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Educadores católicos
deben expandir su misión
Carol Zimmermann
CNS
Los educadores católicos han sido exhortados a educar a los
adultos en este país y a ofrecer puntos de vista alternativos ante
las actuales corrientes en la cultura americana.
La invitación a la acción fue presentada el 24 de abril durante
una de las sesiones generales de la convención anual de la
Asociación Nacional de Educación Católica, que duró del 22 al 25
de abril en St. Louis y a la que asistieron 14,000 delegados.
La oradora principal, Margaret O’Brien Steinfels, autora y ex
editora de la revista Commonwealth, exhortó a los educadores a que
reflexionen cómo la educación católica “debe expandir su misión,
extender su alcance, enriquecer a la comunidad católica y por ende
enriquecer la cultura. Dedíquense a lograr más para mayor número
de personas”.
Steinfels dijo que pensaba ir más allá de los medios tradicionales
de educación, proponiéndoles a los maestros que se pregunten qué
tipo de ideas y conocimientos se requerirían para “participar con
actitud crítica” en nuestra cultura. “¿Qué conceptos, qué marcos,
qué virtudes se pueden extraer de 2,000 años de teología,
filosofía, música, escultura, novela y poesía para enseñar a
nuestra cultura algo de la dignidad humana y de la comunidad
humana?”, preguntó.
“Nuestra Iglesia y nuestra cultura, ambas, han tenido un año
pasado difícil”, dijo Steinfels, subrayando que el escándalo de
abuso sexual de algunos clérigos había sido “la más grave crisis
que la Iglesia Católica ha afrontado en este país”. Lo que sucede
en la Iglesia y en los Estados Unidos, afirmó, es que “ambos
sufren de heridas infligidas por mano propia, provenientes de la
presunción de algunos de nuestros religiosos y dirigentes
políticos: una desafortunada percepción de que están más allá de
la ley, más allá de cualquier escrutinio moral”.
La ironía de los tiempos presentes, añadió, es que la Iglesia
Católica, “que debería ser uno de los críticos más astutos y
efectivos de esta nueva política exterior, se encuentra al momento
constreñida por la camisa de fuerza eclesial que ella misma se ha
impuesto”.
Steinfels señaló que la Iglesia también experimenta una transición
de envergadura, tanto generacional como demográfica. La Iglesia de
“nuestros padres y nuestros abuelos, con su profunda cultura y
comunidad fuerte, está pasando”, dijo.
En su lugar está lo que ella llamó la generación del Segundo
Concilio Vaticano, y muchos de ellos son ahora dirigentes de la
Iglesia. Los católicos de la siguiente generación, a quienes les
dio el título de generación del Post-Vaticano II, “parecen
ambivalentes e incluso remisos para absorber y revitalizar la
tradición católica”, añadió.
El cambio demográfico en la Iglesia ha sido el cambio de
dirigencia en las instituciones de la Iglesia, que han pasado de
una dirigencia clerical y religiosa a una dirigencia de laicos,
dijo Steinfels. Los católicos deben asegurarse de que en esta
transición “se preserve la integridad de la tradición católica y
de nuestras instituciones católicas, al tiempo que se le da
respuesta a los nuevos y crecientes retos de la cultura
americana”.
Lo que necesitan hacer las escuelas católicas en este ambiente de
cambio, señaló, es preparar a los estudiantes para que confronten
la cultura americana y le ofrezcan algo diferente.
Por ejemplo, explicó, los católicos pueden enfrentar la cultura
actual, tan embebida en su tecnología, medios de difusión,
ciencia, medicina, psicología y mercados mundiales, con la
tradición de fe en la que se asegura “que hay más sentido en este
mundo de lo que podamos ver con nuestros microscopios y
telescopios; más de lo que podamos manipular con nuestros
catálogos genéticos e instrumentos quirúrgicos, más de lo que
podamos ver en televisión y en lo que nos llega por internet”.
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