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Libertad para los detenidos haitianos

Los obispos le escriben al presidente Bush

Los Obispos de Florida expresamos nuestra creciente y grave preocupación a nuestro presidente, George W. Bush, acerca de la difícil situación de los inmigrantes haitianos que desembarcaron recientemente en nuestras costas. Escuchamos la petición de nuestros hermanos y hermanas en Cristo en busca de justicia, y nos dirigimos al presidente Bush para que ordene la liberación inmediata de estos haitianos detenidos que solicitan asilo político.

El Evangelio nos dice que la dignidad de un ser humano y los derechos que dimanan de esa dignidad, son otorgados por Dios y, por lo tanto, irrevocables. El derecho a una vida estable y segura, libre de la violencia de la represión política, es esencial para la realización de esta dignidad.

El 29 de octubre de 2002, una frágil embarcación procedente de Haití, sobrecargada con cientos de almas, se aproximó a nuestro territorio, y tocó tierra en nuestras costas. Las madres que hiceron descender a sus hijos, vestidos con sus mejores ropas domingueras, a las revueltas aguas, lo hicieron arrastradas por el deseo de toda madre: ver a su hijo libre de peligros, seguro, y en condiciones de alcanzar la dimensión plena de su dignidad como verdaderos seres humanos. Durante más de dos meses hasta la fecha, estos 228 refugiados haitianos han sufrido la humillación de una detención prolongada, separados de sus familiares y patrocinadores, que esperan por ellos en su comunidad.

Cuando nuestro gobierno se empeña en considerar como un delito la llegada de estos hombres, mujeres y niños que escapaban de la represión política, no sólo damos con ello un duro golpe a todos los refugiados, sino también a nuestra propia y fundamental creencia en la fortaleza de la justicia, de la familia, de la nación y de Dios, creencias sobre las que se fundó nuestro país.

La detención permanente y la denegación del acceso a una representación legal adecuada, son tanto indefendibles como injustas. La programación de audiencias aceleradas, dictada por la Oficina Ejecutiva de Revisiones de Inmigración, niega a los detenidos el derecho fundamental de todo proceso justo a recibir la asesoría legal adecuada, tal como se garantiza a todo el que ponga los pies en el territorio de nuestra nación.

El Gobierno Federal, a través del Servicio de Inmigración y Naturalización, ha sido incapaz de articular una fundamentación convincente, basada en razones morales o de seguridad, que justifique la detención permanente de quienes sólo buscan la libertad para sí mismos y para sus hijos al escapar de la persecución política y de las violaciones a los derechos humanos en Haití.

La celebración de la Semana Nacional de la Inmigración por parte de la Iglesia Católica de los Estados Unidos, nos recuerda una vez más que somos una nación basada en un delicado equilibrio entre las leyes y la fe. Apelamos al presidente Bush para que aplique el mismo patrón adoptado para todas las demás personas que solicitan asilo político, a los haitianos detenidos, así como a sus hijos. Apremiamos también al gobernador Jeb Bush y a nuestros legisladores federales y estatales, para que se comuniquen con el Presidente y le pidan que libere de inmediato a estos detenidos.

 

Arzobispo John C. Favalora, Arquidiócesis de Miami.

Obispo John J. Nevins, Diócesis de Venice.

Obispo Norbert M. Dorsey, CP, Diócesis de Orlando.

Obispo John H. Ricard, SSJ, Diócesis de Pensacola/Tallahassee.

Obispo Robert N. Lynch, Diócesis de St. Petersburg.

Obispo Victor Galeone, Diócesis de San Agustín.

Obispo Sean P. O’Malley, OFM, Cap, Diócesis de Palm Beach.

Obispo Agustín A. Román, Arquidiócesis de Miami.

Obispo Thomas G. Wenski, Arquidiócesis de Miami.

8 de enero de 2003