Iglesia de Eucaristía
El texto es una reflexión teológica y pastoral sobre el Misterio
eucarístico en su relación con la Iglesia
ACI / Ciudad del Vaticano
El 17 de abril, durante la Misa de la Cena del Señor, el Papa Juan
Pablo II firmó su decimocuarta Carta encíclica –la más breve de
todas- titulada “Ecclesia de Eucharistia”, en la que llama
a los fieles a renovar la piedad eucarística en el fondo y en la
forma.
En su Catequesis del 21 de junio de 2000, el Papa había dicho que
“La Eucaristía es sacramento ‘misionero’, no sólo porque de ella
brota la gracia de la misión, sino también porque encierra en sí
misma el principio y la fuente perenne de la salvación para todos
los hombres. Por tanto, la celebración del sacrificio eucarístico
es el acto misionero más eficaz que la comunidad eclesial puede
realizar en la historia del mundo”.
El texto, a pesar de su brevedad en comparación con anteriores
encíclicas, presenta una reflexión sobre el Misterio eucarístico
en su relación con la Iglesia en sus aspectos tanto teológicos,
disciplinares como pastorales.
El documento, de seis capítulos y una conclusión, señala en su
introducción que el Sacrificio eucarístico, “fuente y cima de toda
la vida cristiana”, engloba todo bien espiritual de la Iglesia, es
decir, Cristo mismo que se ofrece al Padre para la redención del
mundo. Al celebrar este “misterio de la fe”, la Iglesia hace
perennemente “contemporáneo” el Triduo Pascual a todos los hombres
de todos los siglos.
Primer Capítulo
En el primer capítulo, titulado “Misterio de la fe”, el Pontífice
explica el valor de la Eucaristía, que, por el ministerio del
sacerdote, hace sacramentalmente presente en cada Misa el cuerpo y
la sangre del Señor para la salvación del mundo.
Al respecto, el Santo Padre señala que la celebración de la
Eucaristía no es una mera “repetición” de la Pascua de Cristo, su
multiplicación en el tiempo y los diversos lugares, sino el único
Sacrificio de la Cruz que se hace presente hasta el fin de los
tiempos.
Así, como prenda del Reino futuro, la Eucaristía “estimula el
sentido de responsabilidad de los creyentes respecto al mundo
presente”, donde los más débiles, los más pequeños y los más
pobres esperan la atención de alguien que, con su solidaridad, les
ayude a esperar.
Segundo Capítulo
“La Eucaristía edifica la Iglesia” es el tema del segundo capítulo,
que Juan Pablo II dedica a explicar cómo el Pan y el Vino son la
fuerza que da unidad a la Iglesia.
“Ésta se une a su Señor que, bajo la apariencia de las especies
eucarísticas, habita en ella y la edifica”. Lo adora no solamente
durante la Santa Misa, sino en todo momento, custodiándolo como su
más preciado “tesoro”.
Este misterio tiene lugar porque, según el Santo Padre, al recibir
la Eucaristía, el fiel no sólo recibe a Cristo, sino que es
acogido por Cristo, que lo une a todos los demás miembros de la
Iglesia.
Tercer Capítulo
Este capítulo, “Apostolicidad de la Eucaristía y de la Iglesia”,
está dedicado a explicar cómo no hay verdadera Eucaristía sin el
Obispo, Sucesor de los Apóstoles, y mediante el cual llega a cada
sacerdote la potestad de transformar el pan en Cuerpo del Señor.
Al respecto el Papa indica que “quien ‘hace’ la Eucaristía actúa
en persona de Cristo Cabeza”; por eso no posee ni puede disponer
de la Eucaristía, sino que es siervo para el bien de la comunidad
de los redimidos. De esto se sigue que la comunidad cristiana no
“posee” la Eucaristía, sino que la recibe como don.
Cuarto Capítulo
“La Eucaristía y la comunión eclesial” es el tema abordado en el
capítulo cuarto, en el que el Sumo Pontífice señala que la
Iglesia, al administrar el Cuerpo y la Sangre para la salvación
del mundo, se atiene a lo que Cristo mismo ha establecido.
“Fiel a la doctrina de los Apóstoles, unida en la disciplina
sacramental, debe manifestar incluso de manera visible la unidad
invisible que la caracteriza”.
Refiriéndose a la costumbre de algunas comunidades de realizar
Misas “interreligiosas”, en las que miembros de otras
denominaciones que no creen en la presencia real del Señor en la
Eucaristía son invitados incluso a comulgar, el Papa recuerda que
“la Eucaristía no puede ser ‘usada’ como instrumento de comunión”,
sino que, más bien, la presupone y la convalida.
“La Eucaristía crea comunión y educa a la comunión cuando se
celebra en la verdad”, dice al respecto el Santo Padre. Por ello,
no puede estar a merced del arbitrio de los individuos o de
comunidades particulares.
Quinto Capítulo: normas
El quinto capítulo está dedicado al “decoro de la celebración
eucarística”, y en éste el Santo Padre señala que “la celebración
de la Misa comprende aspectos exteriores cuyo cometido es subrayar
la alegría que embarga todos los que se reúnen en torno al don
inconmensurable de la Eucaristía”.
Por ello, señala que la arquitectura, la escultura, la pintura, la
música, la literatura y, en general, el arte en todas sus
manifestaciones, “dan testimonio de cómo la Iglesia a lo largo de
los siglos no ha tenido reparos en ‘derrochar’ para mostrar así el
amor que la une con su divino Esposo”.
También en las celebraciones de hoy se ha de recuperar el gusto
por la belleza, indica al respecto Juan Pablo II.
Sexto capítulo: María
“En la escuela de María, mujer ‘eucarística’”, es el título del
último capítulo, centrado en la analogía entre la Madre de Dios,
que gestó el cuerpo de Jesús y se convierte en el primer
tabernáculo, y la Iglesia, “que en su seno custodia y da al mundo
la carne y la sangre de Cristo”.
La Eucaristía, dice el Pontífice, “se da a los creyentes para que
su vida sea un perenne Magnificat a la Santísima Trinidad”.
Finalmente, en la conclusión, el Papa señala que quien desea
seguir el camino de la santidad no necesita nuevos ‘programas’. El
programa ya existe: es Cristo mismo, a quien “se debe conocer,
amar, imitar y anunciar”.
La “puesta en práctica de este programa pasa a través de la
Eucaristía”, dice el Pontífice, al señalar que esto “lo atestiguan
los Santos”, que “en cada instante de su vida han saciado su sed
en la fuente inagotable de este Misterio, obteniendo de él fuerza
espiritual para realizar plenamente su vocación bautismal”.
Lea la encíclica “Iglesia de Eucaristía” en www.vozcatolica.org |