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Investidura de nuevos miembros de la Orden Ecuestre del Santo
Sepulcro de Jerusalén

Jorge e Yvelise Bosh, KGCHS, fueron los principales
organizadores de las actividades que culminaron
con la misa en la Catedral.
Juan M.Navia
Especial para La Voz Católica
Las agencias de noticias nos traen en estos días una imagen
cruenta y dolorosa de Jerusalén y Palestina. Lo que debía ser
tierra de paz y de amor es hoy campo de batalla donde el odio, la
venganza y el terrorismo se combinan para traer destrucción y
muerte a los habitantes de estas regiones. El dolor y la
desesperación ahogan las esperanzas de aquellos que buscan la paz
duradera y la seguridad personal. ¿Qué podemos hacer ante tanto
odio y dureza de corazon? He aquí lo que algunos cristianos hacen
en respuesta a esta pregunta.
La Catedral St. Mary, en Miami, abrió sus puertas para recibir a
los nuevos miembros de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro,
gracias a la hospitalidad del Arzobispo de Miami, Su Excelencia
John C. Favalora, y a los esfuerzos de los miembros de la
Arquidiócesis de Miami, que con tanta diligencia trabajaron en la
organización de este acto religioso.
La ceremonia de investidura tuvo lugar durante la Santa Misa
ofrecida el último domingo del mes de abril, cuando se celebró la
Divina Misericordia. Fue una ceremonia única, llena de
recogimiento, tradición y dignidad. Mas de 500 miembros,
incluyendo a arzobispos, obispos, sacerdotes y hombres y mujeres
laicos, entraron en procesión detrás del estandarte de la Cruz de
Jerusalén, insignia de la Orden, para participar en este evento
extraordinario de nuestra Iglesia, que se viene celebrando
solemnemente desde hace varios siglos.
Esta Orden Papal de la Iglesia Católica Romana tuvo su inicio
alrededor del año 1099, cuando los caballeros de Godofredo de
Bouillon se reunieron alrededor del sepulcro vacío de Nuestro
Señor e hicieron una guardia de honor después de la conquista de
Jerusalén. La Orden se hizo oficial con la Bula de Aprobación
emitida por Su Santidad el Papa Pascual II en febrero de 1113.
Desde su comienzo, la veneración y la defensa del Santo Sepulcro
de Jerusalén y la firme alianza y decidido apoyo al Santo Padre en
Roma, han sido objetivos centrales de los miembros de la Orden.
Esta dedicación incondicional ha sido altamente apreciada por
todos los Sumos Pontífices, que en varios documentos han dado fe
de su estimación y benevolencia por estos nobles propósitos.
Hoy en día se destaca también una nueva dimensión, al añadirse al
apostolado de los miembros de la Orden una dedicación especial a
la propagación de la justa causa de los cristianos en la tierra
hecha santa por los pasos de Jesús, nuestro Cristo.
La Santa Sede ha instado a aquellos que han sido investidos como
caballeros y damas de la Orden, a que hagan oración, trabajos de
caridad, y contribuyan a los esfuerzos que se realizan para
mantener viva la presencia de los cristianos en la Tierra Santa.
Esta dedicación espiritual y material al mantenimiento de las
obras y lugares cristianos en Jerusalén, representa una actividad
central para los miembros de la Orden del Santo Sepulcro.
Recientemente, nuestro Papa Juan Pablo II anunció durante una de
sus audiencias con los dirigentes de la Orden lo siguiente: “Deseo
que acepten el compromiso de promover iniciativas que apoyen la
paz y la cooperación de todos para lograr que la Tierra Santa sea
un lugar de encuentro para un intercambio de diálogos donde se
establezca un respeto mutuo y una leal colaboración.”
En resumen, el propósito principal de los miembros de la Orden
tiene dos dimensiones. En el nivel local, el prestar apoyo a
nuestros sacerdotes en su misión pastoral y a los obispos en obras
de caridad: a nivel internacional, promover la presencia de los
cristianos en la Tierra Santa a través de oraciones y donaciones,
apoyando al Patriarca de Jerusalén.
La Orden del Santo Sepulcro residente en Norteamérica está
dividida en diez secciones (lieutenancies) regionales. La sección
del Sureste está bajo la dirección espiritual del Gran Prior, Su
Excelencia Muy Reverendo Alfred Hughes, Arzobispo de New Orleans,
y del teniente de la sección, H.E. Robert B. Acomb, Jr. KGCHS.
Esta rama de la Orden cuenta entre sus miembros con 7 arzobispos,
27 obispos, 166 clérigos, 748 caballeros y 751 damas, con un total
de 1699 miembros.
Para cerrar estas líneas quiero tratar de expresar la impresión
que tuvimos mi esposa Josefina y yo ese domingo, al ser investidos
como miembros de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén.
Al entrar en procesión detrás de la Cruz, y con gran humildad y
trepidación, nos dimos cuenta, una vez más, de que andamos un
camino que no ha sido escogido por nosotros, sino que ha sido
trazado para nosotros por nuestro Señor. En nuestros corazones, le
dimos gracias a Dios por haber sido testigos y parte de la
grandiosidad de nuestra Iglesia, que fue, es y será el baluarte de
nuestra fe en Jesucristo.
También le pedimos recibir las gracias suficientes para cumplir
tan alta misión, y que el Espíritu Santo nos permita tener los
dones necesarios para saber qué pasos debemos dar para apoyar al
Santo Padre y a sus sacerdotes en esta obra en la Tierra Santa.
Al terminar la ceremonia, y cuando recibíamos los abrazos y la
enhorabuena de nuestros amigos y familiares, experimentamos una
gran calma interior, pues nos dimos cuenta de que el Señor no nos
pide nada que en realidad no podamos hacer, y por tanto, invocamos
con fe el legendario lema de la Orden del Santo Sepulcro:
Deus lo Vult
¡Dios así lo quiere!

Escudo de la Orden
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