ARCHIVO

BUSQUEDA

PORTADA

 ARQUIDIOCESIS MIAMI
 ARZ. J.C. FAVALORA
 CALENDARIO
 MUNDO Y NACION
 VATICANO
 LIBROS / CINE / ARTE
 IGLESIA EN CUBA
 IGLESIA EN A. LATINA
 OPINIONES
 ESPIRITUALIDAD
 ENLACES

 

El Papa pide reconocer la herencia cristiana en la Constitución de la U.E.

Zenit
Vaticano

El Papa Juan Pablo II ha pedido que la futura Constitución de la Unión Europea reconozca el patrimonio cristiano, en el respeto de la laicidad propia de las estructuras políticas.

El justo reconocimiento de los valores cristianos que han forjado Europa, aclaró, “ayudará a preservar al continente del doble riesgo del laicismo ideológico, por una parte, y del integrismo sectario, por otra”.

El pontífice repitió su propuesta el domingo 16 de febrero en la intervención pronunciada antes de rezar el “Angelus” junto a miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro dedicada a recordar la herencia dejada por los santos Cirilo y Metodio, cuya fiesta se celebró el 14 de febrero.

Los dos santos hermanos desempeñaron en el siglo IX un papel decisivo para la unidad de Europa Oriental y Occidental, tanto a nivel religioso como cultural: fueron los grandes evangelizadores de los pueblos eslavos para quienes crearon el alfabeto cirílico.

“La característica de su apostolado fue la de mantenerse siempre fieles tanto al Romano Pontífice como al Patriarca de Constantinopla, respetando las tradiciones y la lengua de los pueblos eslavos”, recordó el Papa.

“Les animaba un profundo sentido de Iglesia una, santa, católica y apostólica, mientras que la invocación de Jesús ‘ut unum sint’ [‘Que sean uno’]” (Juan 17, 11) constituía su lema misionero”, constató. “Que su ejemplo e intercesión pueda ayudar a los cristianos de Oriente y Occidente a reconstruir la unidad plena”.

“La herencia de los santos Cirilo y Metodio es preciosa también bajo el perfil cultural —dijo el Papa—. Su obra contribuyó, de hecho, a consolidar las comunes raíces cris-tianas de Europa, raíces que con su sabia han impregnado la historia de las instituciones europeas”.

“Precisamente por este motivo se ha pedido que en el futuro Tratado constitucional de la Unión Europea se deje espacio a este patrimonio común de Oriente y Occidente. Una referencia de este tipo no quitará nada de la justa laicidad de las estructuras políticas”, insistió Juan Pablo II.

En alusión implícita a la crónica de estos días, concluyó: “Unidos sobre los valores y recordando el propio pasado, los pueblos europeos podrán desempeñar plenamente su papel en la promoción de la justicia y de la paz en el mundo entero”.

Unión Europea ignora pedido del Vaticano y excluye el nombre de Dios

Fides
Roma

La Convención sobre el Futuro de Europa anunció el 19 de febrero que, a pesar del pedido expreso del Vaticano y numerosas denominaciones religiosas, las referencias a Dios quedarán excluidas del decisivo artículo segundo de la nueva Constitución Europea.

Pese a que el mismo Papa Juan Pablo II dirigió una carta al Presidente de la Convención, Valery Giscard d’Estaing, solicitando incluir “una clara referencia a Dios y a la fe cristiana”, un vocero de la UE informó que se había decidido “prescindir de cualquier referencia a divinidad alguna”.

Una fuente del Vaticano calificó la decisión como “completamente insatisfactoria, pues va en contra del explícito deseo de una parte muy importante de los pueblos europeos”; pero también se mostró pesimista respecto a la posibilidad de un cambio.

Actualmente, la Unión Europea está recibiendo la presión de varios parlamentarios para permitir que Polonia y Malta mantengan su legislación pro-vida sin interferencias de las demás naciones, en su mayoría abortistas.

 

 

¿Perderá Europa sus raíces cristianas?

 

Zenit

Exeter, Inglaterra

 

¿Perderá Europa sus raíces cristianas? Ante las aparentes señales de una creciente indiferencia religiosa en el Viejo Mundo, hay quienes piensan que esta pregunta podría convertise pronto en una afirmación.

Entre los especialistas cuyas respuestas suelen solicitarse en relación con esta problematica, se encuentra la socióloga británica Grace Davie, presidenta del Comité de Sociología de la Religión de la Asociación Sociológica Internacional, profesora de sociología de la religión de la Universidad de Exeter, y autora del libro ‘Europa. La excepción. Parámetros de fe en el mundo moderno’ (Europe. The exceptional case, parameters of faith in the modern world).

La profesora Davie, que dirige el Centro de Estudios Europeos de Exeter, está convencida de que en Europa se ha impuesto la fórmula believing without belonging, es decir, creer sin pertenecer necesariamente a instituciones o comunidades.

En una entrevista reciente, Davie explicó que este fenómeno se debe, en parte, a una Ilustración antirreligiosa vivida por el viejo continente, factor que en los Estados Unidos fue precisamente el contrario. La llamada época de las luces, en los Estados Unidos de América, propició la libertad religiosa, mientras que en Europa la amordazó.

Mientras el fenómeno religioso tiene cada vez más importancia en el mundo, en Europa parecería perder peso. ¿Por qué Europa es una excepción en términos de fe?

El elemento importante es que la relación entre modernización y secularización se explica a partir de las circunstancias de la realidad europea en los tiempos de la revolución industrial. Las iglesias tradicionales estaban profundamente enraizadas en modos premodernos y preindustriales de vida. Por esta razón se vieron amenazadas por las presiones de la industrialización y la urbanización.

¿Perderá su alma Europa?

El “alma” de Europa está cambiando. La gente ya no es religiosa por obligación. Un número significativo de europeos, sin embargo, sigue escogiendo vivir la religión.

Las opciones se amplían cada vez más. Aparecen formas novedosas de religión. Personas que han llegado a Europa, sobre todo por motivos económicos, traen consigo distintas formas de religiosidad.

La cuestión crucial no es la existencia de las diferentes ofertas religiosas, sino la capacidad de los europeos para optar por ellas. Este es el mayor punto de contraste con los Estados Unidos.

Lo que antes fue sencillamente impuesto o heredado, ahora se convierte en una opción personal.

¿Aumentará todavía la fórmula de creer sin pertenecer a instituciones en el contexto europeo?

Sí y no. En cierto modo preferiría el término “religión vicaria”, por el cual entiendo la noción de religión propia de una minoría activa, que actúa en nombre de un número mucho mayor, que no sólo entiende sino que aprueba lo que la minoría hace.

Si es cierto que el peso de las iglesias como institución ha descendido en el período de postguerra, también es verdad que ha sucedido algo semejante a otras entidades, como los partidos políticos o los sindicatos.

La reducción de la actividad de las Iglesias tiene que entenderse como parte de un cambio en la naturaleza de la vida social, y no como un signo inequívoco de indiferencia religiosa.

En otras palabras: creer sin pertenecer es una dimensión persistente en las sociedades europeas modernas, y no está confinada sólo a la vida religiosa.

Es demasiado pronto, sin embargo, para predecir el fin de las iglesias europeas. Mucho antes de que esto ocurriera, empezarían a emerger nuevas formas de religión, dentro y fuera de las iglesias tradicionales. Quizá serán grupos pequeños, pero creo que serán núcleos capaces de llevar a cabo formas de religiosidad substanciales.

¿Responderá Europa a las demandas sociales del Islam?

Lo está haciendo. No sorprende que las comunidades musulmanas reclamen cada vez más un lugar en el espacio público de las sociedades europeas, incomodando en muchas ocasiones a las sociedades que les han acogido, particularmente aquéllas cuyo modo predominante de vida religiosa ha sido el de creer sin pertenecer.

Un Islam privatizado no tiene sentido; de hecho es como una contradicción. El Islam molesta a los cristianos de nombre (por ejemplo, en las crecientes formas privatizadas de religión heredada). Molesta mucho menos a los cristianos que han “elegido” pertenecer a una iglesia determinada.

Pero si las pequeñas y recién llegadas comunidades musulmanas pueden reclamar un espacio público en Europa, de la misma manera lo pueden hacer los cristianos. De hecho, los cristianos ya reclaman su papel en los complejos debates morales de la sociedad moderna, o en la lucha por una sustentación institucional adecuada de todas las sociedades europeas que toman en serio la religión.