Memoria festiva de la Diócesis de Cienfuegos

Monseñor Emilio
Aranguren Echeverría, Obispo de Cienfuegos, en la misa de
celebración del 85 Aniversario de la Catedral
el 25 de noviembre.
Mensaje de Monseñor Emilio Aranguren Echeverría, Obispo de
Cienfuegos, el 25 de noviembre, con motivo del 85 aniversario de
la consagración de la Catedral. En su mensaje, Monseñor Aranguren
hace una exortación para que todos se alegren por la próxima
celebración, en febrero de 2003, del centenario de la Diócesis de
Cienfuegos.
“Hagamos memoria festiva” es una clara exhortación a disponernos
todos para participar en una celebración en la que prevalezca el
ambiente propio de una fiesta. Esta expresión es similar a la que
dirigió el apóstol San Pablo a los Filipenses al escribirles:
“¡Alégrense siempre en el Señor; lo repito, alégrense. Que la
bondad de ustedes sea notoria a todos los hombres. El Señor está
cerca. No se inquieten por cosa alguna, más bien presenten al
Señor sus necesidades con acción de gracias” (4,4-6). Esta es hoy
mi invitación a todos ustedes, queridos hermanos y hermanas.
Celebrar el Centenario de nuestra Diócesis de Cienfuegos que, con
un documento especial llamado “Bula”, el Papa León XIII erigió,
junto con la Diócesis de Pinar del Río y, desde entonces, la fe en
Jesucristo se ha vivido en muchos corazones y comunidades dentro
de este territorio que hoy abarca toda la provincia de Cienfuegos
y el municipio de Trinidad.
Esto es motivo de fiesta porque hacemos un llamado o invitación a
todas aquellas personas que quieran conocer, participar y celebrar
todo cuanto significa cien años de vida y de hacer camino de
presencia y servicio junto con este pueblo. A quienes no lo
conocen, es una invitación para que vengan y vean; y, a quienes
viven su fe en Jesucristo integrados en una comunidad, esta
celebración festiva les sirva para fortalecer sus raíces y crecer
en la vivencia y compromiso de su identidad como hombres y mujeres
que creen y viven de acuerdo a las enseñanzas que Jesús nos dejó
en el Evangelio.
En el alma de nuestro pueblo hay una profunda raíz de religiosidad
que está engendrada en las entrañas de una madre, la Virgen de la
Caridad. Ella convoca a todos los hijos de esta tierra cubana,
desde las más diversas circunstancias, expresiones, sentimientos,
modos de pensar, manifestaciones y prácticas religiosas para que
todos sus hijos seamos hombres y mujeres de buenos sentimientos y
buen obrar y, además, que nos respetemos, valoremos y tratemos
como verdaderos hermanos.
¡Qué bueno poder descubrir, en esta religiosidad, un camino de
vida hacia una auténtica espiritualidad cristiana! El alma
cristiana que caracteriza a nuestro pueblo tiene que volver a
manifestarse para que florezcan los más auténticos valores de
identidad y pertenencia.
El Papa Juan Pablo II ha declarado el año 2003 como el Año del
Rosario, por tanto, la celebración del Centenario nos permitirá
incrementar la práctica del rezo del Rosario en nuestras familias
y comunidades y, todos juntos, “caminar con María al encuentro de
Jesús”.
Queridos presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas y laicos
que integran las Comunidades de la Diócesis: hoy, 25 de noviembre,
hace 85 años que Mons. Valentín Zubizarreta, segundo Obispo de
esta Diócesis, consagró nuestra Santa Iglesia Catedral. Pues,
desde este Templo –donde está la ‘cátedra’ del Obispo– y en este
día de su Dedicación, les convoco a todos ustedes para celebrar el
Centenario de nuestra Iglesia Diocesana bajo el amparo maternal de
la Virgen Purísima. El próximo domingo 8 de diciembre, al celebrar
la Solemnidad en honor de nuestra Patrona, daremos inicio al
programa jubilar que, Dios mediante, concluiremos en la misma
festividad del próximo año.
¿Qué vamos a celebrar?
Celebramos el nacimiento de la Iglesia de Cienfuegos que ocurrió
el 20 de febrero de 1903. No celebramos la fecha sino el
nacimiento de esta Iglesia particular que, en su inicio, tuvo como
primer obispo a Mons. Aurelio Torres, cubano, de la Orden de los
Padres Carmelitas. El territorio que abarcaba, en ese momento, era
el que correspondía a la antigua provincia de Las Villas (incluyendo
la Ciénaga de Zapata), y que, en 1995, cuando el Papa Juan Pablo
II creó la Diócesis de Santa Clara, se redujo al territorio que
actualmente ocupa.
Al mirar hacia atrás nos dedicaremos a profundizar en el
conocimiento de la historia de los cien años recorridos de la mano
de Dios, desde entonces hasta hoy. Por lo tanto lo que celebramos
es el tiempo transcurrido como presencia de Dios en medio de
nuestro pueblo. Vamos a hacer memoria, recordar la historia y
descubrir, a través de personas, instituciones y acontecimientos
cómo Dios ha actuado a favor de este pueblo, es decir, cómo Dios
nos ha bendecido durante todo este tiempo.
Leeremos la historia desde la fe que tenemos en Jesucristo y, por
lo tanto, nos disponemos a desandar el camino recorrido desde 1903
para encontrarnos con las raíces más originales y, a la misma vez,
con todas aquellas realidades que han rodeado la vida de fe en las
comunidades que, a través de los años, se han esparcido a lo largo
y ancho de nuestra Diócesis.
Esta Iglesia de Cienfuegos nació como fruto del espíritu misionero
que se expresó en los albores del Siglo XX y, por ese mismo
espíritu, se ha ido extendiendo por todas partes. Son cien años de
presencia misionera del Evangelio que, de diversas formas, ha ido
recorriendo y dejando sus raíces por tantos lugares donde hoy se
levanta un templo o donde comienza a nacer una pequeña comunidad.
Sin la misión una diócesis no puede llegar a cien años, ni a
muchos años más de vida. Nuestra Diócesis de Cienfuegos siente el
llamado apremiante a vivir su vocación misionera.
La misión de la Iglesia comienza por la persona y por eso está
llamada a ser maestra en humanidad para todos sus hijos. Es el
Evangelio de la Vida que se ofrece como verdad para que cada
persona conozca y viva la dignidad de su ser y pueda superar todos
los vacíos y sin sentidos existenciales en disposición de levantar
la mirada hacia un horizonte de fe, esperanza y amor.
La Iglesia, al fijar su mirada en la persona humana, en primer
lugar la busca en el entorno más propio y original que es la
familia. El hogar es el lugar privilegiado para vivir la dignidad
de lo que se es como persona y para crecer en los más auténticos
valores éticos y morales que la identifican.
¡Qué importante es que la propia vida comunitaria nos ayude a
descubrir cómo la comunión y participación nacen de la vida y la
gracia que comunican los Sacramentos y se expresa mediante el
protagonismo servicial y comprometido dentro y fuera de la
comunidad eclesial! La vida comunitaria junto a la vida familiar
son experiencias básicas para que los laicos, de manera especial,
vivan su vocación específica en los diferentes ambientes de la
sociedad y, fundamentados en el valor del testimonio cristiano,
expresen cualificadamente la identidad que testifica su encuentro
radical con Jesucristo.
Para dar un paso más en el transcurso del Año del Centenario nos
disponemos a profundizar en tres aspectos específicos: la lectura
orante del Evangelio de San Lucas, el estudio de un sencillo curso
sobre la Iglesia y recuperar el rezo del Rosario al contemplar a
Cristo con María.
Ya, en años anteriores y durante diez semanas, hemos tenido la
rica experiencia de leer, reflexionar y orar el texto del Libro de
los Hechos de los Apóstoles y del Evangelio de San Mateo. En el
Año del Centenario lo haremos con el Evangelio de San Lucas. Es el
Evangelio de la Virgen, del Espíritu Santo, de la misericordia, de
la alegría, de lo nuevo que brota y que es necesario saber acoger.
Es el Evangelio que nos narra el episodio de los caminantes de
Emaús mediante el cual el Señor nos invita a vivir ese pedagógico
proceso que tantas veces se actualiza en nuestras comunidades:
anunciar la Palabra a tantos que caminan cabizbajos y de regreso,
que descubren haber puesto su esperanza en contenidos transitorios
y que, al ser invitados, están dispuestos a compartir
comunitariamente el Banquete Eucarístico y retomar el compromiso
de la vida con una nueva disposición y proyecto de futuro.
La celebración del Centenario de la Diócesis de Cienfuegos como
Iglesia particular es una ocasión oportuna para profundizar en el
estudio y reflexión del Misterio de la Iglesia y, a la vez,
también clarificar lo que no es. Las enseñanzas del Concilio
Vaticano II y de otros Documentos del Papa y de los Obispos nos
ayudarán a conocer mejor a esta Familia, Pueblo de Dios, llamada a
ser Sacramento de Salvación en medio del mundo, y a la cual
nosotros pertenecemos desde que hemos sido bautizados y, por lo
tanto, formamos parte de ella y estamos comprometidos con su “ser”
y su “misión”.
¡Qué bueno poder descubrir por qué el Papa, al empezar un nuevo
milenio, invita a todas nuestras comunidades a ser: “escuela de
oración, (taller) de comunión y casa de los pobres”!
A lo largo de los cien días que hay entre el 30 de agosto y el 8
de diciembre, la imagen peregrina de la Virgen de la Caridad ha
visitado a las comunidades en los rincones más alejados y
recónditos de la Diócesis y hemos tomado conciencia que tenemos un
camino abierto de evangelización.
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