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En Comunión con las comunidades cubanas de Miami y de Cuba

 


Arzobispo John C. Favalora
 

En el otoño de 1997, fui uno de varios obispos escogidos para representar a los obispos estadounidenses en el Sínodo de América en Roma. En aquella oportunidad, cada día durante un mes y en presencia de nuestro Santo Padre, escuché a los obispos del continente hablar acerca de sus dones y de sus necesidades; en esencia, sobre la Iglesia en América. A partir de sus pensamientos y reflexiones, el Santo Padre escribiría un documento muy significativo: Ecclesia in America, la Iglesia en América.

Hoy, seis años después, sigo teniendo en cuenta las reflexiones del Santo Padre para el ejercicio de mi labor pastoral con la comunidad de la Arquidiócesis de Miami, porque ella representa para todos nosotros un tremendo reto en nuestros esfuerzos comunes por vivir juntos en una sociedad multicultural. Por la misma razón, al observar la población católica de la Arquidiócesis en general, me doy cuenta de que todos debemos prestar atención a los grupos específicos de personas en su constante trayecto espiritual, muchos de los cuales se han exiliado o han emigrado de sus países de nacimiento.

Por ejemplo, en nuestra reunión de los Obispos Católicos de los Estados Unidos en noviembre de 2002, a la que asistió una representación de los Obispos Católicos mexicanos, nos ocupamos de las necesidades específicas del pueblo mexicano, que encara una gran oposición e incontables desafíos dentro de las fronteras de nuestro país. En “Extranjeros nunca más: Juntos en nuestro viaje de esperanza. Carta pastoral sobre la emigración, de los Obispos Católicos de México y de los Estados Unidos”, nosotros, obispos, escribimos: “La Palabra de Dios, y la enseñanza social católica que se inspira en ella, ilumina una comprensión –llena de esperanza, en última instancia– que reconoce las luces y las sombras que son parte de las dimensiones éticas, sociales, políticas, económicas y culturales de la emigración entre nuestros dos países”.

Durante varios años a partir de entonces, y en el mismo espíritu que Ecclesia in America ofrece, y que expresa la carta pastoral de los obispos católicos estadounidenses en favor del pueblo mexicano, hemos tratado, en la Arquidiócesis de Miami, de tender un puente sobre las diferencias emocionales o espirituales que puedan existir entre los católicos cubanos, ya sea que hayan vivido en el Sur de la Florida durante 40 años, que hayan llegado a nuestras costas recientemente, o que sigan dando testimonio de su fe dentro de la Isla. He mantenido un contacto permanente y una comunicación abierta con los obispos cubanos, que han compartido personalmente conmigo y con nuestros obispos auxiliares, sus necesidades y sus esperanzas en diversas oportunidades y en diversas circunstancias.

 A partir de sus visitas y de nuestras conversaciones, y, sobre todo, a partir de un lenguaje común en la fe y en la misión, a solicitud de la Conferencia de Obispos Cubanos, el Sur de la Florida ha auspiciado encuentros de Iglesia a Iglesia entre representantes de los sacerdotes y los laicos de Cuba, y representantes de los sacerdotes y laicos cubanos de la Arquidiócesis de Miami, y de varias otras diócesis de los Estados Unidos. De los frutos de estos encuentros dan testimonio una mejor comprensión de todas las partes, y un respeto y amor mutuos que han tendido un puente sobre diferencias que sólo las ideologías políticas pueden crear. En el lenguaje integrado de la fe, la oración y la teología, los representantes de la pastoral cubana han descubierto en estos encuentros un sentido renovado de la misión por el bien de la Iglesia en Cuba y fuera de Cuba.

Junto con los líderes de la Iglesia cubana en Miami, la Arquidiócesis emprendió un proceso inicial para valorar los sentimientos individuales de los católicos cubanos de Miami en relación con el desarrollo de una relación de mutuo intercambio y enriquecimiento espiritual con el pueblo de Cuba. Esto incluyó entrevistas personales individuales con  más de 40 líderes católicos cubanos de Miami, y una serie de discusiones en pequeños grupos y de sesiones plenarias, para llegar a un consenso acerca de una visión común para la Arquidiócesis. La visión que hemos articulado se expresa más abajo. Nuestro propósito fue el de comenzar en este nivel individual para establecer las bases de un encuentro más amplio con todos los líderes y los creyentes de la comunidad católica cubana de Miami, mediante el cual podamos seguir desarrollando un lenguaje compartido de fe y de encuentro con el pueblo de Cuba.

En el espíritu de Ecclesia in America, el grupo de líderes decidió dar a este esfuerzo el nombre de “En Comunión”.

Tengo la satisfacción de suscribir “En Comunión” como el fundamento para la misión de la Iglesia Católica de la Arquidiócesis de Miami de desarrollar una comunión con la comunidad cubana de Miami y de Cuba:

Visión

1. Reconocer el Dolor de Todo el Pueblo Cubano
Crear un espacio sagrado desde donde podamos reconocer nuestro dolor personal y entender con empatía y respeto lo que ha significado el proceso del exilio y el sufrimiento del pueblo en Cuba durante este tiempo. Tomando en cuenta las diferentes formas del sufrimiento generadas por este proceso en todo el pueblo cubano, sin comparaciones, hacer una lectura desde la fe de este hecho del dolor, mirando los aspectos de redención, que son un llamado a la misión.

2. Superar Nuestros Miedos

“Ustedes son y deben ser los protagonistas
de su propia historia personal y nacional”.

–Papa Juan Pablo II, Cuba 1998

Aceptar el reto de nuestro protagonismo buscando superar los obstáculos que nos impiden tomar posturas públicas en libertad según nuestra conciencia, por medio de la Iglesia como espacio seguro, apreciando la dignidad del otro, reconociendo el pluralismo político en Miami y afirmando el derecho a discrepar.

3. Procurar Encuentros Amplios
A partir de un diálogo sincero y honesto, y de un intercambio intelectual y espiritual, desarrollar un proceso de encuentro con la Iglesia en Cuba, que lleve al conocimiento, al entendimiento y la comunión. Como consecuencia de esto, apoyar el papel mediador y facilitador de la Iglesia en la reconciliación del pueblo cubano.

4. Desarrollar una Pastoral de Acogida
Hacer que los cubanos recién llegados encuentren acogida y acompañamiento en nuestras parroquias. Que éstas reconozcan las características, percepciones, situaciones y retos de los que llegan de Cuba y sepan facilitar su proceso de integración humana, cultural, social y eclesial.

5. Promover la Ayuda Humanitaria
Inspirados por el mensaje del Papa Juan Pablo II a los Obispos en Cuba:

“Ayúdenles [los cubanos en la Diáspora], desde la predicación de los altos valores del espíritu, con la colaboración de otros Episcopados, a ser promotores de paz y concordia, de reconciliación y esperanza, a hacer efectiva la solidaridad generosa con sus hermanos cubanos más necesitados, demostrando también así una profunda vinculación con su tierra de origen”.

Promover y animar las fuentes de apoyo generoso a los proyectos de la Iglesia en Cuba, desde su capacidad y disposición de encauzar la ayuda que proviene de la Diáspora. Manteniendo la autonomía de las ayudas humanitarias que existen actualmente, se tomará en cuenta las prioridades pastorales de la Iglesia cubana, para, a través de ella, llegar a todo el pueblo cubano.

 “En Comunión”, por lo tanto, es el fruto de un proceso que sólo ha comenzado; un proyecto en marcha constituido por entrevistas y conversaciones personales, y por mejores esfuerzos para ayudar a la Iglesia de Cuba a la vez que ésta nos expone sus esperanzas y sus sueños para el presente y el futuro. Esperamos sostener conversaciones con líderes de la Iglesia en Cuba acerca de este proceso, y de cómo podemos seguir trabajando para lograr un encuentro más amplio. Lo que es más, en el espíritu de la Iglesia Católica en Ecclesia in America, e inspirado por las palabras de Juan Pablo II en su visita de 1998 a Cuba, espero que “En Comunión” inspirará a otros muchos grupos y organizaciones del sur de la Florida a considerer cuán grande es nuestra necesidad de aunar nuestros recursos para tender puentes de comunicación y de comprensión entre todos los cubanos, ahora y en el futuro. Finalmente, éste puede ser también un proceso que ayude grandemente a los otros muchos grupos de fieles católicos que residen dentro de nuestra arquidiócesis.

Ponemos este proyecto en las manos amorosas de la Virgen de la Caridad, Patrona de Cuba. Que ella nos asista en lograr la unidad de mentes y corazones  para todos los hijos de Dios.

 


Algunos de los participantes de “En Comunión”, con el Arzobispo Favalora en la Catedral St. Mary, de Miami, el 14 de diciembre de 2002. (Foto: Dora Amador)