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Y la Palabra se hizo carne

Profecía de Isaías

“Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará.
Reposará sobre él el espíritu de Yahvé; espíritu de sabiduría e inteligencia,
espíritu de consejo y fortaleza,
espíritu de ciencia
y temor de Yahvé.
Y se inspirará en el temor de Yahvé.
No juzgará por las apariencias,
ni sentenciará de oídas.
Juzgará con justicia a los débiles
y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra.
Herirá al hombre cruel con la vara de su boca,
con el soplo de sus labios matará al malvado.
Justicia será el ceñidor
de su cintura,
verdad el cinturón de sus flancos.
Serán vecinos el lobo y el cordero,
y el leopardo se echará con el cabrito,
el novillo y el cachorro pacerán juntos,
y un niño pequeño los conducirá.
La vaca y la osa pacerán,
juntas acostarán sus crías,
el león, como los bueyes, comerá paja.
Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid,
Y en la hura de la víbora
el recién destetado
meterá la mano.
Nadie hará daño,
nadie hará mal
en todo mi santo Monte,
porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahvé
como cubren las aguas el mar”.
(Isaías, 11: 1-9)

“El pueblo que andaba a oscuras
vio una luz grande.
Los que vivían en tierra de sombras,
una luz brilló sobre ellos.
Acrecentaste el regocijo,
hiciste grande la alegría…
Porque una criatura nos ha nacido,
un hijo se nos ha dado.
Estará el señorío sobre su hombro,
y se llamará su nombre
“Maravilla de Consejero”,
“Dios Fuerte”,
“Siempre Padre”,
“Príncipe de Paz”.
(Isaías 9: 1-2, 5)

La Palabra

En el principio existía la Palabra
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Ella estaba en el principio junto a Dios.
Todo se hizo por ella
y sin ella no se hizo nada.
Lo que se hizo en ella
era la vida
y la vida era la luz de los hombres
y la luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la vencieron…
Y la Palabra se hizo carne,
y puso su Morada entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria,
gloria que recibe del Padre como Unigénito,
lleno de gracia y de verdad.
(Juan, 1: 1-5, 14)

Magnificat

Alaba mi alma la grandeza del Señor
y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador
porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava,
por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
porque ha hecho en mi favor cosas grandes el Poderoso, Santo es su nombre
y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen.
Desplegó la fuerza de su brazo,
dispersó a los de corazón altanero.
Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes
y despidió a los ricos con las manos vacías.

Acogió a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
–como había anunciado a nuestros padres– en favor de Abrahán
 y de su linaje por los siglos.
(Lucas, 1: 46-55)

Cántico de Simeón

Ahora, Señor, puedes, según tu palabra,
dejar que tu siervo
se vaya en paz;
porque han visto mis ojos
tu salvación,
la que has preparado a la vista de todos los pueblos,
luz para iluminar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
(Lucas, 2: 29-32)

Oración de Jesús

Yo les he dado tu palabra,
y el  mundo los ha odiado,
porque no son del mundo,
como yo no soy del mundo.
No te pido que los retires del mundo,
sino que los guardes del Maligno…
Santifícalos en la verdad:
Tu palabra es verdad.
Como tú me has enviado al mundo,
yo también los he enviado al mundo.
Y por ellos me santifico a mí mismo,
para que ellos también sean santificados en la verdad.
No ruego sólo por éstos,
sino también por aquellos
que, por medio de su palabra, creerán en mí,
para que todos sean uno.
Como tú, Padre, en mí y yo en ti,
que ellos también sean uno en nosotros,
para que el mundo crea que tú me has enviado.
(Juan, 17: 14-21)


Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así su luz delante de los hombres para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos.
(Mateo, 5: 14-16)

¡Felicidades!

La Voz Católica