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Otros temas centrales: La Pastoral Hispana y la revocación de la ley que permite el aborto


La junta directiva del Consejo Nacional Católico para el Ministerio Hispano se reunió recientemente en la Universidad Barry, en Miami, para discutir aspectos urgentes de la Pastoral Hispana. De izq. a der., de pie, Alicia Marill, el padre William Lego, OSA; Carmen F. Aguinaco; Lorenzo Albacete; sentados, el padre Kenneth G. Davis, OFM; y el obispo auxiliar de Orange, California, Jaime Soto, presidente del Consejo.
(Fotos: Dora Amador Morales)

WASHINGTON – Aunque el abuso sexual de menores por parte del personal eclesiástico fue el tema central de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, los líderes religiosos también dedicaron tiempo al estudio y la aprobación de documentos relacionados a otros temas de importancia para la Iglesia Católica. Entre ellos se destaca la atención a la creciente presencia hispana en la Iglesia, la atención pastoral a los inmigrantes y la responsabilidad de luchar contra la pobreza, además de emitir una declaración por el 30mo. aniversario de la decisión judicial en el caso Roe vs Wade, que legalizó el aborto en EU.

La declaración pastoral “Encuentro y Misión: Un Marco Pastoral Renovado para el Ministerio Hispano”, está dirigida a todos los católicos, particularmente a los líderes pastorales del ministerio hispano. Ofrece principios pastorales básicos y prioridades, y sugiere métodos para continuar los esfuerzos en el ministerio hispano mientras se fortalece la unidad de la Iglesia en EU.

Para asegurar la continuidad de ese ministerio, el documento sirve como apéndice del Plan Pastoral Nacional y está diseñado como un marco pastoral renovado para ayudar a las diócesis, las parroquias, las organizaciones e instituciones católicas en su respuesta a la presencia hispana.

“La declaración pastoral ‘Encuentro y Misión’ es nuestra respuesta a las voces del liderazgo en el ministerio hispano y a la presencia hispana al inicio del nuevo milenio”, dicen los obispos en el documento. “Los católicos hispanos son una bendición de Dios y una presencia profética que ha convertido a muchas diócesis y parroquias en comunidades de fe más acogedoras, vibrantes y evangelizadoras. Nosotros, los obispos, consideramos al ministerio hispano como parte integral de la vida y la misión de la Iglesia”.

“Encuentro y Misión” insiste en la necesidad de fortalecer las estructuras y las redes ministeriales que han servido efectivamente a la pastoral hispana, como son las oficinas diocesanas y regionales y los institutos pastorales. También resalta la importancia de que el ministerio hispano desarrolle una colaboración más estrecha con los diversos grupos y organizaciones étnicas, raciales, y ministeriales. Insiste además en que los esfuerzos ministeriales deberán fomentar la participación activa de los hispanos católicos en la misión social de la Iglesia.

El “Plan Pastoral Nacional para el Ministerio Hispano”, desarrollado en 1987, ofrece un modelo eclesial evangelizador y unos principios pastorales que han fortalecido el ministerio hispano desde que éste fuera aprobado en aquel mismo año. Los obispos aseguran que el Plan ha guiado a diócesis y parroquias que sirven a católicos hispanos en EU, pero añaden que también ha llegado el momento de tomar como referencia lo que describen como las “señales de los tiempos” para reenfocar los esfuerzos en el ministerio.

La primera señal es la siempre creciente presencia hispana en Estados Unidos, y la segunda el papel de liderazgo –sin precedente– que los católicos hispanos tendrán que asumir en la construcción del futuro de la Iglesia. La tercera es la preocupación por el creciente número de hispanos que se están afiliando a otras denominaciones cristianas o tradiciones religiosas. La cuarta –y crítica– señal es el surgimiento de un nuevo liderazgo que necesita capacitación y formación en los valores y principios del Plan Pastoral Nacional para el Ministerio Hispano y del Encuentro 2000.

“En ‘Encuentro y Misión’ retomamos las dimensiones pastorales que se han desarrollado e implementado desde 1987”, indican los obispos. “En este marco renovado, ofrecemos también nuevas perspectivas y desafiamos a los líderes pastorales a que aprecien los esfuerzos del pasado mientras responden a los esfuerzos ministeriales de una nueva generación de líderes ordenados y laicos”.

Los obispos están conscientes de que el ministerio pastoral en el siglo XXI exige el doble compromiso de acoger y fomentar la identidad cultural de los muchos rostros de la Iglesia, y de construir una identidad profundamente católica y pluricultural por medio de un proceso continuo de inculturación. Aseguran que la experiencia de los últimos 30 años muestra que existen principios pastorales básicos muy útiles en el desarrollo del ministerio hispano, y confían que los mismos seguirán asistiendo a la Iglesia a responder a la presencia hispana.

Entre los principios se encuentran la articulación de una visión clara del ministerio basada en la unidad en la diversidad, que descansa en un compromiso que afirma y fomenta la identidad cultural de los distintos grupos, a la vez que estimula la transformación de las culturas mediante los valores del Evangelio; la promoción de pequeñas comunidades eclesiales y de movimientos apostólicos, modelos muy efectivos para fomentar la evangelización; la planificación con el pueblo, y no para el pueblo; y el estímulo y apoyo de vocaciones al sacerdocio, al diaconado y a la vida consagrada, incluyendo una clara sensibilidad hacia las culturas que se están sirviendo.

También insisten en la formación de líderes laicos como gente-puente para la Iglesia culturalmente diversa de hoy; el desarrollo de una conciencia de corresponsabilidad; fortalecer estructuras diocesanas, parroquiales y regionales y asegurarse que las diócesis y parroquias estén equipadas con los recursos necesarios para servir a la siempre creciente población hispana; el compromiso con la justicia social, pilar del ministerio hispano, el cual deberá involucrar una formación continua sobre la enseñanza social católica y esfuerzos de abogacía y una colaboración en asuntos socio-políticos; fomentar el diálogo intercultural y la colaboración; y dar a la Iglesia una voz en español, cuidando que las cartas, declaraciones pastorales, documentos y recursos de la Iglesia, se envíen a las parroquias en español. Sobre este aspecto enfatizaron que los periódicos católicos y los programas de radio y televisión patrocinados por la Iglesia deberán publicar noticias en español y escribir historias y artículos sobre la vida de los católicos hispanos.

En el documento, los obispos también analizan las prioridades pastorales y los desafíos que se presentan al ministerio hispano, a la vez que recuerdan que el mismo debe ser visto como parte integral de la vida y misión de la Iglesia en este país.

“Debemos ser incansables en nuestros esfuerzos de promover y facilitar la participación plena de los católicos hispanos en la vida de la Iglesia y en su misión”, insisten. “Ello implica un esfuerzo colaborativo con toda la comunidad, honrando su historia, sus tradiciones de fe y la contribución que los católicos hispanos han hecho al servicio de la Iglesia y la sociedad”.

Por otra parte, y tras una corta discusión, los obispos apoyaron con votación de 243-1 la primera declaración pastoral conjunta de las Conferencias Episcopales de EU y México. El documento “No somos extranjeros: Juntos en el camino de la esperanza”,  define una asociación entre ambos cuerpos eclesiásticos para atender las necesidades pastorales y sociales de los inmigrantes.

“Hablamos como dos conferencias episcopales, pero como una sola Iglesia”, dice la declaración, “unidas en el punto de vista de que la emigración entre nuestras dos naciones es necesaria y beneficiosa. Al mismo tiempo, algunos aspectos de la experiencia migratoria están muy lejos de la visión del reino de Dios que Jesús proclamó”.

El documento da instrucciones para la creación de redes parroquiales de apoyo a las familias de los inmigrantes, para el patrocinio diocesanos de servicios sociales y legales, y para el entrenamiento de sacerdotes y laicos a su servicio. También censura tanto al gobierno de EU como al de México por las leyes y la falta de acción que no atacan la raíz de la migración y violan los derechos humanos de quienes transitan entre ambos países.

Los líderes católicos también emitieron una nueva reflexión pastoral sobre la pobreza, la cual “se presenta con particular urgencia en tiempos en los que nuestra nación responde al terrorismo y a otras amenazas”, afirmó el cardenal Theodore E. McCarrick, de Washington.

El documento “Un lugar en la mesa: Continuar el compromiso católico para superar la pobreza y respetar la dignidad de los hijos de Dios”, es un llamado a la acción para servir a nuestros hermanos y hermanas más vulnerables, añadió el Cardenal. Informó que la reflexión pastoral proporcionará asistencia a los programas del ministerio social diocesano y parroquial mientras se trabaja para erradicar la pobreza tanto en EU como en el extranjero.

Con motivo de que el próximo 22 de enero se cumplen 30 años de la decisión judicial en el caso Roe vs. Wade, que legalizó el aborto en Estados Unidos, los obispos católicos emitieron una declaración en la que insisten que la decisión no puede permanecer como ley de este país, el cual fue fundado sobre la premisa de que todas las personas han sido creadas con el derecho inalienable a la vida.

En su declaración “Un asunto del corazón”, los obispos llaman la atención sobre el hecho de que son más las personas jóvenes que cada día unen sus voces a la defensa de la vida, ya que saben que “pertenecen a una generación consciente de que nació en una época y en un lugar donde no había garantías legales de que sobreviviesen la etapa inicial de su vida en el vientre materno”.

Los obispos insisten en su compromiso incondicional con la revocación “de esta trágica decisión de la Corte Suprema. Defenderemos la santidad de cada vida humana siempre que se vea amenazada, desde la concepción hasta la muerte natural, e instamos a todas las personas de buena voluntad a hacer lo mismo.

“El Papa Juan Pablo II nos recuerda que ‘es imposible el avance del bien común sin reconocer y defender el derecho a la vida, sobre el cual se fundan todos los otros derechos inalienables de los individuos y del cual se desarrollan’. Roe vs. Wade debe ser revocada”.

–CNS y Zenit


Misa celebrada en la parroquia Santa Marta, del Centro Pastoral de la Arquidiócesis de Miami, el 19 de noviembre. Los obispos dieron gracias por la aprobación de la carta pastoral “No somos extranjeros: juntos en el camino de la esperanza”. De izq. a der.: los obispos John Manz, de Chicago; Thomas G. Wenski, de Miami; Renato León, presidente de la Conferencia Episcopal de México;  Agustín Román, de Miami; y Ricardo Watty, de Nuevo Laredo.

Declaración sobre Iraq

Conferencia Episcopal de Estados Unidos, Washington, D.C.
13 de noviembre de 2002

Mientras nosotros, los obispos católicos, nos hallamos reunidos aquí en Washington, nuestra nación, Iraq y el mundo enfrentan graves decisiones sobre la guerra y la paz, la justicia y la seguridad. Se trata no sólo de decisiones políticas y militares, sino morales, pues implican cuestiones de vida o muerte. La enseñanza tradicional cristiana ofrece principios éticos y criterios morales que pueden guiar esas decisiones críticas que se deben tomar.

Hace dos meses, el obispo Wilton Gregory, presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, le escribió al presidente George Bush para dejarle saber que acogía los esfuerzos de centrar la atención mundial en la negativa iraquí de cumplir con varias resoluciones de Naciones Unidas en los últimos 15 años, y la búsqueda de ese país de armas de destrucción masiva. Esa carta, autorizada por el Comité Administrativo de los obispos, planteó serias interrogantes acerca de la legitimidad moral de cualquier uso preventivo unilateral de la fuerza militar para derrocar al gobierno de Iraq. Como cuerpo hacemos nuestras esas interrogantes y preocupaciones plasmadas en la carta del obispo Gregory, que toman en consideración acontecimientos recientes, especialmente la resolución unánime del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del 8 de noviembre.

No albergamos ilusiones acerca de la conducta o de las intenciones del gobierno iraquí. El gobierno iraquí debe detener su represión interna, darle fin a las amenazas a sus vecinos, dejar de apoyar el terrorismo, abandonar sus esfuerzos por desarrollar armas de destrucción masiva, y destruir todas las armas existentes. Saludamos el hecho de que Estados Unidos ha trabajado en lograr nuevas acciones por parte del Consejo de Seguridad para asegurar que Iraq afronte su obligación de desarme. Nos unimos a los que urgen a Iraq a cumplir totalmente con la resolución más reciente del Consejo de Seguridad. Rezamos fervorosamente porque todos los implicados actúen para que la acción de las Naciones Unidas no constituya el preludio de una guerra, sino una vía para evitarla.

Aunque no podemos predecir lo que ocurrirá en las próximas semanas, deseamos que se aclaren asuntos acerca del fin y los medios. No ofrecemos conclusiones definitivas, sino nuestras preocupaciones e interrogantes con la esperanza de que nos ayude a todos a llegar a un juicio moral sensato. Las personas de buena voluntad pueden opinar diferente en cuanto a cómo aplicar las normas de una guerra justa en casos particulares, sobre todo cuando los acontecimientos se desarrollan con rapidez y los hechos no están totalmente claros. Basándonos en los hechos que conocemos, seguimos hallando difícil una justificación para recurrir a la guerra contra Iraq al carecer de evidencias claras y adecuadas de un inminente ataque de graves consecuencias. Junto a la Santa Sede y los obispos del Medio Oriente y de todo el mundo, tememos que recurrir a la guerra en las presentes circunstancias, y a la luz de la información pública actual, no alcanzaría las rigurosas condiciones de la enseñanza católica que permitirían el uso de la fuerza militar.

“La teoría de la guerra justa ha evolucionado… como un esfuerzo para prevenir la guerra; sólo si la guerra no puede ser evitada racionalmente, la enseñanza busca restringir y reducir sus horrores. Hace esto estableciendo rigurosas condiciones que deben darse para que la decisión de ir a la guerra sea permisible. Tal decisión, hoy especialmente, requiere razones extraordinariamente fuertes para cambiar la posición a favor de la paz y en contra de la guerra” (El desafío de la paz: la promesa de Dios y nuestra respuesta, 1983, #83).

Causa justa [de guerra]. El Catecismo de la Iglesia Católica limita la causa justa sólo a casos en los que “el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto” (#2309).

 Estamos profundamente preocupados por las recientes propuestas de expandir drásticamente los límites tradicionales de la causa justa para incluir el uso preventivo de la fuerza militar para derrocar regímenes amenazadores o para lidiar con armas de destrucción masiva. Consecuentemente con las prescripciones contenidas en el derecho internacional, debe hacerse una distinción entre los esfuerzos para cambiar la conducta inaceptable de un gobierno y los esfuerzos para poner fin a la existencia de ese gobierno.

Legítima autoridad. A nuestro juicio, las decisiones en lo referente a una posible guerra en Iraq requieren el cumplimiento de las normas constitucionales estadounidenses, un amplio consenso en el seno de nuestra nación, y cierta forma de sanción internacional. Es por eso que las acciones por parte del Congreso y del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas son importantes. Como ha indicado la Santa Sede, si el recurso de la fuerza fuera estimado necesario, debería adoptarse en el marco de las Naciones Unidas luego de tomar en consideración sus efectos en los civiles iraquíes, y la estabilidad regional y global  (Arzobispo Jean-Louis Tauran, Secretario del Vaticano para las Relaciones con los Estados, 9 de octubre de 2002).

Probabilidades de éxito y proporcionalidad. El uso de la fuerza debe tener “serias perspectivas de éxito” y “no debe acarrear males y desórdenes peores que el mal a eliminar” (Catecismo, #2309). Reconocemos que no adoptar acciones militares pudiera tener consecuencias negativas. Estamos preocupados, sin embargo, porque la guerra contra Iraq pudiera tener consecuencias impredecibles no sólo para Iraq sino para la paz y la estabilidad en todo el Medio Oriente. El uso de la fuerza pudiera provocar el tipo de ataques que intenta prevenir; pudiera imponer nuevas cargas terribles sobre una población civil que ya sufre hace tiempo, y pudiera conducir a la extensión del conflicto y a la inestabilidad en la región. La guerra contra Iraq pudiera hacernos desistir de la responsabilidad de ayudar a edificar un orden justo y estable en Afganistán y pudiera socavar los esfuerzos para detener el terrorismo.

 Normas que gobiernan la conducta bélica. La justicia de una causa no disminuye la responsabilidad moral de cumplir con las normas de la inmunidad y proporcionalidad civil. Si bien reconocemos el mejoramiento de la capacidad y los serios esfuerzos por evitar hacer blanco directo de civiles en la guerra, el uso de la fuerza militar en Iraq pudiera acarrear costos incalculables para la población civil que ha sufrido tanto a causa de la guerra, la represión, y de un debilitante embargo. Al evaluar si los “daños colaterales” son proporcionales, las vidas de los hombres, las mujeres y los niños ira-quíes debieran ser valoradas como lo son las vidas de los miembros de nuestra propia familia y de los ciudadanos de nuestro propio país.

Nuestra valoración de estas cuestiones nos lleva a instar a nuestra nación y al mundo a que continúen buscando otras alternativas a la guerra en el Medio Oriente. Es vital que nuestra nación persista en los desafíos muy frustrantes y difíciles de mantener el apoyo internacional para formas constructivas, eficaces y legítimas de detener las amenazas y acciones agresivas iraquíes. Apoyamos la imposición efectiva del embargo militar y el mantenimiento de sanciones políticas. Reiteramos nuestro llamado para que se adopten sanciones económicas más cuidadosamente, que no amenacen las vidas de civiles iraquíes inocentes. El tema de las armas de destrucción masiva de Iraq debe equipararse con medidas más fuertes y amplias de no proliferación. Tales esfuerzos, basados en el principio de mutuo contenimiento, deben incluir, entre otras cosas, un mayor apoyo a los programas para salvaguardar y eliminar las armas de destrucción masiva en todas las naciones, controles más estrictos sobre la exportación de misiles y tecnología de armamentos, la puesta en vigor efectiva de las convenciones sobre armas biológicas y químicas, de acuerdo con el compromiso estadounidense de buscar negociaciones de buena fe en el desarme nuclear bajo el Tratado de No Proliferación Nuclear.

No existen respuestas fáciles. Nuestros líderes electos son responsables de las decisiones sobre la seguridad nacional, pero albergamos la esperanza de que nuestras preocupaciones e interrogantes morales serán seriamente consideradas por nuestros líderes y por todos los ciudadanos. Invitamos a otros, particularmente al pueblo laico católico –que tiene la responsabilidad principal de transformar el orden social a la luz del Evangelio– a discernir la mejor manera de realizar su vocación de ser “testigos y agentes de paz y de justicia” (Catecismo, #2442). Como Jesús dijo: “Bienaventurados los que trabajan por la paz” (Mt. 5).

Rezamos por todos los que con más probabilidad serían afectados por este conflicto potencial, especialmente el sufrido pueblo de Iraq y los hombres y mujeres que sirven en nuestras Fuerzas Armadas. Apoyamos a los que arriesgan sus vidas en servicio de nuestra nación. También apoyamos a todos los que buscan ejercer su derecho a objetar de manera consciente y selectiva, tal como hemos declarado en el pasado.

Rezamos porque el presidente Bush y los demás líderes mundiales busquen y hallen las vías para retroceder ante el abismo de la guerra con Iraq y busquen una paz que sea justa y duradera. Los urgimos a trabajar con otros para elaborar una respuesta global efectiva a las amenazas iraquíes, que reconozca la legítima autodefensa y se ajuste a los límites morales tradicionales en el uso de la fuerza militar.

© United States Conference of Catholic Bishops