Obispos venezolanos alertan sobre el totalitarismo
Mensaje del Episcopado Venezolano
30ª. Asamblea Extraordinaria
30 de abril de 2003
“La caridad de Cristo nos urge”
(2 Corintios 5,14.)
1. Los Arzobispos y Obispos de Venezuela, como pastores y guías de
nuestro pueblo, reunidos en la XXX Asamblea Extraordinaria, nos
sentimos urgidos por el mandato de velar por la dignidad de la
persona humana y el bien común. Ello nos lleva a compartir con
todos los hijos de la Iglesia, así como con los hombres y mujeres
de buena voluntad, una serie de inquietudes que percibimos y de
reflexiones que hacemos en nuestro permanente contacto con la
gente. Prueba de ello han sido nuestras reiteradas intervenciones
y pronunciamientos.
2. “La caridad de Cristo nos urge” hoy, más que nunca, ya que,
como sucesores de los apóstoles, los Obispos tenemos la
obligación de evangelizar, santificar y conducir a todos los
creyentes en el seguimiento de Cristo; tenemos, también, el
mandato de llamar a la conciencia, a la búsqueda y respeto de la
verdad, y a la serenidad de espíritu, convencidos de la necesidad
de defender, de manera coherente y transparente, con valentía y
fortaleza, los valores de la libertad, de la justicia, de la
convivencia fraterna. Con ello pretendemos cultivar el entusiasmo,
para no desfallecer en la tarea de construir una sociedad
democrática, en la que todos tengamos cabida.
3. En este momento de tantas angustias de la mayoría de los
venezolanos, compartimos sus penas y sufrimientos. La pobreza, el
desempleo, la ocupación informal, la desesperación de quienes no
encuentran futuro cierto, no nos permiten quedarnos con los brazos
cruzados. ¿Podemos consentir que el odio y la descalificación, la
intolerancia y el desprecio, prevalezcan sobre el respeto del
otro, la sensatez, el sano pluralismo? El aumento de las muertes
violentas, el secuestro y el chantaje, el armar a la población
civil, no pueden inhibirnos en buscar respuestas, ni
incapacitarnos para encontrar soluciones.
4. Las descalificaciones, difamaciones y calumnias que sufre la
Iglesia Católica como institución, tanto en sus obispos como en
sus sacerdotes y laicos, no deben ser ocasión para el desaliento.
Reafirmamos nuestra voluntad de seguir al lado del pueblo, con
nuestras obras de servicio y fraternidad, con la acogida sincera
en la oración, en las expresiones auténticas de nuestra fe y
religiosidad; con la predicación de la verdad, con las armas del
Espíritu Santo que nos invita a asirnos a la fuerza transformadora
de Cristo Resucitado. El vigor de la fe y la experiencia milenaria
de la Iglesia son ejemplos que nos animan. El bien y la verdad
triunfan siempre sobre la arbitrariedad y la imposición.
5. Vastos sectores del pueblo venezolano ven con preocupación los
esfuerzos por implantar lo que, sucesivamente, se ha ido
denominando “proceso de cambios”, “proyecto” y “revolución”, con
progresiva vocación totalizante, política, socioeconómica e
ideológicocultural. El pueblo no logra entender cuál es su base
constitucional y su legitimidad democrática. A este respecto,
reiteramos que “es importante impulsar la profunda necesidad de
cambio en una dirección correcta para que dotemos al país de un
proyecto compartido con todos”, porque “está bien claro que no se
trata de volver hacia épocas anteriores, sino de corregir sus
deficiencias y afianzar cuanto favorezca la auténtica
participación de los que hasta ahora han sido excluidos” (CEV. “El
camino hacia la paz”, n. 9 y 11, 11 de enero 2002).
6. Muchos hombres y mujeres de buena voluntad se preguntan sobre
el propósito de las leyes que se discuten en la Asamblea Nacional,
particularmente las que se refieren a la participación popular, la
estructuración social, la organización económica, el sistema
educativo, la creación cultural, la actividad de los medios de
comunicación social, el terrorismo. ¿Por qué se busca implantar
por las vías legal y administrativa como un proyecto impuesto, lo
que debe ser un proyecto compartido?
7. No hay patria sin virtud. La virtud compromete toda la vida de
quien está ante un valor inalienable que hay que defender con
valentía, lucidez y responsabilidad. “La Buena Noticia, de la que
somos responsables y que debemos llevar a los otros, es una
palabra de liberación. No es un mensaje utópico, sino real; no es
para mañana, sino para hoy. Este mensaje, más que una revolución,
anuncia una redención. Ahora bien, nosotros no participamos en la
lucha por la redención con las mismas armas con las que se
participa en una revolución. En esta lucha, no podemos
equivocarnos de armas. Debemos hacerlo con las “armas” de la paz,
que son las del Espíritu. Nosotros combatimos con el amor, el
perdón y la reconciliación. Son instrumentos “temibles” e
“invencibles”, porque son los de Dios. Son armas que nadie nos
debe quitar” (Nuncio Apostólico, 28-4-03. Ver también, CEV,
“Entendámonos para sobrevivir”, 18-10-02).
8. Ante la existencia de posiciones tan antagónicas que nos
podrían llevar a un verdadero colapso nacional, se impone, con
urgencia, la necesidad de una consulta popular, es decir, de una
respuesta pacífica, democrática, constitucional y electoral al
actual estado de cosas, de modo que se restituya la confianza y la
tranquilidad al país, y se refuercen la institucionalidad y la
legitimidad. Para ello existe en el ordenamiento jurídico actual
la posibilidad de una salida constitucional: el referéndum
revocatorio. Ahora bien, el cabal ejercicio de este derecho exige
respeto a las reglas de juego, un cronograma claro y preciso, los
recursos financieros y logísticos y, muy en particular, la
transparencia en el proceso electoral. En el momento presente, y
como premisa ineludible, la designación de un Consejo Nacional
Electoral, imparcial y eficaz, es una prueba de autenticidad para
la democracia. En este sentido hacemos un llamado a los poderes
públicos, conscientes de que dilaciones y entorpecimientos
producen en el pueblo desconfianza, inconformidad y rechazo.
9. La proximidad del primero de mayo, fiesta de los Trabajadores,
es una invitación a la reflexión y a la solidaridad. Hoy, en
nuestro país, está resultando un privilegio tener un empleo
estable. En efecto, cada día se cierran más y más fuentes de
trabajo con la desaparición de empresas; se producen despidos
masivos y arbitrarios, tanto en el ámbito civil: -la industria
petrolera, la marina mercante, los empleados públicos-, como en el
militar. La ocupación informal o la búsqueda individual de la
supervivencia no pueden ser la solución definitiva y equitativa.
También aquí se impone el respeto de la legalidad establecida y la
concertación, no la eliminación de la organización que los mismos
actores sociales se han dado.
10. Nuestra fe en Jesucristo nos lleva a “esperar contra toda
esperanza” (Rom 5, 18); a creer en las personas y en su capacidad
de conversión; a estar convencidos de que el amor vence al odio,
la bondad al mal, la generosidad al egoísmo, la sinceridad a la
intriga. Jesucristo nos enseña, con su palabra y ejemplo, que,
aunque hay que pasar por el sacrificio de la cruz, el triunfo de
la resurrección es el horizonte que nos espera. Queremos que toda
la Iglesia en Venezuela renueve esta fe, consolide la esperanza y
se afiance en construir la civilización del amor.
11. Como Obispos seguiremos acompañando a nuestro pueblo en la
renovación moral y económica del país que queremos, de la cultura
cristiana que nos enorgullece y de la construcción del futuro que
anhelamos. Nuestra patrona nacional, la Virgen de Coromoto, cuya
imagen peregrina por todo el país, y que en los próximos días
estará en Caracas, nos una y nos bendiga, para seguir aportando,
con ilusión y esperanza, lo mejor de nosotros mismos, a fin de que
Venezuela sea la casa común de todos.
Con nuestra bendición.
Arzobispos y Obispos de Venezuela.
Caracas, 30 de abril, 2003. |