Venezolanos unidos en un solo corazón
Isabel Cristina Calcaño
Especial/La Voz Católica
La cita es a las 7 pm. El traje, típico, de ser posible. El motivo,
la celebración de la fe y la hermandad de los pueblos hispanos
que conviven en Miami y que se dan cita en la Ermita de la Caridad
a lo largo del mes de octubre para honrar a su Patrona y a su país.
Cada noche del Mes de la Hispanidad, un pueblo latinoamericano
distinto celebra su cultura y comparte la Eucaristía en honor a
su nación.
“Cuando yo empecé aquí, veía al país que le tocaba y aunque en
ocasiones había un grupo relativamente grande, algunas veces había
muy pocas personas”, dice Elvira de los Ríos que, con la ayuda de
su esposo Enrique, ha coordinado las actividades de la Ermita para
el Mes de la Hispanidad desde hace siete años. Tras un gran
esfuerzo de su parte al visitar personalmente a los cónsules y
vicecónsules de los distintos países, e invitarlos a participar en
el evento, de los Ríos ha visto con orgullo y entusiasmo cómo han
crecido y diversificado los grupos.
“Yo creo que cada vez hay una conciencia mayor del mosaico
espiritual y la riqueza tan grande que significa que los hispanos
podamos compartir nuestras tradiciones”, dice el padre Oscar
Castañeda, quien oficia varias de las misas del evento. “Esto se
siente mucho durante el mes de octubre... ¡Qué riqueza es ser
parte de este mosaico!”
A veces, dice el padre Castañeda, se hace necesario centrar las
oraciones de todos en un pueblo más que en otro debido a la
situación que esté atravesando. Este año, las plegarias de muchos
han estado con Venezuela, donde la realidad política es tan
terrible que asusta.
“De las peregrinaciones que ha habido este año, lo más cercano a
Venezuela es Colombia, y no sólo geográficamente, sino por la
situación tan grave que vive”. Agrega el padre que la
peregrinación de Venezuela de este año resultó muy significativa.
“Esa fue una noche de milagro, porque estaban presentes oficiales
del consulado, el cónsul y su esposa y otros venezolanos que, por
razones políticas, están en Miami hace años”, dijo. “Antes de la
misa, por ejemplo, se me acercaron dos de estos venezolanos casi
llorando y dijeron que no soportaban la presencia del cónsul. Para
ponerlo en forma sencilla: teníamos en la Ermita chavistas y no
chavistas. Algunos estábamos asustados”, comenta el sacerdote.
“No podíamos referirnos a Venezuela como Venezuela. Si lo hacíamos,
teníamos que decir República Bolivariana de Venezuela. Lo
resolvimos evitando nombrar al país y refiriéndonos todo el tiempo
al pueblo venezolano”, explicó el padre Castañeda. Fue así como,
en lo posible, limaron asperezas entre los dos bandos, que según
él podrán ser el resultado de la politización del pueblo, pero no
de la Iglesia ni de la fe, y “lo que ayuda a sanar esa
politización es precisamente la fe”, afirma.
La misa del día 14 dedicada a Venezuela, ciertamente comenzó con
las tensiones antes mencionadas entre los que apoyan al presidente
Chávez y los que no. Para cuando terminó la noche, sin embargo,
todo parecía haber cambiado. Según cuenta el padre Castañeda,
“todos nos sentimos hijos de Nuestra Señora de Coromoto; la
oración hizo que durante la misa, y especialmente después del
ofertorio, todos cantaran, todos rezaran juntos”.
La música de esa noche estuvo a cargo del Trío Manantial.
“Al finalizar la misa, yo pedí que volvieran a cantar la canción
dedicada a la patrona de Venezuela”, dice el padre Castañeda. “Fui
y me arrodillé frente a la Virgen de Coromoto, y todos estaban
verdaderamente emocionados. Nadie era ni chavista ni no chavista,
todos eran venezolanos. Ese día, el Espíritu Santo actuó”.
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