Inés Expósito
Ruiz: No hay excusa para dejar de trabajar por la Iglesia de
Cristo

La formación de los laicos continúa siendo prioridad en la vida
de Inés Expósito Ruiz, aun después de su retiro.
(Foto: Brenda Tirado Torres)
Brenda Tirado Torres
La Voz Católica
Inés Expósito Ruiz está enamorada de la Iglesia. Con la dedicación
que le inspira ese amor, siempre ha vigilado que todo aspecto de
la liturgia esté en orden. Esa misma pasión también le lleva a
defender la obligación que tienen los laicos católicos de recibir
una formación continua, para que asuman el papel que les devolvió
la Iglesia como resultado del Concilio Vaticano II.
Expósito Ruiz ha respondido a esa obligación. Ella llama la
atención sobre el hecho de que la misma Iglesia ha destacado la
necesidad de que los fieles reciban una educación adecuada sobre
la liturgia, con el fin de que el pueblo pueda participar plena y
activamente en la misma.
Acaba de retirarse de su trabajo en la Arquidiócesis, pero insiste
en que el descanso no será su prioridad, ya que tendrá más
oportunidad de colaborar en el desarrollo de talleres para la
formación de los laicos.
Durante los 36 años que trabajó para la Arquidiócesis de Miami, ha
conocido la actitud de muchas personas que niegan el papel de los
laicos en la Iglesia. Y lo que más le desconcierta es que entre
estas personas se encuentren, precisamente, algunos laicos.
“Muchas veces son ellos mismos quienes no están dispuestos a
asumir su obligación. Pero es importante que el laico esté
consciente de que tiene que prepararse, que no puede haber lugar
para improvisaciones”, insiste. “La formación continua es
fundamental. No es cuestión de tomar un cursito aquí, otro allá, y
se acabó. La formación debe ser permanente”.
Las crisis en la Iglesia así lo han confirmado, pero ella las toma
como oportunidades de enseñanza y crecimiento.
“Eso me ha dolido mucho, pero me reafirma la necesidad de que los
laicos se formen. Desde el Vaticano II, hay más razones para que
el laico se prepare”, recalca. “Las crisis han demostrado que
ambas partes, laicos y clero, no pueden trabajar una sin la otra”.
Aunque es conocida en la Arquidiócesis por su fervor y su pericia
en cuestiones litúrgicas, también ha desempeñado distintas
funciones en la Iglesia de Miami desde su llegada en 1967. Fue
maestra en la antigua escuela parroquial de St. Matthew, así como
en St. Monica. También administró la Casa Francesca, una
residencia para mujeres que no tenían familiares en la Florida.
Además, dirigió los departamentos de Educación Religiosa en las
parroquias St. Francis de Sales y St. Raymond.
Desde 1993 coordinó el Centro de Recursos Audiovisuales de la
Arquidiócesis, y luego pasó al Departamento de Liturgia hasta el
año pasado, cuando fue trasladado a la Catedral St. Mary, en
Miami, tras los cortes presupuestarios. Expósito Ruiz permaneció
en el Centro Pastoral, donde trabajó para el Centro de
Enriquecimiento Familiar hasta su el momento de su retiro, en
junio. Durante todos estos años también ha colaborado de manera
voluntaria con iglesias de la Arquidiócesis en la formación
espiritual y litúrgica de sus miembros.
Aunque no estuviera trabajando para el Departamento de Liturgia,
constantemente recibía llamadas desde las parroquias, y de laicos
que necesitaban orientación sobre aspectos litúrgicos. Confiesa
que disfruta muchísimo cuando la gente demuestra interés por
conocer cómo se hacen las cosas.
Cada vez que ha tenido la oportunidad de ofrecer charlas, ha
insistido en que los católicos deben invertir tiempo y dinero en
educarse sobre la fe, para evitar estancarse en lo que se aprendió
en el colegio. “Gastamos dinero en otros tipos de literatura, y no
en la de formación y espiritualidad”, lamenta.
Inés Expósito Ruiz también es consciente de que hay laicos con
buena formación que no encuentran las puertas abiertas en sus
propias parroquias. Pero aclara que ésa no debe ser una excusa
para dejar de servir.
“Quien desee trabajar, si no se lo permiten en un lado, que vaya a
otro”, aconseja. “Hay muchos lugares donde se necesita la ayuda.
No hay excusa para dejar de trabajar por la Iglesia de Cristo”,
concluye.
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