La “hacedora de
milagros”
La Hermana Vivian Gómez, directora de la escuela
St. Jerome, es nombrada Directora del Año de los Educadores
Católicos del país

La Hermana Vivian Gómez con Vinnie Zann, Yasmin Haniff y Danny
González. Foto: Ana Rodríguez-Soto
Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
En la Escuela St. Jerome, la Hermana Vivian Gómez es más que la
directora. Padres, colegas y ex alumnos la llaman una “hacedora
de milagros”.
El 23 de abril, la Asociación Educacional Católica Nacional le
adjudicó un nuevo título: el Premio al Director Escolar
Distinguido de 2003 en la Región Suratlántica. Gómez estuvo entre
los 12 directores escogidos de entre 7,000 directores de las
Escuelas Católicas.
Ésta es la segunda vez en tres años que un director escolar de la
arquidiócesis gana esta distinción nacional. En 2000 fue escogida
Carlota Morales, que actualmente es la directora de la Escuela
Sts. Peter and Paul, en Miami.
“Uno no le puede decir que no a la Hermana Vivian. Ella obra
milagros”, dice Caroline Behrman, que se graduó en St. Jerome en
1986 y ahora trabaja allí como directora adjunta.
La Hermana Gómez, miembro de la orden de San Felipe Neri, asumió
el cargo de directora en 1986, debido precisamente a que la
escuela, ubicada en un barrio residencial una cuadra al sur de la
Carretera Estatal 84 y al este de la I-95, estaba en peligro de
cerrar sus puertas.
Las familias jóvenes se estaban marchando, atraídas por los
suburbios del oeste de Broward; la matrícula había disminuido a
163 alumnos, la mitad de la capacidad de la escuela, y la
acreditación de ésta se veía impedida por la falta de una
biblioteca lo suficientemente grande.
“Yo no quería que tuvieran que cerrar la escuela. De ningún modo”,
dijo la Hermana Gómez, que ha dedicado toda su vida religiosa a
St. Jerome, donde comenzó enseñando matemática de nivel intermedio
en 1967.
Decidida a garantizar la supervivencia de la escuela, le pidió
prestados $3,500 a una persona amiga, y fue de parroquia en
parroquia vendiendo boletos para la rifa de un Camaro. Recogió
dinero en la Calle Ocho, organizó innumerables cenas y desayunos
después de Misa, y por fin recaudó un tercio del importe total de
un nuevo edificio para la biblioteca, cantidad sufiente para
persuadir a la junta de construcción de la arquidiócesis para que
le prestara el resto del dinero.
Tan pronto como la edificación estuvo terminada, regresó en busca
de más fondos, argumentando que una sección preescolar era clave
para lograr la supervivencia de la escuela. Su carta de triunfo
fue que alguien había donado a la escuela un lote de terreno por
valor de $500,000. Empleando el valor del terreno como un fondo
colateral, consiguió otro préstamo y construyó la sección
preescolar. La matrícula aumentó inmediatamente.
“Todo es reto en la vida”, dice la Hermana Gómez. “Pero, poco a
poco, uno supera cada obstáculo. Hay mucho más de positivo que de
negativo”.
Pedro Pan
Nacida en Cuba, e hija mayor de un prominente banquero, la vida de
la Hermana Gómez cambió totalmente a sus 17 años de edad.
Estudiaba ingeniería química, participaba en el movimiento de
Acción Católica y estaba considerando su ingreso en una
institución secular, cuando Fidel Castro tomó el poder. En agosto
de 1961, su padre le dijo: “Te vas para los Estados Unidos el
sábado”.
Fue uno de los 14,000 niños que llegaron sin sus padres a este
país durante la Operación Pedro Pan, y que fueron albergados por
la Iglesia Católica. Su estancia en Camp Kendall, en Miami, duró
sólo tres meses. Su contacto con las Hermanas de San Felipe Neri,
que formaban el personal de la instalación, la convenció de que
tenía vocación religiosa, de modo que se trasladó al convento de
las Hermanas en Reno, Nevada, para poner a prueba su llamado.
Las Hermanas, recuerda, “eran tan abiertas, tan alegres, que me
sentí como si estuviera en mi propia casa. Procediendo de un
protector ambiente familiar en Cuba, aquello “fue realmente una
bendición. Como pasar de un hogar a otro”.
Uno por uno, todos sus familiares fueron llegando. Primero, su
hermano; después, su padre; luego, su madre y su hermana. Se
establecieron en Miami, mientras que la joven Vivian permaneció en
Reno.
Pero necesitaba el permiso de sus padres para ingresar en la
orden, y ellos no estaban preparados para otorgarlo. De modo que
llegó a un acuerdo con ellos: viviría con sus padres un año en
Miami si le daban su consentimiento.
“Pensaron que podrían disuadirme”, explica.
En 1963, partió rumbo a la sede principal de la orden, en
Barcelona, España, de donde regresó al sur de la Florida después
de hacer su profesión final en 1967. Sus conocimientos de inglés y
de matemática la convirtieron en la candidata ideal para un puesto
de enseñanza en la escuela de Fort Lauderdale donde las Hermanas
de San Felipe Neri habían trabajado desde su fundación en 1961.
“La lección vital que aprendí de la experiencia de Pedro Pan me
acompaña hasta el día de hoy: lo que verdaderamente importa no es
lo que usted posee materialmente, sino lo que tiene en valores y
en conocimiento”, dice la Hermana Gómez.
Es una lección que ella ha tratado de impartirles a sus alumnos,
muchos de los cuales enseñan ahora en St. Jerome, mientras que
otros tienen a sus hijos estudiando allí. La Hermana Gómez calcula
que, sobre un promedio de 30 estudiantes al año durante 36 años,
por sus manos han pasado las vidas de más de 1,080 niños.
“Cuando uno piensa en St. Jerome, piensa en la Hermana Vivian, y
también en todas las monjas”, dice Kathy Murray –que se graduó
allí en 1978 y en 2000 se convirtió en la bibliotecaria de la
escuela–, refiriéndose al hecho de que St. Jerome es la única
escuela en el condado de Broward que todavía es dirigida y operada
por miembros de la orden religiosa que la fundó.
Paseando su mirada por la biblioteca, Murray señala con orgullo
los trofeos que ella y sus compañeros de clase ganaron en las
competencias de matemática patrocinadas por la Escuela Secundaria
St. Thomas Aquinas. Bajo la dirección de la Hermana Gómez, St.
Jerome logró estar siempre entre los primeros cuatro lugares.
“Ella ha sido una gran fuente de inspiración, porque siempre
enseñaba con entusiasmo. Se podía decir que amaba lo que hacía, y
siempre estaba presente para ayudarlo a uno a hacer lo mejor”,
dice Murray.
“Aquí ocurrieron grandes cosas bajo su dirección”, dice Mary
Dinnen, una experimentada maestra que se retiró de las escuelas
públicas hace 17 años para enseñar en St. Jerome. Dinnen es
actualmente la especialista en lectura de la escuela, y en 1997
fue nombrada la maestra del año de la Asociación Educacional
Católica Nacional.
“La Hermana Gómez”, dice Dinnen, “no sólo cuenta con credenciales
académicas, “sino que posee el don de saber tratar a todo el mundo:
estudiantes, personal administrativo, maestros”.
De hecho, la Hermana Gómez se considera a sí misma, en primer
lugar y por encima de todo, una maestra.
“Pienso que debí haber ganado como maestra distinguida”, dijo.
“La directora tiene que ser una maestra, y sentir como una maestra,
para ser realmente eficaz y ayudar a los estudiantes”.
Una sociedad que ha cambiado
Hoy el reto es mayor, señaló, que cuando comenzó a enseñar, hace
36 años.
“Los muchachos de hoy son completamente diferentes. Tienen un
conjunto de problemas que antes no tenían”, dice la Hermana Gómez.
En aquella época, por ejemplo, en una clase de 30 estudiantes,
aproximadamente tres se veían afectados por el divorcio de sus
padres. Hoy la proporción es inversa: de cada 30 alumnos,
posiblemente sólo tres provienen de hogares que se han mantenido
intactos.
“Vivimos en una sociedad que se encuentra en estado de caos”, dice
la Hermana Gómez. “Los niños no parecen tener la alegría de antes.
Debemos ofrecerles una sensación de seguridad, crear en la escuela
una especie de hogar”.
Con este fin, una de las primeras cosas que ella hizo como
directora, fue crear un programa para después de clases que
ofreciera algo más que el simple cuidado de los niños. Mediante un
pago adicional, los alumnos pueden matricularse en clases de
ballet, de karate, de gimnasio o de computación, enseñadas allí
mismo por especialistas.
La escuela tiene un programa de jardinería para alumnos desde
prekindergarten hasta tercer grado, un club de español desde
prekindergarten hasta octavo grado, un club de ciencias desde
primero hasta tercer grado, un club de salud y ejercicios, y SWAT
(Estudiantes que Trabajan Contra el Tabaco, por su sigla en inglés),
desde sexto hasta octavo grados.
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