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Correo de los lectores
El Proyecto Varela: una luz en la oscuridad
Recién acabo de leer en la Internet la columna de Adele González,
“Un profeta en medio de nosotros” (La Voz Católica, enero
de 2002). Le escribo porque me identifiqué mucho con ella. También
yo llegué aquí bastante joven, en 1967, a los 14 años. Dejé a mi
familia en Cuba, con la que no me pude reunir hasta 28 años
después, tras el fallecimiento de mi madre, con quien nunca más me
pude reunir. Ahora, con 50 años, también he pasado por varias
etapas y todo tipo de sentimientos para poder digerir y procesar
la experiencia de mi exilio y de la ruptura total de mi familia,
no sólo inmediata, sino nacional.
De la columna, me gusta el recordatorio del llamado profético, no
sólo en el sentido del testimonio del profeta, sino en la vocación
del llamado a reflexionar, a ponderar internamente el por qué de
los acontecimientos históricos en los que todos hermos pagado algo
“de los platos rotos”. Dentro de esa jornada, que ha sido tanto
sicológica como espiritual, a veces me he identificado con una
particular manera de “nombrar” la razón de los acontecimientos
para quedarme hueco de razones, sin más que la frustación, el
dolor y la incomprensión tanto de los de adentro como los de
afuera, con los míos como con los que no entienden nuestro dolor.
Siento frustración hasta dentro de mí mismo, al tratar de hacer
cohabitar experiencias totalmente disímiles de la Cuba que dejamos
como de la Cuba que creamos en nuestra imaginación para sobrevivir
el desarraigo; así como de la Cuba que se ha ido dando entre los
cubanos de intramuros al tratar de sobrevivir el cataclismo de 43
años de caos en todas las esferas. Por eso el Proyecto Varela es
“una pequeña luz en la oscuridad”, como decía el canto de entrada
de la Misa del Papa en La Habana. No quiero tampoco ilusionarme
mucho, porque son demasiados años de desilusiones, pero siento que
somos un Pueblo en jornada hacia nuestro nuevo Israel, en Pascua
permanente, y quizas Payá nos ayude a todos a mirar un poco hacia
nuestro interior.
Cuando fui a Cuba en 1979, un funcionario del gobierno me dijo muy
ufanamente frente a la Plaza de la Catedral que Raúl Castro había
expresado que encontrar un a católico en Cuba sería dentro de poco
como encontrar un manatí, una especie que se extingue
progresivamente de nuestra fauna cubana. Cuando entré al recinto
del templo, el presagio parecía muy real: unas viejecitas
encendían velitas y unos pocos niños escuchaban a una anciana que
les hablaba de la Virgen. El panorama no podía parecer más
desolador. Sin embargo, tres años después, ese funcionario
comenzaba a militar en un grupo defensor de los derechos hiumanos,
y se daba la oportunidad de abrirse a la experiencia del Dios
Vivo. Hoy pareciera que alguna luz podría emanar del Proyecto
Varela sustentado en gran parte por la fe de uno de los que se
quedó en las naves vacías de un templo. Parecía que todo se
eclipsaba, pero de nuevo la Luz puede surgir entre la oscuridad.
El comienzo del Evangelio de Juan hace eco: “Desde el principio
estaba la Palabra, y ella vivía en medio de los hombres”. Es esa
Palabra encarnada que ahora nos convoca con una nueva oportunidad
mientras trillamos nuestra jornada individual y de pueblo.
Felicidades por su columna. Gracias por comunicarnos la Esperanza.
Félix Lorenzo
Vía aol.com
Colegios, no “escuelitas”
En la edición correspondiente a enero de La Voz Católica
leí el artículo de Araceli Cantero Guibert, “El precio de ser
católico en Cuba”, sobre Oswaldo Payá. En el mismo, Cantero
escribe que Payá “estudió en una escuelita de barrio con los
hermanos maristas”. ¡Qué sorpresa tuve cuando vi que califica al
Colegio de los Hermanos Maristas del Cerro como una “escuelita de
barrio”! La escuelita tenía más de 1,400 alumnos en 1961.
Los H.H. Maristas tuvieron varios colegios en Caibarién, Camagüey,
Ciego de Ávila, Cienfuegos, la Víbora, Cerro, Holguín y Santa
Clara.
En Cienfuegos y la Víbora tenían dos edificios, uno para la
escuela primaria y otro para la secundaria. Además, contaban con
dos escuelas gratuitas: una en Cienfuegos y la otra en La Habana,
con más de 7,500 alumnos, hasta que el régimen que mal gobierna
nuestra querida patria los expulsó de la Isla en 1961. También en
el exilio existe una Asociación de Antiguos Alumnos Maristas, que
cuenta con alrededor de 1,700 asociados de aquellos colegios.
Alejandro Betancourt
Miami
(Antiguo Alumno Marista, Colegio de Cienfuegos)
Vandalismo contra imagen de la Virgen
En el parquecito detrás del
monumento a Playa Girón, en la Calle 8 y la Avenida 13, hace
muchos años colocaron una preciosa imagen de mármol de la Virgen
María con el Niño en sus brazos. Hace tiempo unos malechores le
cortaron un brazo a la imagen, y recientemente le arrancaron la
cabeza a ese Niño Jesús.
Muchos hablan de que adoramos imágenes y no saben que nosotros
adoramos a un solo Dios, Nuestro Señor. Amamos y veneramos a María
por ser la madre de Jesús, a quien Dios envió al mundo para
enseñarnos el camino que todos debemos seguir. Su doctrina es la
única esperanza para poder vivir en paz.
Mercedes y José Llarena
Miami
Una aventura llena de sorpresas
Revisando las páginas católicas en
internet, he encontrado el artículo del Padre Pedro Corces sobre
las vocaciones, titulado “La aventura de decir ‘sí’”, La Voz
Católica, enero de 2003.
Y lo que más sorpresa me dio fue precisamente el comienzo, donde
dice: “Cuando una persona se compromete a servir a Cristo toda su
vida, se embarca en una aventura que estará llena de sorpresas,
pero, por mucho que crea esto, no está preparada hasta que esa
‘aventura’ aparece en el horizonte”.
Casualmente ayer teníamos un encuentro con jóvenes de una
parroquia del sur de Suecia; el tema fue la Vocación: Cómo es que
ven la vocación desde su propia perspectiva, dentro de un ambiente
totalmente sucularizado donde la religión es vista como algo
negativo, en especial entre los jóvenes.
Yo soy seminarista de la diócesis de Estocolmo; voy cursando el
segundo año, el primero de filosofía.
Soy cubano y vivo en Suecia desde hace ocho años. Estoy aquí por
la misma razón que muchos cubanos están allá, en los Estados
Unidos. Pertenecí a la parroquia de la Catedral de La Habana, en
la época en que el Padre Salvador era párroco allí.
Le deseo al Padre Corces todo lo mejor y que Dios bendiga su
trabajo.
Germán Díaz
Estocolmo
Vía hotmail.com
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