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Nuestros medios proclaman la Buena Noticia

La Arquidiócesis de Miami cuenta
con excelentes medios de prensa


Mary Ross Agosta


El equipo de televisión de la Arquidiócesis de Miami en plena labor: el camarógrafo Carlos Menéndez y el productor Ernesto González siguen las instrucciones de la directora de Comunicaciones, Mary Ross Agosta, en la filmación de un mensaje del Arzobispo a los católicos.
(Foto: Ana Rodríguz-Soto)

El Adviento es un regalo temprano de Navidad. Es la oportunidad de detenernos un poco, de frenar nuestro agitado vivir y reflexionar sobre el don de nuestra fe, de nuestra comunidad católica y la riqueza que eso significa. Es un tiempo para dialogar con Dios y darle gracias por la fuerza y la paz que encontramos en El.

 Como directora del Departamento de Comunicaciones de la Arquidiócesis de Miami tengo la responsabilidad de lidiar con la prensa secular y la católica. Mi trabajo consiste en responder no sólo las preguntas que me hacen periodistas de los más variados medios, sino también llamar su atención acerca de las buenas obras que hace la Iglesia Católica, de compartir con ellos la Buena Nueva del Evangelio.

En el mundo de hoy el hombre y la mujer católicos no deben dejar de acudir a la prensa católica, que les ofrece información completa sobre asuntos que conciernen su fe, su vida, su cultura y su religión. Es muy importante que los católicos acudan a los excelentes medios de prensa de nuestra Arquidiócesis de Miami: los periódicos The Florida Catholic y La Voz Católica; los programas de televisión, incluyendo las misas, y Radio Paz y Radio Peace.

Las pasadas elecciones del 5 de noviembre fueron una prueba de la necesidad que tienen los católicos de acudir a su periódico. Cuando supe que tantas personas votaron a favor de que fueran elegibles para la pena de muerte jóvenes menores de 18 años quedé tan decepcionada. Acabamos de filmar un vídeo magnífico sobre la pena de muerte; ese vídeo estaba disponible en las parroquias; nuestro arzobispo John C. Favalora escribió una columna incluso acerca de ese vídeo y sobre la posición de la Iglesia Católica en cuanto al tema. Después de todo el trabajo que realizó la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos con los oficiales electos en Tallahasee, que fue ampliamente divulgado en nuestros medios, ¿cómo pudo la gente votar de esa manera? Los católicos necesitan saber cuál es la posición de la Iglesia a la que pertenecen, educarse ante asuntos de suma importancia y tener toda la información necesaria antes de tomar una decisión. Yo les hago un llamado a los católicos para que analicen una situación dada completa y no parcialmente, que no se conformen con una versión abreviada o distorsionada de los asuntos.

Hago un llamado para que los medios no sólo compitan por los ratings, sino que sirvan a la humanidad con reportajes y programas que eleven el espíritu y den el buen ejemplo. A lo mejor si ese tipo de información llega a los hogares, en unos años veremos más personas voluntarias leyéndole a algún anciano en un asilo, ayudando a estudiar a un niño después de la escuela y muchas cosas más. Eso es lo que hacemos, porque es el camino que Jesús nos enseñó.

Para los que trabajamos llevando la Buena Noticia del Evangelio de Jesús, todos los días son días de esperanza, de un nuevo reto para ver de qué manera puedo, en forma  creativa, preparar un buen programa de radio o televisión, redactar otro reportaje, contar una nueva historia verídica de fe y de esperanza, de generosidad; esa Buena Nueva de las enseñanzas y el amor de Jesús.

 

 

Directora de Comunicaciones de la Arquidiócesis de Miami. Ganadora de dos premios Emmy  por su trabajo como productora de programas infantiles.

 

Los dos periódicos de la Arquidiócesis de Miami: The Florida Catholic, que se publica semanalmente, y La Voz Católica, para los hispanos, publicado todos los meses. Ambos se pueden recibir en la casa por un pequeño donativo anual.

 

 


 

El padre Alberto Cutié (izq.), director de Radio Paz. Derecha, el padre José Luis Hernando, actual presidente de Pax Catholic Communications, tiene más de 25 años de trabajar en la radio. (Fotos: Archivo)

 

 

Parábolas mediáticas: Evangelio y cultura

 

Como el grano de mostaza

 

VATICANO – Del 7 al 9 de noviembre se celebró en Roma el Congreso Parábolas mediáticas: hacer cultura en tiempos de la comunicación, el acontecimiento más importante organizado por la Iglesia en Italia durante el año 2002.

En el encuentro que reunió a un total de ocho mil profesionales de la comunicación, organizado por la Conferencia Episcopal Italiana, se hallaba también presente Andrea Piersanti, presidente del Ente para el Espectáculo, organización que se halla en primera fila en la batalla para promover los valores fundamentales humanos y espirituales. Esta es la entrevista que la agencia católica de prensa Fides le hizo al reconocido comunicador Piersanti.

 

¿Cuáles son los desafíos que le esperan a la Iglesia en el ámbito de la comunicación?

 El verdadero desafío se encuentra en el interior del mundo católico. La relación más sugestiva, desde este punto de vista, ha sido la que presentó, como conclusión, Dino Boffo, director del periódico católico Avvenire. Este lanzó un eslogan que se puede plenamente suscribir: basta con las omisiones, que se empiece con las transmisiones. Boffo puso el dedo en la llaga. El desafío está a nuestro alcance y el convenio organizado por la Conferencia Episcopal Italiana centró sin ambigüedad el problema. Lo que le falta al proceso de inculturación del Evangelio es la colaboración activa del pueblo católico. A través del testimonio cotidiano, en los lugares de trabajo y en nuestra vida de todos los días, pensando bien en la elección de los periódicos que leer o en los programas de televisión que ver, el desafío deja de ser tan imposible.

 

¿Qué futuro vislumbra entre comunicaciones sociales y cultura?

El futuro deseable sería un futuro en el que se derribara la barrera que ha tenido divididos estos dos ámbitos durante demasiados años. La comunicación social produce cultura y es el producto inmediato y único de la cultura del país. Durante muchos años se ha dicho y pensado que los medios producían sólo una especie de subcultura. La toma de conciencia de los obispos italianos es, pues, el punto fundamental de viraje en          la dirección de la pastoral de la comunicación.

No es una casualidad que los expertos de la CEI se hayan puesto ya al trabajo en la redacción de un documento muy importante, “El directorio de la comunicación”. Estamos seguros de que, cuando sea publicado, revolucionará el modo católico de entender la comunicación.

 

¿Cómo habría que intervenir para reforzar el vínculo existente entre comunicación, cultura y evangelización?

Nuestro esfuerzo cotidiano de simples individuos que trabajan en el sector de la comunicación social, es como un grano de mostaza. Es preciso, pues, evitar dejarse arrollar por la dimensión del problema. Una pequeña semilla, si se planta bien, puede producir muchísimos frutos. Pero también habría que añadir que el terreno hay que abonarlo.

Durante mucho tiempo, se ha dado escaso peso a la comunicación y no se han preparado esas infinitas profesionalidades que son necesarias    para ocupar los espacios y llenar las redacciones y los estudios televisivos y cinematográficos. Ahora parece, queriendo dar crédito a esta extraordinaria iniciativa de la CEI, que las cosas estén cambiando. Esperemos que sea así.

 

El Dr. Boffo ha definido este Convenio como “la cita que ha invertido la ruta”. ¿Considera que habrá una toma de conciencia inmediata?

La verdadera inversión de ruta, como justamente observó Boffo, ha sido el mismo convenio. Durante demasiados años, se han dejado solos frente al problema de la comunicación social a los operadores seculares. Los días pasaban sin que llegara, desde la jerarquía, una clara señal de interés. Hoy, con “Parábolas Mediáticas”, se han superado definitivamente los retrasos. La jerarquía ha hecho su aparición, poniéndose, decididamente, de la parte de los periodistas y autores. Los tiempos no serán breves, pero ahora ya no será posible regresar a las dudas y a los temores del pasado. Hemos entrado en una nueva era.

 

Por las palabras que el Papa ha pronunciado en este Congreso, ¿Piensa que puedan nacer nuevos caminos para la evangelización en el tercer milenio?

El Papa, desde hace años, no se cansa de repetir que los medios de comunicación, si se usan bien, pueden contribuir al nacimiento de un nuevo humanismo. Esta visión antropocéntrica de la comunicación y de la cultura, percibida con fuerza y convicción por los expertos de la CEI que trabajan en los sectores de la comunicación social y del proyecto cultural, está destinada a revolucionarlo todo. A nosotros nos queda en el corazón la fuerte invitación de este pontificado: no tener miedo. Abrir las puertas a Cristo, también en los medios, no será fácil, pero constituye una prioridad que perseguir con valor; sin ese miedo, precisamente.

 


 

Al servicio del Reino

 

Paola Bignardi

 

ROMA – El Concilio Vaticano II los había definido como “maravillosos inventos técnicos”, capaces de contribuir a “confortar y enriquecer el espíritu y de difundir y consolidar el Reino de Dios”. Pablo VI añadió que la Iglesia se sentiría culpable ante su Señor si no los empleara,  porque “puestos al servicio del Evangelio, podrían ampliar casi al infinito el campo de escucha de la Palabra de Dios, haciendo llegar la Buena Nueva a millones de personas”. Desde que, además, Juan Pablo II –en la Encíclica Redemptoris missio– habló de ellos como de un nuevo “areópago” del mundo moderno, los medios de comunicación social se han convertido no sólo en instrumentos de evangelización, sino también en un “lugar” de encuentro entre el mensaje cristiano y la vida de las  personas del siglo XXI.

No cabe duda de que los medios de comunicación pueden favorecer el conocimiento del dictamen evangélico, haciendo las veces de un extraordinario amplificador para la voz de la Iglesia; una antena que realiza, al pie de la letra, la Palabra de Jesús: “predicadlo desde los techos”. Pero difundir el Evangelio mediante los nuevos medios de comunicación, significa también ponerlos al servicio de los valores del Reino, es decir, utilizarlos para acrecentar entre los hombres la verdad y la fraternidad, la justicia y la paz. También esto es echar las semillas del Evangelio en el terreno de la humanidad contemporánea.

Evangelizar a los mismos medios de comunicación es, pues, un objetivo que la comunidad cristiana no puede subestimar, sin que ello conlleve pretender cristianizarlos, sino más bien, humanizar sus finalidades, praxis y modalidades de comunicación. Los creyentes, por tanto, actuarán para que los medios de comunicación respeten a la persona y a su dignidad, no escondan intereses ocultos ni poderes potentes, tomen conciencia de su propio papel y de los necesarios límites, recuperen la función de conciencia crítica de la sociedad y no se conviertan, en cambio, en anestesia para las conciencias.

Para que todo ello suceda, no es suficiente incrementar nuestra familiaridad con los medios de comunicación dentro de la Iglesia, sino que es necesario conocer esta realidad complicada, en la que rigen dinámicas y leyes propias, desarrollar competencias e iniciativas educativas, utilizar sus medios sin que estos nos utilicen, y acordarse de que no se trata sólo de instrumentos, sino de una cultura en la que estamos sumergidos; una atmósfera que respiramos y en la que nos movemos.

Nunca ha sido tan fácil como lo es hoy difundir noticias y poner en contacto a personas lejanas, y sin embargo, a menudo, la comunicación acaba por resultar fría o superficial; es más, a veces, hasta se aprovecha del tipo de medio para esconderse o acentuar la distancia con el otro. La calidad evangélica de nuestra comunicación no se basa únicamente en el contenido, sino que se mide por la coherencia entre las palabras del Evangelio, que queremos relatar, y el modo con  que lo hacemos. ¿No es cierto acaso, que los medios de comunicación influyen en el mensaje y viceversa?

Desde este punto de vista, los nuevos medios de comunicación representan un desafío y un recurso más, especialmente cuando permiten la reciprocidad y espacios de libertad. La comunidad cristiana ha demostrado ya no temer sus riesgos y ambigüedades, esparciendo, también en la red de las redes, nudos en los que palpita el Evangelio.

Licenciada en Pedagogía, presidenta nacional de la Acción Católica Italiana.

–Agencia Fides