La
Iglesia de Venezuela llama al diálogo
para salir del caos

La Directiva de la
Conferencia Episcopal Venezolana, de izquierda a derecha: Mons.
José Luis Aguaje, obispo auxiliar de Barquisimeto y secretario
de las CEV; Mons. Ubaldo Santana, arzobispo de Maracaibo y 1er.
vicepresidente de la CEV; Mons. Baltasar Porras, arzobispo de
Mérida y presidente de la CEV; y Mons. Jorge Urosa Sabino,
arzobispo de Valencia y 2do. vicepresidente de la CEV. (Foto:
CEV)
Dixon González Mestre
Especial para La Voz Católica
La situación económica y social que vive Venezuela es
escalofriante. Se piensa que el desempleo llegará al 45%; que la
economía informal estará en el orden de los 70% y que el precio de
la moneda estadounidense se ubicará para finales de este año entre
3,500 y 4,500 bolívares por dólar. Además, las reservas nacionales
estarán muy por debajo de lo previsto. A esto se suma la
paralización de las industrias y el rígido control cambiario, el
cual hace que la producción sea cero.
Los obispos venezolanos han declarado, en más de una ocasión, que
la única esperanza para salir de la crisis es el diálogo y el
acuerdo, entendiéndose éste como un mecanismo donde debe
prevalecer el amor al país y no los intereses particulares de un
polo u otro.
En la última reunión de obispos realizada a finales de enero,
Monseñor Baltasar Porras Cardozo, presidente de la Conferencia
Episcopal de Venezuela, advirtió que de no conseguirse una pronta
salida a la crisis, el país estará a la puerta de una gran
explosión social, ya que el pueblo se está quedando sin el
sustento diario. Por tal razón alentó a la mesa de negociación a
conseguir caminos claros y oportunos para así buscar la paz
deseada. Para ello se tiene que tomar en cuenta que “negociar es
reconocer que la razón no está de una sola parte y que las
diversidades deben ser analizadas con disposición de encontrar un
camino”, afirmó Monseñor Porras Cardozo. “Lograr acuerdos”, añadió,
“es llegar a puntos concretos de común aceptación”. La Conferencia
Episcopal invitó a la mesa de diálogo nacional “a que se consagren
con urgencia a dar las respuestas que el país aguarda con angustia
y esperanza”.
Pero en vez de ser palabras de aliento, indignaron al gobierno,
que las tomó como una usurpación de parte de la Iglesia Católica
en el panorama político del país, y declaró que la Iglesia no fue
fundada para hacer proselitismo político, sino para atender a sus
feligreses. A esto, la jerarquía eclesiástica respondió que el
papel de la Iglesia es atender a la sociedad en sus necesidades,
sea cual sea el orden social.
Se ha pretendido crear confusión y división entre los católicos
exacerbando las críticas de supuestos o reales defectos de su
dirigencia. El criterio fundamental de valoración es lo político,
la adhesión a un proyecto crecientemente calificado de
revolucionario. De allí se pretende inferir quién sería buen o
mal católico. Varios de los documentos emanados de la Conferencia
Episcopal Venezo-lana durante estos años dan fe de ello. A pesar
de todo, la credibilidad de la Iglesia como institución de
referencia espiritual y ética sigue siendo alta en la mayor parte
de la población, signo de que el sentido eclesial y la sensatez de
la gente son mayores de lo que algunos pretenden.
Los radicales de ambas partes desean que la jerarquía “bendiga”
la opción política por ellos tomada. El equilibrio en estas
situaciones no significa estar fuera de la realidad, sino
mantenerse en el lugar que corresponde, tratando de evitar
manipulaciones que están a la orden del día. No se trata de
equidistancia o neutralidad, porque están en juego valores o
antivalores sobre los que no se debe ni puede callar: la exigencia
de verdad, de paz y justicia, del derecho a vivir en libertad; el
rechazo de la violencia, la exclusión, la división de la sociedad,
del atropello a los derechos humanos.
Monseñor Baltasar Porras animó a sus homólogos a no cansarse ni
dejarse llevar por las sirenas que los aplauden o los vejan, sino
a “mantener la serenidad de espíritu, una tarea espiritual difícil,
pero necesaria, a la que hemos sido fieles en medio de esta
compleja situación. Más que vagos moralismos, recetas de
circunstancia o remedios de imposiciones arbitrarias, nuestra
palabra ha querido ser actualización de principios, valores y
normas universales e interpelación serena a la conciencia y a la
voluntad responsable de los creyentes y de todos los hombres y
mujeres de buena voluntad, para que el mandamiento del amor,
fundado en la verdad, sobresalga por encima de pasiones e
intereses”, puntualizó, el alto prelado venezolano.
La Iglesia Venezolana está desempeñando un papel determinante en
la búsqueda de la paz que se necesita tener, aunque el Gobierno,
con su confusa revolución, ha querido colocarla a un lado, ya que
no van con su juego político. La sociedad venezolana en su gran
mayoría está formada por hombres y mujeres de mucha fe y esperanza,
que mantienen en ella la misma confianza de un hijo hacia su madre,
que sabe que nunca dejará de protegerle, y si eso significa que
hay que luchar con un enemigo aparente, se tendrá que luchar.

Monseñor Roberto Lückert León. (Foto:
CEV)
Caritas de Venezuela ante la hambruna
Dixon González Mestre
Especial para La Voz Católica
Para Monseñor Roberto Lückert León, Arzobispo de Coro y presidente
de Caritas de Venezuela, lo más preocupante para la institución
que él preside es el alto nivel de hambruna que se avizora en el
país, ya que la actual crisis ha causado gran escasez en los
insumos diarios. En gran medida esto se debe a la falta de
combustible y la paralización de las industrias de la producción,
estancando al país casi en un nivel cero.
Pero Monseñor Lückert no se rinde, es enfático en afirmar que la
Iglesia tiene la obligación de insistir en confiar en Dios.
“Yo como pastor de un pueblo, estoy consciente de que estamos
atravesando una de las peores crisis de nuestra historia”, expresó
Monseñor Lückert. “Pero estoy convencido que nuestro país es
grande y generoso, y que los que integramos este territorio somos
personas altamente capacitadas para emprender el progreso que se
necesita”.
El alto prelado venezolano, junto con todas las organizaciones
amigas de la Iglesia en Venezuela, han organizado un plan de
contingencia para intentar prevenir la gran hambruna nacional que
dicen se avecina. “Estamos listos, aunque no contamos con grandes
recursos, Caritas Venezolana puede ayudar en la medida que sea
necesario, pero le rogamos Dios que no lleve al país a esta
situación deplorable, y por eso invito a todos los hombres y
mujeres que aman a su tierra a no dejarse vencer, que sigan
luchando por el ideal que un día Nuestro Libertador Simón Bolívar
nos enseñó, y que lamentablemente, el gobierno con su alocada
revolución ha querido distorsionar. Un país que desea progresar y
desarrollarse, lo primero que tiene que hacer es buscar vías de
bienestar, y para eso deben de haber fuentes de empleos,
industrias abiertas y apoyadas con planes macro que ayuden a
generar riquezas, disminuyendo la pobreza”, expresó el presidente
de Caritas de Venezuela y añadió: “Sabemos que el Gobierno lo que
desea es tener una caja chica con los pocos recursos que posee,
sastifacer sus necesidades particulares, y decirle al pobre que
la única salida a la crisis es que ellos tengan derecho a las
riquezas sin mucho esfuerzo”.
Para Monseñor Lückert León, está claro que la virtud de la
esperanza es la única herramienta factible para salir del
atolladero en que se encuentra el país. “Somos un pueblo noble y
grande”, dijo, “y ese fundamento es el que predominará para ver la
luz que todos queremos ver”.
Nuncio a venezolanos: Basta de violencia e insultos
CARACAS (ACI) – El Nuncio Apostólico en el país, Mons. André Dupuy,
pidió a los venezolanos que apoyen todas las iniciativas que
busquen la paz, la reconciliación y la unión.
En medio de la crisis política que sacude a todos los estamentos
nacionales, Mons. Dupuy aseguró que apelar a las armas, lanzar
bombas lacrimógenas o insultar, son actos que no permitirán que el
país alcance los objetivos de una sociedad consolidada en el
respeto y la democracia.
Durante la toma de posesión de Mons. José Morón Hidalgo como nuevo
Obispo de Acarigua-Arauca, el Nuncio alabó la iniciativa de
organizar un partido de fútbol para aliviar la tensión nacional, y
pidió “realizar muchos encuentros de fútbol, o cualquier otra
iniciativa que aúne en lugar de separar, que reúna en lugar de
dividir”.
“Debemos alegrarnos cuando vemos a tanta gente que,
espontáneamente, sale a la calle a manifestar en forma pacífica”,
aseguró el Nuncio Apostólico, y pidió a todos asumir el propósito
de “construir comunidades fraternas en las que toda persona,
independientemente de su ideología o etiqueta política, sea
acogida con respeto, por sí misma, y pueda expresarse libremente”.
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