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El Papa ante el sufrimiento de
las tierras balcánicas
John
Norton
Catholic News Service
Banja Luka, Bosnia Herzegovina
El papa Juan Pablo II visitó Banja Luka, ciudad balcánica marcada
por dos campañas de limpieza étnica en décadas recientes, y pidió
el perdón de Dios por los males cometidos en la atormentada región.
Durante su visita de 10 horas el 22 de junio, el Papa les pidió a
los rivales ortodoxos serbios, católicos croatas y musulmanes
bosnios, dejar atrás “el sufrimiento y el derramamiento de sangre”
y abrazar la tarea difícil de “comenzar de nuevo” juntos.
Beatificando a un nativo laico del siglo XX, Juan Pablo II también
buscó apoyar a una comunidad católica minoritaria, que es
amenazada con la extinción práctica por la redistribución de
fronteras étnicas durante la guerra que duró desde 1991 hasta
1995.
Las tensiones étnicas se mantienen altas en la región, y muchos de
la mayoría serbia de la ciudad se mostraban ambivalentes, en el
mejor de los casos, ante la visita del Papa. Días antes de su
llegada, las autoridades arrancaron de la ciudad carteles de
militantes serbios que decían “Papa, vete a casa”.
La seguridad fue excepcionalmente rigurosa a lo largo de la ruta
de la caravana papal y en el aeropuerto de la ciudad, donde tres
helicópteros militares patrullaban desde el aire durante la
discreta ceremonia de bienvenida. Antes que llegara el Papa, un
equipo antibombas investigó un vehículo sospechoso estacionado en
la ruta de la caravana, pero el caso resultó ser una falsa alarma.
En sus comentarios de llegada, transmitidos en vivo por la
televisión nacional, el Pontífice, de 83 años de edad, les dijo a
los bosnios que saludaba y abrazaba a todos.
“Yo conozco la larga lucha que ustedes han soportado, la carga del
sufrimiento que diariamente es parte de sus vidas, las tentaciones
a la decepción y a la resignación que ustedes experimentan”,
declaró.
Un acuerdo de paz alcanzado por mediación internacional en 1995,
puso fin a la guerra de 43 meses en Bosnia-Herzegovina, en la que
cientos de miles de personas murieron y casi dos millones fueron
expulsadas o desplazadas por los combates.
Todavía muchos refugiados no han regresado, y aquellos que lo
hacen se enfrentan a circunstancias sociales desesperantes,
incluyendo una tasa de desempleo estimada en más de un 40 por
ciento.
Una fuerza de 13,000 soldados dirigida por la OTAN todavía se
mantiene en el país para mantener una paz inestable.
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