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Preparen el camino del Señor


Adele González

“Cambien su vida y su corazón, porque el reino de los cielos se ha acercado”. Este es el mensaje que Juan el Bautista proclamaba y que nos narra el Evangelio de San Mateo. También hoy en nuestras calles vemos carteles apocalípticos que anuncian la venida de Jesús y nuestra necesidad de conversión. Por supuesto, todos sabemos que esas son posiciones exageradas, fanáticas, y no muy bien formadas teológicamente... ¿o quizás contienen algunas verdades que no nos gusta oír?

En la antigüedad, cuando un monarca viajaba por su reino, enviaba a un heraldo delante de él para que anunciara al pueblo que habían de preparar los caminos para que el rey pasara por ellos. Del mismo modo, la Biblia nos presenta a Juan el Bautista como el que anuncia la venida de Jesús. De él hablaba el profeta Isaías al decir: “Una voz grita: preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la llanura una senda para nuestro Dios” (Is 40, 3).

El problema es que muchas veces no sabemos quién es el Dios a quien le estamos preparando el camino este Adviento. Por supuesto, ya las tiendas están decoradas para la Navidad, y algunos de nosotros hemos comenzado a comprar regalos. Los más religiosos tratamos de no acentuar a Santa Claus, sino los nacimientos, los arbolitos, las velas, o algún otro símbolo cristiano. Pero, en realidad, ¿a quién esperamos? ¿Quién es este Mesías anunciado por Juan el Bautista y celebrado cada 25 de diciembre?

Hace más de 2000 años, un pueblo oprimido por el imperio romano esperaba un liberador que les devolviera el poder y los salvara del yugo extranjero. Por siglos los grandes profetas de Israel habían anunciado la venida de un Mesías, que significa ungido o salvador, que redimiría al pueblo. En el siglo primero de nuestra era, algunas de las sectas judías más militantes esperaban a un gran guerrero que derrotaría ejércitos y armadas. Jesús de Nazaret se presentó criticando todo afán de poder, ya fuera por parte del imperio o de los líderes religiosos. Otros grupos anticipaban la llegada de un mesías que restauraría la gloria al Dios de Israel y la centralidad del Templo. Jesús habló de un Dios que incluía a todo el mundo, se identificó a sí mismo como Templo, y criticó la manera en que el Templo en Jerusalén estaba siendo profanado por aquellos responsables de cuidarlo. La sociedad judía de la época alienaba a los leprosos, a las mujeres, a los pecadores, y a todos los que no fueran de su misma religión. Jesús tocó a los leprosos, conversó con las mujeres y les permitió que lo cuidaran y lo siguieran, se sentó a la mesa con los pecadores y con los cobradores de impuestos, y acogió y visitó a samaritanos y a paganos. Los hombres frustrados por la opresión esperaban un llamado a tomar armas. Jesús apareció como un agente de paz, y como alguien opuesto a todo tipo de violencia.

¡Por supuesto que lo rechazaron! Estoy segura de que si viniera hoy a la Florida lo volveríamos a rechazar. ¿Sería Jesús hoy demócrata o republicano? ¿Apoyaría la acogida en nuestro país a los refugiados haitianos? ¿Qué opinaría Jesús del embargo a Cuba? ¿Qué posición tendría ante el aborto, la eutanasia y la pena de muerte? Si permitiéramos que el Mesías naciera hoy en los pesebres que ponemos en nuestros hogares, ¿qué pasaría? ¿Podrían continuar el abuso sexual y la violencia doméstica? Si en cada tienda decorada para la Navidad naciera Jesús hoy, ¿podríamos aceptar la explotación de los trabajadores con salarios injustos? ¿Permitiría Jesús que se comercializara su nacimiento hasta el punto de que las personas pelearan entre ellas cuando no pueden encontrar el juguete que está de moda este año? La vida pública del Jesús histórico duró dos o tres años. Creo que hoy, si regresara, no demoraríamos tanto en crucificarlo.

 Nos dice Pablo en la carta a los colosenses que “Cristo es la imagen del Dios que no podemos ver”  (Col 1, 15). Si creemos esto, es decir, que en Jesús se nos ha revelado el rostro de Dios, entonces nuestra Navidad es una celebración del amor incondicional de Dios y el Adviento un tiempo de preparación para la venida del Mesías verdadero.

Como siempre, tenemos opciones, y Dios las respeta. En este Adviento, al acercarse la Navidad, ¿qué posición tomaré? Ante este Mesías, nacido en un establo y perseguido por las autoridades, ¿cuál será mi respuesta: crucificarlo o seguirlo? ¿Burlarme y concentrarme en las compras, o abrirle mi corazón y concentrarme en amar a mis hermanos y hermanas? ¿Qué puedo hacer para preparar el camino del Señor este Adviento de 2002? Tal vez mi vida está rota por los resentimientos que guardo del pasado. Tal vez los actos terroristas y la probabilidad de una guerra han creado una incertidumbre que estoy compensando con odio. Quizás mi camino está lleno de obstáculos con los que todos tropiezan y que yo he levantado con mi ira, mis celos, y mis envidias. Quizás tengo que enderezar todas las curvas peligrosas en mi sendero causadas por mi orgullo y que no me permiten ver el horizonte con claridad.

En este tiempo de preparación para el nacimiento de Emmanuel –Dios con nosotros– no nos hagamos sordos ante la voz que grita: ¡preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la llanura una senda para nuestro Dios!

Subdirectora de la Oficina de Ministerios Laicos y profesora de Teología de Universidad Barry. Tiene un doctorado en Ministerios, su obra ha aparecido en varias antologías de espiritualidad y cultura hispana. Colabora con la revista de espiritualidad Weavings. Correo electrónico: adelegonz@aol.com.

 AdeleGonz@aol.com