Mons. Boza Masvidal: un Pastor en el exilio que obró con un
corazón sin fronteras

Mons. Eduardo Boza Masvidal a los pocos meses de llegar al
exilio. Esta foto es de 1962, año en que dedicó mucho tiempo a
los niños de la Operación Pedro Pan. (Foto Archivo)
Jackeline García de Giraldo
Especial/La Voz Católica
CARACAS-
Partió a la Casa del Padre Mons. Eduardo Boza Masvidal. El Obispo,
nacido en Camagüey (Cuba), fue titular de Vinda y Auxiliar de La
Habana. Vivió en la diáspora por más de 40 años, y su labor ha
sido un ejemplo de santidad y amor patrio que será modelo para
generaciones futuras.
El jueves 20 de marzo, Mons. Eduardo Boza Masvidal fue llevado a
su última morada terrenal en la Catedral San Felipe Neri de la
Diócesis de los Teques, en Venezuela, país que lo acogió desde
marzo de 1962, luego de su destierro de Cuba, y en cuya Iglesia
ejerció, a partir de 1969, su ministerio episcopal como Vicario
General.
Mons. Boza, en contra de su voluntad, partió hacia La Coruña,
España, el 17 de septiembre de 1961, en el barco Covadonga. Este
16 de marzo partió de nuevo, pero por voluntad del Padre y con
destino a su regazo, para gozar eternamente del Reino.
La celebración eucarística exequial fue presidida por Mons. Ramón
Ovidio Pérez Morales, Arzobispo-Obispo de Los Teques, y
concelebrada por el Nuncio Apostólico en Venezuela, Mons. André
Dupuy y el Presidente del Episcopado Venezolano, Mons. Baltazar
Porras. También participaron en la ceremonia el Secretario de la
Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, Mons. Emilio Aranguren,
Obispo de Cienfuegos; Mons. Agustín A. Román, Auxiliar de Miami;
prelados venezolanos, sacerdotes cubanos y de Los Teques,
autoridades civiles y centenares de feligreses devotos del insigne
Pastor.
La homilía, a cargo de Mons. Román, subrayó, fundamentalmente, que
el lema de Mons. Boza ––“no he venido a ser servido, sino a servir”––
fue eje de su vida y de su servicio pastoral. Antes de la
bendición final, se leyeron mensajes y comunicados de la Santa
Sede y de los Episcopados de Cuba y Venezuela.
Antes de sepultar los restos del “Padre Obispo”, el féretro fue
rociado con tierra cubana y cubierto con los pabellones nacionales
de Cuba y Venezuela. Se realizó una procesión alrededor de la
Catedral y al final fueron entonados el himno nacional cubano y la
canción Cuando salí de Cuba.
En las exequias, de gran emotividad, se palpó la hermandad
sembrada entre venezolanos y cubanos por este hombre de Dios que
no conoció fronteras. Las calles circunvecinas estaban decoradas
con su retrato, entre banderas de ambos países enlazadas con una
cinta negra como señal de luto.

Como un “premio” consideró Mons. Emilio Aranguren, Obispo de
Cienfuegos (primero a la izquierda), el poder asistir a las
exequias de Mons. Boza. (Fotos: Jackeline García de Giraldo)

Pabellones de ambos países cubrieron el
féretro del “Obispo Padre”. Miles de personas acompañaron el
cortejo hasta el cementerio.
|