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Miami abrió sus brazos al arzobispo de San Juan

Monseñor Roberto González Nieves (a
la derecha), departió con boricuas de Miami tras la misa de la
Providencia el 17 de noviembre en St. Catherine of Siena. (Fotos:
Brenda Tirado Torres)
Brenda Tirado Torres
La Voz Católica
“¡Ay, bendito, si esto es como estar allá!”
Así decía Margarita Román tratando de aguantar las lágrimas
mientras veía pasar al arzobispo de San Juan, Monseñor Roberto
González Nieves, en la procesión que dio inicio a la misa
puertorriqueña celebrada el 17 de noviembre en la iglesia Saint
Catherine of Siena. Después de un año de invitaciones y
perseverancia por parte de la comunidad puertorriqueña de dicha
parroquia, los boricuas del sur de la Florida al fin tuvieron a su
arzobispo entre ellos.
“¡Ay, si hasta la musiquita me da emoción!”, explicó Román
mientras intentaba seguir el cántico de entrada que el ministerio
de la parroquia Saint John Neumann interpretaba acompañado por
cuatro, guitarra y güiro. Al ritmo de la plena puertorriqueña el
coro le cantaba a su patrona, Nuestra Señora de la Divina
Providencia, describiéndola tan boricua como el verde de los
campos de la Isla y el canto del coquí, una diminuta rana cuyo
sonido es la onomatopeya de su nombre.
Acompañando a Monseñor González Nieves en la celebración
eucarística estuvo el arzobispo de Miami, Monseñor John C.
Favalora, quien dirigió unas breves palabras a los presentes.
“A mis hermanos y hermanas puertorriqueños les saludo de corazón,
y les invito a que, junto con su patrona, mantengan la fe en el
lugar que merece como laicos comprometidos, al seguir el ejemplo
del beato Carlos Manuel Rodríguez”, dijo.
Concelebró además el obispo auxiliar de Miami, Monseñor Agustín
Román. Su presencia, en su primera visita a la parroquia tras
someterse a una delicadísima operación del corazón hace unos meses,
fue recibida con gestos de admiración y cariño, particularmente
por Monseñor González Nieves.
“Me ha conmovido poder concelebrar esta misa con Monseñor Román”,
expresó el arzobispo puertorriqueño, arrancando aplausos de los
presentes. “Es muy especial verle aquí después de su operación”.
Al escuchar los acordes jíbaros del “Señor, ten piedad” y la
interpretación del Gloria en ritmo de aguinaldo, Monseñor González
Nieves echó una mirada al ministerio de música, sonrió y asintió
en gesto de aprobación.
En su homilía, el arzobispo puertorriqueño destacó la importancia
de la fiesta de la Divina Providencia y la celebración del
descubrimiento de Puerto Rico, acontecimientos que marcan la misma
fecha.
“Un 19 de noviembre se descubrió a Puerto Rico y ese mismo día
Puerto Rico descubrió a María”, dijo el arzobispo al recordar la
llegada de Cristóbal Colón a la Isla y, con ella, la
evangelización. Puerto Rico es la única nación en el mundo que
venera a la Virgen bajo la advocación de Madre de la Divina
Providencia.
La devoción llegó a la Isla el 2 de enero de 1853 cuando el obispo
Gil Esteve y Tomás entronizó la imagen en la Catedral de San Juan.
El 19 de noviembre de 1969 el Papa Pablo VI la declaró patrona
principal del país.
La oficina para el Sur de la Florida de la Administración para
Asuntos Federales de Puerto Rico (PRFAA, por sus siglas en inglés)
estima que desde el condado Monroe hasta los condados Collier y
Palm Beach residen unos 164,000 boricuas.
La Arquidiócesis de Miami cubre tres condados: Monroe, Miami-Dade
y Broward. Este último cuenta con mayor número de puertorriqueños,
pero los de Miami-Dade se adelantaron a celebrar por todo lo alto
sus costumbres religiosas católicas.
“Ustedes, como comunidad puertorriqueña de Miami, han traído aquí
esa misma devoción mariana que nos distingue. Ustedes, como buenos
misioneros, la han sabido compartir con sus familias, con sus
vecinos, con sus amigos. Debemos procurar que ese amor a María se
multiplique como los talentos de los que nos habla el Evangelio”,
dijo González Nieves.
Un sencillo agasajo al finalizar la misa fue ofrecido por el padre
Juan Sosa, párroco de Saint Catherine of Siena, y el grupo de
puertorriqueños de la parroquia. Allí el arzobispo de San Juan,
laicos, sacerdotes y seminaristas, en su mayoría puertorriqueños,
compartieron una cena típica al estilo de Puerto Rico. A la voz de
Julio Torres, médico católico puertorriqueño que también se dedica
a evangelizar con la música, se unieron las voces de los
asistentes al escuchar las primeras notas de “En mi Viejo San
Juan”.
“Me voy, ya me voy, pero un día volveré”, cantaban, muchos con
lágrimas en los ojos. Minutos más tarde, la melancolía se
transformó en alegre celebración cuando el mismo arzobispo de San
Juan se unió a los presentes para aplaudir y bailar al son de la
música de su país.
“Monseñor González Nieves ha sido un mensajero de paz. Todos los
esfuerzos para lograr su visita valieron la pena. Nos ha motivado
a reafirmar nuestra identidad como católicos, como hijos de María,
como hijos de Borinquen”, expresó Maggie Marrero-Neville,
organizadora de la celebración. “Este acontecimiento sella con
broche de oro nuestro compromiso con la Iglesia como católicos
puertorriqueños”.

Dos adolescentes con trajes típicos puertorriqueños llevan con
orgullo la bandera de su país.

Jóvenes puertorriqueños cargan la imagen de Nuestra Señora de la
Divina Providencia en la procesión.
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