ARCHIVO

BUSQUEDA

PORTADA

 ARQUIDIOCESIS MIAMI
 ARZ. J.C. FAVALORA
 CALENDARIO
 MUNDO Y NACION
 VATICANO
 LIBROS / CINE / ARTE
 IGLESIA EN CUBA
 IGLESIA EN A. LATINA
 OPINIONES
 ESPIRITUALIDAD
 ENLACES

 

La Iglesia colombiana y el fin de la guerra

CNS
Bogotá

Una delegación internacional de obispos católicos ha secundado los esfuerzos de la Iglesia colombiana para buscar una solución negociada a la guerra civil del país sudamericano.

La delegación empleó una semana en Colombia, y fue encabezada por el arzobispo Paul Cordes, presidente del Concilio Pontificio Cor Unum (Un Solo Corazón), que coordina la ayuda papal para los países en desarrollo.

“Apoyamos a la Iglesia de Colombia que se ha expresado a favor del diálogo y del rechazo de la violencia”, dijo el arzobispo Cordes el 19 de mayo, el último día de la visita.

En una declaración final, la delegación apoyó la búsqueda de los obispos colombianos de una “solución política negociada del conflicto armado”.

En la declaración se alababa a la iglesia colombiana por trabajar con todas las partes involucradas en el conflicto, con la finalidad de elaborar “una paz justa y duradera”.

Esto se dio a conocer en la población rural de Bojayá, en donde 117 personas fueron muertas un año antes, cuando una bomba de cilindros lanzada por unos guerrilleros hizo explosión en una iglesia católica en donde 500 personas se habían refugiado, huyendo de la refriega entre guerrilleros y fuerzas paramilitares que apoyaban al gobierno.

Se firmó la declaración al final de la misa celebrada en memoria de las víctimas.

Obispos de Europa, de los Estados Unidos y de Latinoamérica formaban la delegación. El viaje fue patrocinado por Cor Unum y organizado por Misereor (Me apiado), la agencia de ayuda extranjera de los obispos alemanes.

Miembros de la delegación se entrevistaron con obispos colombianos, con el presidente Álvaro Uribe, con otros oficiales del gobierno, con representantes de derechos humanos de las Naciones Unidas y con víctimas de la guerra.

En la declaración también se alabó a la Iglesia colombiana por sus programas de ayuda para “las personas que sufren las consecuencias de la pobreza, la injusticia, la violencia y la inseguridad”.

Los efectos de la guerra en Colombia se pueden observar en el gran número de huérfanos, viudas y personas desplazadas por la guerra.

El arzobispo Cordes dijo que era necesario que se negociara cualquier solución dentro del marco de la democracia y el respeto por los derechos humanos.

Los obispos colombianos han ayudado a que se celebren pláticas abiertas entre el gobierno y los diferentes grupos guerrilleros, y también han contribuido a abrir canales de comunicación para las fuerzas paramilitares.

Hasta ahora, no se han firmado acuerdos duraderos.