que la nación no debe “consentir un sistema que crea una clase permanentemente baja de personas, de quien se espera que laven nuestra ropa, recojan nuestra comida en los campos, limpien nuestra casa, cuiden a nuestros hijos y embellezcan nuestros jardines, pero que no pueden esperar gozar en pleno el fruto de su trabajo debido a su estado no legal”.

“No debemos permitir que la situación actual continúe así”, dijo el obispo Wenski. “Los inmigrantes llegan a nuestra nación buscando la sobrevivencia y, una vez aquí, trabajan afanosamente por escasos jornales para poder sostener a su familia. Mientras contribuyen con sus impuestos a las arcas de la nación e industrias para nuestras comunidades, no están protegidos bajo las leyes laborales y se colocan al alcance de la explotación”.

Trabajadores agrícolas, empleados de hotel, manufactureros de ropa y choferes de taxi se contaban entre los grupos representados en la multitud organizados por iglesias, sindicatos y organizaciones tales como la Asociación Polaca Americana y la Cámara de Comercio Guatemalteca. Representantes de varias arquidiócesis también participaron.