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Los Misterios Luminosos
de la vida pública de Jesús

El Papa presenta “Rosarium Virginis Mariae”
y el Año del Rosario

Intervención de Juan Pablo II en la audiencia del 16 de octubre, en la que celebró el 24to. aniversario de su elección como obispo de Roma presentando la carta apostólica dedicada a la oración del Rosario y proclamó el “Año del Rosario”

Queridos hermanos y hermanas:

Durante mi reciente viaje a Polonia, me dirigí a la Virgen con estas palabras: “Madre santísima […], obtén también para mí las fuerzas del cuerpo y del espíritu, para que pueda cumplir hasta el fin la misión que me ha encomendado el Resucitado. En ti pongo todos los frutos de mi vida y de mi ministerio; a ti encomiendo el destino de la Iglesia […]; en ti confío y te declaro una vez más: Totus tuus, Maria! Totus tuus. Amén”. Hoy repito estas mismas palabras, dando gracias a Dios por los 24 años de mi servicio a la Iglesia en la Sede de Pedro. En este día particular, pongo nuevamente en las manos de la Madre de Dios la vida de la Iglesia y la vida tan convulsionada de la humanidad. A ella le confío también mi futuro. Pongo todo en sus manos para que con amor de madre lo presente a su Hijo “para alabanza de su gloria” (Efesios 1, 12).

El centro de nuestra fe es Cristo, Redentor del hombre. María no le ofusca, ni ofusca su obra de salvación. Tras la asunción en cuerpo y alma al cielo, la Virgen, quien fue la primera en experimentar los frutos de la pasión y de la resurrección de su propio hijo, nos conduce de la manera más segura a Cristo, fin último de nuestro obrar y de toda nuestra existencia. Por este motivo, dirigiendo a toda la Iglesia, en la carta apostólica Novo millennio ineunte, la exhortación de Cristo a “remar mar adentro”, añadía que “nos acompaña en este camino la Santísima Virgen, a la que […], junto con muchos obispos […], he confiado el tercer milenio” . E invitando a los creyentes a contemplar sin cesar el rostro de Cristo, deseé profundamente que en esta contemplación María, su Madre, sea maestra para todos.

Hoy quiero expresar este deseo con mayor claridad a través de dos gestos simbólicos. La firma de la  carta apostólica Rosarium Virginis Mariae. Además, junto a este documento, dedicado a la oración del Rosario, proclamo el año que va desde octubre de 2002 a octubre de 2003 “Año del Rosario”. No lo hago sólo porque este año es el vigesimoquinto de mi pontificado, sino también porque se celebran los 120 años del aniversario de la encíclica Supremi apostolatus officio, con la que el 1 de septiembre de 1883 mi predecesor, el Papa León XIII, comenzó la publicación de una serie de documentos dedicados al Rosario. Además hay otro motivo: en la historia de los grandes Jubileos existía la buena costumbre de que, después del año jubilar dedicado a Cristo y a la obra de la Redención, fuera proclamado uno en honor de María, como queriendo implorar de ella la ayuda para hacer fructificar las gracias recibidas.

¿Hay acaso un medio más adecuado que el Rosario para la exigente pero extraordinariamente rica tarea de contemplar el rostro de Cristo con María? Para ello tenemos que redescubrir la profundidad mística encerrada en la sencillez de esta oración, tan querida por la tradición popular. Esta oración mariana, en su estructura es de hecho sobre todo meditación de los misterios de la vida y de la obra de Cristo. Al repetir la invocación del “Avemaría”, podemos profundizar en los acontecimientos esenciales de la misión del Hijo de Dios sobre la tierra, que nos han sido transmitidos por el Evangelio y por la Tradición. Para que esta síntesis del Evangelio sea más completa y ofrezca una mayor inspiración, en la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae he propuesto añadir otros cinco misterios a los que actualmente se contemplan en el Rosario, y los he llamado “misterios de la luz”. Comprenden la vida pública del Salvador, desde el Bautismo en el Jordán hasta el inicio de la Pasión. Esta sugerencia tiene el objetivo de ampliar el horizonte del Rosario para que quien lo recita pueda penetrar –con devoción y no mecánicamente– todavía más en el contenido de la Buena Nueva y conformar siempre más su propia existencia con la de Cristo.

Os doy las gracias a los que estáis aquí presentes y a los que en este día tan particular se han unido conmigo espiritualmente. Gracias por la benevolencia y en especial por asegurar vuestro constante apoyo con la oración. Confío este documento sobre el santo Rosario a los pastores y a los fieles de todo el mundo. El Año del Santo Rosario que viviremos juntos producirá ciertamente benéficos frutos en el corazón de todos, renovará e intensificará la acción de la gracia del gran Jubileo del Año 2000 y se convertirá en manantial de paz para el mundo.

Os confío este documento que producirá frutos de amor y paz. ¡Que María, Reina del Santo Rosario, os guíe a la plenitud de la unión con su Hijo Jesucristo! Gracias.

-ZENIT

Los Misterios Luminosos de la vida pública de Jesús

1. El Bautismo en el Jordán.

2. La autorrevelación de Jesús en las bodas de Caná.

3. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.

4. La Transfiguración.

5. La institución de la Eucaristía.

Comentarios de Su Santidad sobre el Misterio que contempla el cristiano en cada uno de estos pasajes de la vida pública de Jesús:

“Misterio de luz es ante todo el Bautismo en el Jordán. En él, mientras Cristo, como inocente que se hace ‘pecado’ por nosotros (2 Co 5, 21), entra en el agua del río, el cielo se abre y la voz del Padre lo proclama Hijo predilecto (Mt 3, 17 par.), y el Espíritu desciende sobre Él para investirlo de la misión que le espera.

”Misterio de luz –añade la carta– es el comienzo de los signos en Caná (Jn 2, 1-12), cuando Cristo, transformando el agua en vino, abre el corazón de los discípulos a la fe gracias a la intervención de María, la primera creyente”.

”Misterio de luz es la predicación con la cual   Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión (Mc 1, 15), perdonando los pecados de quien se acerca a El con humilde fe (Mc 2. 3-13; Lc 47-48), iniciando así el ministerio de misericordia que El continuará ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación confiado a la Iglesia”, sigue aclarando.

”Misterio de luz por excelencia es la Transfiguración –subraya al explicar el cuarto misterio añadido–, que según la tradición tuvo lugar en el Monte Tabor. La gloria de la Divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles extasiados para que lo ‘escuchen’.

”Misterio de luz es, por fin, la institución de la Eucaristía, en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad ‘hasta el extremo’ (Jn13, 1) y por cuya salvación se ofrecerá en sacrificio”.

El Papa sugiere –respetando la libertad del creyente en este campo–  que los cristianos recen a partir de ahora:

Los Misterios Gozosos: lunes y sábado

Los Misterios Dolorosos: martes y viernes

Los Misterios Gloriosos: miércoles y domingo

Los Misterios Luminosos: jueves