El
Padre José Pablo Nickse dejó un legado de amor
Así
le recuerdan quienes le conocieron

“Todo
lo que recuerdo de él es hermoso”, dice la Hermana Bertha
Penabad mirando su foto. (Foto: Brenda Tirado Torres)
El 31 de diciembre en la iglesia St. Brendan, en Westchester, el
arzobispo de Miami, John C. Favalora, presidió la Misa de
Resurrección por el alma del padre José Pablo Nickse. Le
acompañaron los obispos auxiliares Thomas Wenski, Agustín Román y
Gilberto Fernández, junto con el arzobispo emérito Edward
McCarthy. Más de 150 sacerdotes de la Arquidiócesis se unieron a
los líderes católicos de Miami para concelebrar la misa y dar así,
junto con la comunidad parroquial de St. Brendan, su adiós a su
amigo y hermano.
El padre Nickse, quien fue párroco de St. Brendan, falleció el 24
de diciembre de un aparente ataque al corazón mientras pasaba unas
vacaciones en las Bahamas. El sacerdote, de 55 años, había sido
suspendido de sus funciones sacerdotales el año pasado, de acuerdo
a las normas establecidas en la Arquidiócesis de Miami, mientras
se investigaban alegaciones de abuso sexual contra tres
adolescentes a principios de la década de los 80. El padre Nickse
siempre negó los cargos y mantuvo su inocencia. Quienes estuvieron
muy cerca de él compartieron con La Voz Católica sus recuerdos.
Hna. Bertha Penabad, SMR
Asistente pastoral del padre Nickse por 24 años:
Todo lo que recuerdo de él es hermoso. Es una luz que ha pasado
entre nosotros y además es una potencia de sabiduría, de
inteligencia, de profunda bondad, de ternura. Promocionaba a toda
persona que se le acercara. Como jefe, era una persona con la que
te enaltecías, porque él brillaba tanto que quien se le acercara,
inmediatamente reflejaba esa luz. Él nos hacía crecer. Él no se
apegaba a las cosas ni a las personas, sino que buscaba ayudarles
para que siguieran hacia adelante. Todo lo que soy en mi carrera
se lo debo a él. Eso es lo que tengo de él y lo que me llevo.
Fueron casi 25 años que compartimos día a día. El padre Nickse
dejó una herencia maravillosa que hay que conservar. No importa
qué sacerdote venga, lo vamos a recibir con mucho amor, le vamos a
ayudar.
Monseñor Emilio Vallina
Párroco de San Juan Bosco:
Tengo recuerdos hermosos del padre Nickse. El primero es cuando yo
lo traté. Era un jovencito en la escuela superior cuando me
presentó su vocación, su interés en seguir a Cristo.
Yo lo llevé al seminario St. John Vianney, así que fue una de las
vocaciones que salió de la parroquia San Juan Bosco. Hablé con sus
padres, como es natural, y logré que fuera al seminario.
El padre Nickse siempre me dio una gran impresión; primero como
seminarista, más tarde como sacerdote. Es por ello que su muerte
ha dejado un gran impacto, porque murió de un ataque al corazón,
triste por lo que había ocurrido y esperando que la justicia se
pudiera realizar algún día. Por ello, en pocas palabras, puedo
decir que el padre Nickse fue un hombre de Dios, un sacerdote
emprendedor, un hombre que nunca se dio por vencido por el trabajo,
sino, al contrario, estuvo lleno de ilusiones.
Padre José Miyares
Párroco de Immaculate Conception, en Hialeah:
Sólo puedo decir que el legado del padre Nickse lo vemos en la
parroquia St. Brendan. El logró involucrar a los laicos en la vida
de Iglesia y les dio su lugar en ella. También vemos su legado en
su empeño por lograr llevar la Buena Nueva y proclamar el
Evangelio a través de los medios de comunicación.
Fuimos amigos por muchos años y entramos juntos al seminario en
1966. Todavía no es fácil aceptar su partida. Para mí todo esto es
como una película de la cual todavía espero el final.

El Padre José Pablo Nickse, un predicador que llenaba
la iglesia St Brendan.
Homilía de Mons. Agustín Román en la Misa de Resurrección del
Padre José P. Nickse
Querido Padre Nickse:
Tú escribías a los feligreses de esta parroquia St. Brendan el
pasado 5 de junio, al despedirte, una linda carta que yo considero
tu testamento. En ella decías: “Éste es el mensaje más difícil que
he tenido que compartir con ustedes en los últimos 21 años”. Yo
hoy te digo que ésta es la homilía más difícil que he pronunciado
en mis 43 años de sacerdocio.
No fue difícil predicar en tu primera misa, ni al celebrar tus
bodas de plata. Hoy sí me es difícil. Yo pensaba que fueras quien
predicara en mi funeral. ¡Quién hubiera pensado que un corazón de
un hombre de 75 años, remendado ya dos veces, pudiera durar más
tiempo en esta tierra que el tuyo de 55 años! El día del premio en
el cielo no lo sabemos. Nadie sabe ni el día ni la hora. Sólo el
Señor lo sabe y Él escoge la mejor hora para nosotros.
Te conocí cuando llegué a Miami en 1966, en la parroquia San Juan
Bosco, junto a Monseñor Vallina, quien siempre ha sido tu padre
espiritual. Recuerdo cuando terminaste en el colegio La Salle.
Recuerdo cuando respondiste la llamada al sacerdocio y partiste
para el seminario St. John Vianney y, al terminar tu licenciatura
(BA) en filosofía, proseguiste a estudiar teología en el seminario
San Vicente de Paúl. Recuerdo cuando hiciste la experiencia
pastoral conmigo en la parroquia St. Kieran. Recuerdo tantas veces
que compartimos, cuando servías en Christ the King y en Santa
María Magdalena. También cuando hacías tu ministerio en St.
Kieran, cuando –trabajando en la oficina de comunicaciones–
aprovechabas cualquier oportunidad de programas en la radio y me
llamabas con urgencia, diciéndome que tomara un programa radial, y
al preguntarte cuándo, me respondías el sábado que era para
“mañana domingo”.
En tu mensaje del 5 de junio del presente año a los feligreses de
esta parroquia St. Brendan, con la sinceridad que siempre te
caracterizó, les decías: “he sido acusado y de acuerdo con lo
establecido en toda la Iglesia de Estados Unidos y, por supuesto,
en la Arquidiócesis de Miami, he sido puesto en licencia
administrativa hasta que este asunto sea resuelto”. Te admiro con
la obediencia con que respondiste. Ten la seguridad de que para
nosotros, como para ti, ha sido doloroso oír que hay víctimas del
abuso por conducta impropia con niños, pero también es doloroso
ver que se hace víctimas a sacerdotes acusados injustamente.
Sentimos el dolor de las dos clases de víctimas.
Con la misma sinceridad que siempre te distinguió, nos dices: “les
quiero asegurar que mi conciencia está limpia y en paz”. También
nos dices: “estas alegaciones son totalmente falsas. Me siento muy
afectado y confundido, pero no guardo rencor ni odio”. Y afirmas:
“Perdono a mi acusador. Me pongo en las manos del Señor, mi
Pastor”.
Gracias por estas palabras tuyas, que nos muestran tu caridad. La
conocimos porque, calladamente, nunca cerraste la puerta a todo
aquél que estaba necesitado.
Pero hoy te decimos que te admiramos sobre todo por tu alegría.
Conocí tu juventud alegre. Conocí tu sacerdocio alegre, y conocí
tu alegría cuando recibiste la cruz en estos últimos meses.
El papa Pablo VI, en su exhortación apostólica Gaudete in Domino,
nos presenta la alegría como un signo de la presencia del Espíritu
Santo en una persona. En estos últimos meses, cuando te llamaba o
me visitabas, al salir del hospital siempre venías con un chiste,
que para un cubano enfermo es la mejor medicina.
Aquí estamos el arzobispo, los obispos, sacerdotes y religiosos
unidos a tu parroquia St. Brendan, que ora por ti. Respondemos a
tu petición: “por favor, manténganme en sus oraciones”. Tú nos
dices que la parroquia St. Brendan ha sido tu inspiración y fuerza.
También lo es para todos nosotros.
Si el pastor ama a las ovejas, aquí hemos visto cómo las ovejas
aman al pastor. Tú les dices: “mantengan el buen trabajo que
siempre han hecho en esta parroquia”.
Estoy seguro de que ellos te responderán ahora que orarás allá
donde todos estamos llamados a gozar con Cristo. Estoy seguro de
que el Señor te llamó en la Navidad, tiempo de alegría, para
unirte a los alegres ángeles que cantaron en Noche Buena: “Gloria
a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres de buena
voluntad”.
Si fuera periodista y escribiera un artículo sobre el padre Nickse,
le pondría por título: “sacerdote alegre que no perdió la alegría
ni en la cruz de la difamación”.
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