El
relativismo, nuevo rostro de la intolerancia
El relativismo se ha convertido en la nueva expresión de la
intolerancia, según considera el cardenal Joseph Ratzinger,
prefecto de la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe.
El purpurado alemán expuso su opinión sobre algunos de los
argumentos más candentes de la actualidad eclesial al encontrarse
el 30 de noviembre con un grupo de periodistas en la ciudad
española de Murcia.
Ratzinger, nuevo decano del colegio cardenalicio, presidió el
congreso “Cristo: Camino, Verdad y Vida”, que del 28 de noviembre
al 1ro de diciembre reunió a algunos de los máximos exponentes de
la teología católica por iniciativa de la Universidad Católica San
Antonio de esa ciudad (UCAM).
Estas son algunas de sus reflexiones, que compartió con la
audiencia:
Algunos interpretan el hecho de anunciar a Cristo como una ruptura
en el diálogo con los demás: Diría que hoy se da una dominación
del relativismo. Quien no es relativista parecería que es alguien
intolerante. Pensar que se puede comprender la verdad esencial es
visto ya como algo intolerante. Pero en realidad esta exclusión de
la verdad es un tipo de intolerancia muy grave y reduce las cosas
esenciales de la vida humana al subjetivismo. De este modo, en las
cosas esenciales ya no tendremos una visión común. Cada uno podría
y debería decidir como puede. Perdemos así los fundamentos éticos
de nuestra vida común.
Cristo es totalmente diferente a todos los fundadores de otras
religiones, y no puede ser reducido a un Buda, o a un Sócrates, o
un Confucio. Es el puente entre el cielo y la tierra, la luz de la
verdad que se nos ha aparecido. El don de conocer a Jesús no
significa que no haya fragmentos importantes de verdad en otras
religiones. A la luz de Cristo, podemos instaurar un diálogo
fecundo con un punto de referencia en el que podemos ver cómo
todos estos fragmentos de verdad contribuyen a una profundización
de nuestra propia fe y a una auténtica comunión espiritual de la
humanidad. Es importante, ante todo, conocer la Sagrada Escritura,
el testimonio vivo de los Evangelios, tanto de los sinópticos como
del Evangelio de San Juan, para escuchar la auténtica voz. En
segundo lugar, son muy importantes los grandes concilios, sobre
todo el Concilio de Calcedonia, así como los sucesivos Concilios
que aclararon el significado de esa gran fórmula sobre Cristo,
verdadero Dios y verdadero hombre. La novedad de que realmente es
Hijo de Dios, y realmente hombre, no es una apariencia, por el
contrario une Dios al hombre. En tercer lugar, le sugiero
profundizar en el misterio pascual: conocer este misterio del
sufrimiento y de la resurrección del Señor y de este modo conocer
qué es la Redención. La novedad de que Dios, en la persona de
Jesús, sufre, lleva nuestros sufrimientos, comparte nuestra vida,
y de este modo crea el paso a la auténtica vida en la Resurrección.
Se trata de todo el problema de la liberación de la vida humana,
que hoy está comprendida en el misterio pascual, por una parte se
relaciona con la vida concreta de nuestro tiempo y, por otra, se
representa en la liturgia. Me parece central precisamente este
nexo entre liturgia y vida, ambas fundadas en el misterio pascual.
La substancia de mi fe en Cristo ha seguido siendo siempre la
misma: conocer a este hombre que es Dios que me conoce, que –como
dice san Pablo– se ha entregado por mí. Está presente para
ayudarme y guiarme. Esta substancia ha seguido siendo siempre
igual. En el transcurso de mi vida he leído a los Padres de la
Iglesia, a los grandes teólogos, así como la teología presente.
Cuando yo era joven era determinante en Alemania la teología de
Bultmann, la teología existencialista; después fue más
determinante la teología de Moltmann, teología de influencia
marxista, por así decir. Diría que en el momento actual el diálogo
con las demás religiones es el punto más importante.
Es importante que en una Universidad católica no se aprenda sólo
la preparación para una cierta profesión. Una universidad es algo
más que una escuela profesional, en la que aprendo física,
sociología, química.... Es muy importante una buena formación
profesional, pero si fuera sólo esto no sería más que un techo de
escuelas profesionales diferentes. Una universidad tiene que tener
como fundamento la construcción de una interpretación válida de la
existencia humana. A la luz de este fundamento podemos ver el
lugar que ocupan cada una de las ciencias, así como nuestra fe
cristiana, que debe estar presente a un alto nivel intelectual.
Por este motivo, en la escuela católica tiene que darse una
formación fundamental en las cuestiones de la fe y sobre todo un
diálogo interdisciplinar entre profesores y estudiantes para que
juntos puedan comprender la misión de un intelectual católico en
nuestro mundo.
En pocas palabras, diría que lo esencial de la meditación
trascendental es que el hombre se expropia del propio yo, se une
con la universal esencia del mundo; por tanto, queda un poco
despersonalizado. Por el contrario, en la meditación cristiana no
pierdo mi personalidad, entro en una relación personal con la
persona de Cristo, entro en relación con el “Tú” de Cristo, y de
este modo este “yo” no se pierde, mantiene su identidad y
responsabilidad.
Al mismo tiempo se abre, entra en una unidad más profunda, que es
la unidad del amor que no destruye. Por tanto, diría en pocas
palabras, simplificando un poco, que la meditación trascendental
es impersonal, y en este sentido “despersonalizante”. Mientras que
la meditación cristiana es “personalizante” y abre a una unidad
profunda que nace del amor y no de la disolución del yo.
–Zenit
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