La
gira que dejó a una princesa maravillada de Miami
La diversidad cultural impresiona a la visitante de Europa

La princesa Nora de Liechtenstein le hizo entrega de la Medalla
por Servicios Distinguidos en Pro de los Refugiados al Arzobispo
Emérito de Miami, Monseñor Edward McCarthy.
(Fotos: Ana Rodríguez-Soto/TFC)
Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
MIAMI – Fue recibida con los honores que se le dispensan a un
arzobispo y quedó fascinada por el esplendor multicultural de
Miami.
A los largo de 48 horas de vertiginosa gira por Miami, Su Alteza
Serenísima, la princesa Nora de Liechtenstein, viajó desde las
calles del Pequeño Haití hasta los campos para inmigrantes de
Homestead. En la minúscula rectoría de la Misión de Santa Ana,
degustó el café cubano en compañía de parroquianos mexicanos y de
voluntarios cubanos procedentes de la parroquia de la Epifanía, en
South Miami.
Unos momentos antes, en el exterior, abrazó y saludó a las
mujeres y los niños que habían estado aguardando por ella bajo el
ardiente sol y que llevaban los paquetes de víveres que todos los
meses recogen en la cocina de la misión.
El día anterior, la princesa Nora recorrió la escuela Santa María
de la Catedral y ofreció una merienda a beneficio de ese fondo de
becas. Sonrió en un aula casi totalmente compuesta por alumnos
haitianos de segundo grado que recitaban su abecedario y, más
tarde, quedó maravillada ante los inflamados ensayos en los que
los alumnos de los grados superiores de Santa María, Angélica
Gateau y Serge Fleurimond, exaltaban las ventajas de una
educación católica.
A lo largo de una conmovedora e interminable procesión de manos en
la Catedral de Santa María, al término de “una tarde de música y
de oraciones”, saludó a los haitianos en francés y a los mexicanos
en castellano, para luego posar para las incontables fotografías
con los miembros del coro de las tres escuelas católicas
participantes.
“Estos dos días que he vivido aquí se convertirán en algo muy
especial en mi vida”, le expresó la princesa a los benefactores de
la escuela de la Catedral de Santa María durante la merienda. “He
visto personas que en realidad trabajan para el bien y que
realmente hacen cosas maravillosas.
”Dicho sea de paso, me gustaría que mi hija, de nueve años de edad,
viniera y viera esto”, abundó acerca de su visita matinal a la
escuela del Pequeño Haití.
“Lo que aquí sucede es una verdadera preparación de los niños para
la vida, especialmente en lo referido a la educación espiritual”.
La princesa Nora, que vive en España, es la hermana del príncipe
regente de Liechtenstein. Fue recibida aquí por la Fundación James
J. Norris, una organización internacional de auxilio dedicada a
mitigar los sufrimientos de inmigrantes, refugiados y de personas
desubicadas.
Ella es la patrona de la fundación que, este año, le concedió la
Medalla por Servicios Distinguidos en Pro de los Refugiados al
Arzobispo Emérito de Miami, Monseñor Edward McCarthy.
Uno de los que se dirigió al público durante la tarde de canciones
y de oraciones fue Raúl Hernández, cubano exiliado y director de
la estadounidense Oficina Episcopal de Servicios a Inmigrantes y
Refugiados en Miami. Recordó las mútiples ocasiones durante las
décadas de los años 80 y 90, cuando el arzobispo McCarthy se había
manifestado a favor de la liberación de los refugiados cubanos y
haitianos recluidos en el Centro de detención de la avenida Krome.
La Fundación Norris, creada por el homónimo hijo y residente de
Miami Beach, Stephen Norris, está planificando establecer un
servicio a tiempo completo de medios para los inmigrantes en los
terrenos situados detrás de la Misión de Santa Ana.
Los medios trabajarían conjuntamente con las agencias e iglesias
de la arquidiócesis para prever cualesquiera de los servicios que
necesitan los inmigrantes, desde el ciudado médico y dental hasta
la representación legal.
En el primer día de su visita, el obispo auxiliar Thomas Wensky, a
su vez, condujo a la princesa Nora a un recorrido por las oficinas
de Catholic Charities Legal Services y del Centro Católico
Haitiano Pierre Toussaint en Miami.
“Debo decir que no esperaba encontrar a tantos haitianos”, le
confesó a The Florida Catholic. “De lo que uno se entera es que
allá (en Miami) hay cubanos y mexicanos. Eso es lo que todo el
mundo sabe. Pero lo de los haitianos es algo menos conocido. Creo
que esta fue una de las mayores sorpresas que recibí”.
En realidad, lo que la princesa Nora advirtió durante su breve
visita fue lo que el rector de la catedral, padre Terence Hogan,
predicó durante la misa, celebrada temprano en la mañana en la
capilla de la Catedral de Santa María, durante el primer día de su
estancia.
“La belleza de esta área es semejante a los vitrales en un
ventanal”, le expresó a ella, “tienen muchos, muchos colores, y
todos brillan”.

En la Misión Santa Ana con los inmigrantes latinoamericanos.

Su Alteza saluda a los niños haitianos del coro de la escuela de
la Catedral de Santa María.
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