ARCHIVO

BUSQUEDA

PORTADA

 ARQUIDIOCESIS MIAMI
 ARZ. J.C. FAVALORA
 CALENDARIO
 MUNDO Y NACION
 VATICANO
 LIBROS / CINE / ARTE
 IGLESIA EN CUBA
 IGLESIA EN A. LATINA
 OPINIONES
 ESPIRITUALIDAD
 ENLACES

 

Habla el Papa. Primer domingo de Adviento

Comienza hoy, con el primer domingo de Adviento, el nuevo año litúrgico. El Dios de la Alianza se ha revelado en la historia, y en la historia de la Iglesia celebra su misterio de salvación: la encarnación, la pasión, la muerte y la resurrección del Señor Jesucristo. De este modo, el camino de los creyentes se renueva continuamente, entre lo “ya” realizado por Cristo y lo que “todavía” falta para su manifestación plena.

Dios es el futuro del hombre y del mundo. Si pierde el sentido de Dios, la humanidad se cierra al futuro y pierde inevitablemente la perspectiva de su peregrinación en el tiempo. ¿Por qué nacer? ¿Por qué morir? ¿Por qué sacrificarse? ¿Por qué sufrir? A estos interrogantes el Cristianismo ofrece una respuesta satisfactoria. Por este motivo, Cristo es la esperanza de la humanidad. Él es el auténtico sentido de nuestro presente, pues es nuestro futuro seguro.

Adviento nos recuerda que Él vino, y también que vendrá. Y la vida de los creyentes es una continua y vigilante espera de su venida. La invitación a vigilar y a esperar es subrayada hoy con insistencia por san Marcos que, a través del nuevo año litúrgico, nos guiará en el descubrimiento del misterio de Cristo.

En el pasaje de hoy, tomado del segundo de los grandes discursos de Jesús, el Evangelista pone de manifiesto el sentido último de la historia y de la misma creación y nos exhorta a hacer de toda nuestra existencia una incesante búsqueda de Dios. Del encuentro con Él y de la contemplación de su rostro surge ese vigor misionero que nos hace salir de la mediocridad cotidiana para ser valientes testigos suyos.

En este camino de conversión y de compromiso apostólico nos acompaña María, aurora luminosa y guía segura de nuestros pasos. Lo hace de manera especial invitándonos a contemplar los misterios gozosos del Rosario. Nos dirigimos a ella con confianza, mientras nos preparamos para celebrar el próximo domingo [8 de diciembre] la solemne fiesta de su Inmaculada Concepción.

 

La oración cristiana por los fieles difuntos a la luz de la resurrección de Cristo

La oración cristiana por los difuntos –que caracteriza todo el mes de noviembre– debe hacerse a la luz de la resurrección de Cristo. En efecto, el apóstol san Pablo dice: “Si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana. (…) Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los más dignos de compasión de todos los hombres. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que durmieron” (1 Co 15, 17. 19-20).

El mundo necesita hoy, más que nunca, redescubrir el sentido de la vida y de la muerte desde la perspectiva de la vida eterna. Fuera de ella, la cultura moderna, nacida para exaltar al hombre y su dignidad, se transforma paradójicamente en cultura de muerte, porque, al perder el horizonte de Dios, se encuentra como prisionera del mundo, se atemoriza y, da lugar a múltiples patologías personales y colectivas.

A este propósito, me complace citar un texto de san Carlos Borromeo, cuya memoria litúrgica celebraremos el 4 de diciembre: “Mi alma -escribió- alabe siempre al Señor, que jamás deja de prodigar sus dones. Es don de Dios si de pecador te llama a la justicia; don de Dios si te sostiene para que no caigas; don de Dios si te da la fuerza para perseverar hasta el final; será don de Dios también la resurrección de tu cuerpo muerto, de modo que ni siquiera uno de los cabellos de tu cabeza se pierda; será don de Dios la glorificación después de la resurrección; y, por último, será también don de Dios poder alabarlo continuamente en la eternidad” (Homilía, 5 de septiembre de 1583).

Dirigiéndonos ahora a María santísima, le pedimos que sostenga de modo particular nuestra oración de sufragio por los difuntos. En este Año del Rosario, imitemos asiduamente el ejemplo de la Virgen, para contemplar con ella el misterio de Cristo muerto y resucitado, esperanza de vida eterna.

 

El papel de los hospitales católicos

El Santo Padre presentó una propuesta al encontrarse con los participantes en la XVII Conferencia Internacional sobre La identidad de las instituciones católicas sanitarias, que reúne a expertos y profesionales sanitarios de todo el mundo en el Vaticano. Dijo el Papa:

Es un deber revisar la función de los hospitales, de las clínicas y de las casas de salud –afirmó el Papa–: su verdadera identidad no es sólo la de estructuras en las que se atiende a los enfermos y moribundos, sino ante todo la de ambientes en los que el sufrimiento, el dolor y la muerte son considerados e interpretados en su significado humano y específicamente cristiano.

De modo especial esta identidad debe ser clara y eficaz en los institutos regidos por religiosos o relacionados de alguna manera con la Iglesia.

Para comprender hasta el final la identidad de estas instituciones sanitarias, es necesario referirse al corazón mismo de lo que constituye la Iglesia, en la que la ley suprema es el amor.

Las instituciones católicas de la salud se convierten así en testimonio privilegiado de la caridad del Buen Samaritano, pues a la hora de curar los enfermos, cumplimos con la voluntad del Señor y contribuimos a la realización del Reino de Dios. De este modo, expresan su auténtica identidad eclesial.

La Iglesia siente una particular preocupación por quienes carecen de los cuidados médicos más elementales, dejándose inspirar por una nueva “imaginación de la caridad”.