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El cantor de la belleza de Dios

 
Padre Lucio del Burgo


San Juan de la Cruz

Todo santo es una palabra viva de Dios al mundo y por lo tanto algo actual. Porque es un Evangelio viviente, la vida de un santo permanece como un faro luminoso para todas las generaciones.

San Juan de la Cruz nace en Fontiveros, España, en 1542. Estudia filosofía y teología en  la Universidad de Salamanca (1564-1568). Bajo la inspiración de Santa Teresa de Jesús funda la Nueva Familia del Carmelo. Muere en Ubeda el 14 de diciembre de 1591, a la edad de 49 años.

Sus obras son: el Cántico Espiritual, Subida del Monte Carmelo, Llama de amor viva, Noche oscura, Poesías, Escritos cortos y Cartas. La fuente de sus escritos son la Sagrada Escritura, su experiencia personal y la cultura personal que poseía.

San Juan de la Cruz no habla de una teoría de Dios. El nos transmite su propia experiencia de Dios, lo que él ha gustado y saboreado de Dios.

 

“¡Oh, dulcísimo amor de Dios mal conocido! El que halló sus

                                                                           /venas   descansó.

La salud del alma es el amor de Dios”.

 

Ante la crisis que atraviesa la Iglesia del primer mundo, una crisis de indiferencia de muchos de nuestros contemporáneos, que viven como si Dios no existiera por el materialismo de la vida, los místicos son los que nos contagian la experiencia de Dios, son nuestros compañeros de camino que nos revelan la presencia de un Dios que está escondido, pero que es el que nos abre las puertas de la esperanza y del futuro.

San Juan de la Cruz nos revela que la persona humana está herida de amor. ¿Qué significa esta herida de amor? Estar hechos para amar y ser amados.

 

“¿A dónde te escondiste,

amado, y me dejaste con gemido?

Como el ciervo huiste,

habiéndome herido;

¿Salí tras ti clamando y eras ido?”

 

En el principio de todas las preguntas surge la certeza de que Dios ha herido al corazón humano con la herida de amor. Nuestro corazón ha sido creado para amar: Dios ha mirado y encendido un fuego ardiente en nuestro interior. Por eso, las restantes cosas le parecen ahora secundarias: sólo quiere amar en plenitud, mirar los ojos y sentir las manos del amado.

Sólo una Iglesia consolidada en su fe y que vive de la fe, puede cumplir eficazmente su misión. Esto plantea serios interrogantes a la Nueva Evangelización, a la pastoral y a la catequesis. No se trata de transmitir unas doctrinas, sino la presencia de una persona viva En este campo tiene un lugar irremplazable el testigo. La comunidad de creyentes está necesitada de gentes que contagien una nueva vida, que han visto y oído, y por eso dan testimonio. Si el Evangelio no provoca nuevas adhesiones, es porque no tenemos una Iglesia de testigos.

Muchos relatos de la vida de Fray Juan nos narran que su testimonio de vida evangélica era patente y evidente ante los religiosos con los que vivía y ante las gentes que lo observaban en sus viajes. Al Santo se podían aplicar estas palabras de Puebla: “Siendo el testimonio elemento primero de la evangelización y condición esencial en vista a la eficacia real en la predicación, es necesario que esté siempre presente en la vida y en la acción evangelizadora de la Iglesia de manera que en el contexto de la vida latinoamericana sea un signo que conduzca al deseo de conocer la Buena Nueva y atestigüe la presencia del Señor entre nosotros”.

En el momento actual no podemos silenciar el nombre de Dios. Por eso preguntamos a los místicos que nos digan una palabra sentida y sabrosa. Ellos, más que nadie, lo han experimentado.

Cómo no recordar dos frases de Juan de la Cruz que resumen toda su vida y su obra: “A la tarde te examinarán en el amor” y “Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor”.

Este ha sido el estilo de Juan de Yepes. Un hombre que ha comprendido su vida desde el Amor y para el Amor. La persona que ha sido acogida por un amor grande y desbordante, tiene que sembrar amor allí donde se encuentre.

Hoy estamos en una encrucijada de la historia humana. El símbolo de las Torres Gemelas que se desploman nos están hablando que sólo la medicina de Dios nos puede abrir nuevos horizontes en la vida. Necesitamos una palabra orientadora en este regreso a Dios. Los místicos, San Juan de la Cruz entre ellos, nos pueden ayudar en esta búsqueda del Dios vivo.

Carmelita Descalzo, ofrece retiros espirituales en el Centro de Espiritualidad Nuestra Señora del Carmen y es profesor de Espiritualidad y Oración en el  Instituto Pastoral del Sureste.