
Arzobispo John C. Favalora
En
Comunión con las comunidades cubanas de Miami y de Cuba

Algunos de los participantes de “En Comunión”, con el Arzobispo
Favalora en la Catedral St. Mary, de Miami, el 14 de diciembre de
2002. (Foto: Dora Amador)
En el otoño de 1997, fui uno de varios obispos escogidos para
representar a los obispos estadounidenses en el Sínodo de América
en Roma. En aquella oportunidad, cada día durante un mes y en
presencia de nuestro Santo Padre, escuché a los obispos del
continente hablar acerca de sus dones y de sus necesidades; en
esencia, sobre la Iglesia en América. A partir de sus pensamientos
y reflexiones, el Santo Padre escribiría un documento muy
significativo: Ecclesia in America, la Iglesia en América.
Hoy, seis años después, sigo teniendo en cuenta las reflexiones
del Santo Padre para el ejercicio de mi labor pastoral con la
comunidad de la Arquidiócesis de Miami, porque ella representa
para todos nosotros un tremendo reto en nuestros esfuerzos comunes
por vivir juntos en una sociedad multicultural. Por la misma razón,
al observar la población católica de la Arquidiócesis en general,
me doy cuenta de que todos debemos prestar atención a los grupos
específicos de personas en su constante trayecto espiritual,
muchos de los cuales se han exiliado o han emigrado de sus países
de nacimiento.
Por ejemplo, en nuestra reunión de los Obispos Católicos de los
Estados Unidos en noviembre de 2002, a la que asistió una
representación de los Obispos Católicos mexicanos, nos ocupamos de
las necesidades específicas del pueblo mexicano, que encara una
gran oposición e incontables desafíos dentro de las fronteras de
nuestro país. En “Extranjeros nunca más: Juntos en nuestro viaje
de esperanza. Carta pastoral sobre la emigración, de los Obispos
Católicos de México y de los Estados Unidos”, nosotros, obispos,
escribimos: “La Palabra de Dios, y la enseñanza social católica
que se inspira en ella, ilumina una comprensión –llena de
esperanza, en última instancia– que reconoce las luces y las
sombras que son parte de las dimensiones éticas, sociales,
políticas, económicas y culturales de la emigración entre nuestros
dos países”.
Durante varios años a partir de entonces, y en el mismo espíritu
que Ecclesia in America ofrece, y que expresa la carta pastoral de
los obispos católicos estadounidenses en favor del pueblo mexicano,
hemos tratado, en la Arquidiócesis de Miami, de tender un puente
sobre las diferencias emocionales o espirituales que puedan
existir entre los católicos cubanos, ya sea que hayan vivido en el
Sur de la Florida durante 40 años, que hayan llegado a nuestras
costas recientemente, o que sigan dando testimonio de su fe dentro
de la Isla. He mantenido un contacto permanente y una comunicación
abierta con los obispos cubanos, que han compartido personalmente
conmigo y con nuestros obispos auxiliares, sus necesidades y sus
esperanzas en diversas oportunidades y en diversas circunstancias.
A partir de sus visitas y de nuestras conversaciones, y, sobre
todo, a partir de un lenguaje común en la fe y en la misión, a
solicitud de la Conferencia de Obispos Cubanos, el Sur de la
Florida ha auspiciado encuentros de Iglesia a Iglesia entre
representantes de los sacerdotes y los laicos de Cuba, y
representantes de los sacerdotes y laicos cubanos de la
Arquidiócesis de Miami, y de varias otras diócesis de los Estados
Unidos. De los frutos de estos encuentros dan testimonio una mejor
comprensión de todas las partes, y un respeto y amor mutuos que
han tendido un puente sobre diferencias que sólo las ideologías
políticas pueden crear. En el lenguaje integrado de la fe, la
oración y la teología, los representantes de la pastoral cubana
han descubierto en estos encuentros un sentido renovado de la
misión por el bien de la Iglesia en Cuba y fuera de Cuba.
Junto con los líderes de la Iglesia cubana en Miami, la
Arquidiócesis emprendió un proceso inicial para valorar los
sentimientos individuales de los católicos cubanos de Miami en
relación con el desarrollo de una relación de mutuo intercambio y
enriquecimiento espiritual con el pueblo de Cuba. Esto incluyó
entrevistas personales individuales con más de 40 líderes
católicos cubanos de Miami, y una serie de discusiones en pequeños
grupos y de sesiones plenarias, para llegar a un consenso acerca
de una visión común para la Arquidiócesis. La visión que hemos
articulado se expresa más abajo. Nuestro propósito fue el de
comenzar en este nivel individual para establecer las bases de un
encuentro más amplio con todos los líderes y los creyentes de la
comunidad católica cubana de Miami, mediante el cual podamos
seguir desarrollando un lenguaje compartido de fe y de encuentro
con el pueblo de Cuba.
En el espíritu de Ecclesia in America, el grupo de líderes decidió
dar a este esfuerzo el nombre de “En Comunión”.
Tengo la satisfacción de suscribir “En Comunión” como el
fundamento para la misión de la Iglesia Católica de la
Arquidiócesis de Miami de desarrollar una comunión con la
comunidad cubana de Miami y de Cuba:
Visión
1. Reconocer el Dolor de Todo el Pueblo Cubano
Crear un espacio sagrado desde donde podamos reconocer nuestro
dolor personal y entender con empatía y respeto lo que ha
significado el proceso del exilio y el sufrimiento del pueblo en
Cuba durante este tiempo. Tomando en cuenta las diferentes formas
del sufrimiento generadas por este proceso en todo el pueblo
cubano, sin comparaciones, hacer una lectura desde la fe de este
hecho del dolor, mirando los aspectos de redención, que son un
llamado a la misión.
2. Superar Nuestros Miedos
“Ustedes son y deben ser los protagonistas
de su propia historia personal y nacional”.
–Papa Juan Pablo II, Cuba 1998
Aceptar el reto de nuestro protagonismo buscando superar los
obstáculos que nos impiden tomar posturas públicas en libertad
según nuestra conciencia, por medio de la Iglesia como espacio
seguro, apreciando la dignidad del otro, reconociendo el
pluralismo político en Miami y afirmando el derecho a discrepar.
3. Procurar Encuentros Amplios
A partir de un diálogo sincero y honesto, y de un intercambio
intelectual y espiritual, desarrollar un proceso de encuentro con
la Iglesia en Cuba, que lleve al conocimiento, al entendimiento y
la comunión. Como consecuencia de esto, apoyar el papel mediador y
facilitador de la Iglesia en la reconciliación del pueblo cubano.
4. Desarrollar una Pastoral de Acogida
Hacer que los cubanos recién llegados encuentren acogida y
acompañamiento en nuestras parroquias. Que éstas reconozcan las
características, percepciones, situaciones y retos de los que
llegan de Cuba y sepan facilitar su proceso de integración humana,
cultural, social y eclesial.
5. Promover la Ayuda Humanitaria
Inspirados por el mensaje del Papa Juan Pablo II a los Obispos en
Cuba:
“Ayúdenles [los cubanos en la Diáspora], desde la predicación de
los altos valores del espíritu, con la colaboración de otros
Episcopados, a ser promotores de paz y concordia, de
reconciliación y esperanza, a hacer efectiva la solidaridad
generosa con sus hermanos cubanos más necesitados, demostrando
también así una profunda vinculación con su tierra de origen”.
Promover y animar las fuentes de apoyo generoso a los proyectos de
la Iglesia en Cuba, desde su capacidad y disposición de encauzar
la ayuda que proviene de la Diáspora. Manteniendo la autonomía de
las ayudas humanitarias que existen actualmente, se tomará en
cuenta las prioridades pastorales de la Iglesia cubana, para, a
través de ella, llegar a todo el pueblo cubano.
“En Comunión”, por lo tanto, es el fruto de un proceso que sólo
ha comenzado; un proyecto en marcha constituido por entrevistas y
conversaciones personales, y por mejores esfuerzos para ayudar a
la Iglesia de Cuba a la vez que ésta nos expone sus esperanzas y
sus sueños para el presente y el futuro. Esperamos sostener
conversaciones con líderes de la Iglesia en Cuba acerca de este
proceso, y de cómo podemos seguir trabajando para lograr un
encuentro más amplio. Lo que es más, en el espíritu de la Iglesia
Católica en Ecclesia in America, e inspirado por las palabras de
Juan Pablo II en su visita de 1998 a Cuba, espero que “En Comunión”
inspirará a otros muchos grupos y organizaciones del sur de la
Florida a considerer cuán grande es nuestra necesidad de aunar
nuestros recursos para tender puentes de comunicación y de
comprensión entre todos los cubanos, ahora y en el futuro.
Finalmente, éste puede ser también un proceso que ayude
grandemente a los otros muchos grupos de fieles católicos que
residen dentro de nuestra arquidiócesis.
Ponemos este proyecto en las manos amorosas de la Virgen de la
Caridad, Patrona de Cuba. Que ella nos asista en lograr la unidad
de mentes y corazones para todos los hijos de Dios.
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