ARCHIVO

BUSQUEDA

PORTADA

 ARQUIDIOCESIS MIAMI
 ARZ. J.C. FAVALORA
 CALENDARIO
 MUNDO Y NACION
 VATICANO
 LIBROS / CINE / ARTE
 IGLESIA EN CUBA
 IGLESIA EN A. LATINA
 OPINIONES
 ESPIRITUALIDAD
 ENLACES

 

Los presos también son hijos amados de Dios

Motivados por su fe y su amor al prójimo, los agentes de la pastoral carcelaria dedican parte de su tiempo a visitar a los presos para reconfortarlos y orientarlos espiritualmente

Libardo Salas
Especial para La Voz Católica

El voluntario de cárceles y prisiones es una persona que, motivada por su creencia en el Señor, siente la obligación de andar por el mundo para predicar el evangelio. ¿Qué mejor manera de propagar la Buena Nueva que dando una voz de esperanza a los que sufren en las cárceles y prisiones y a sus marginadas familias?

Hijos de un solo Creador

Los voluntarios de esta pastoral carcelaria consideran que todos somos hijos de un solo Creador, y por esto nos debemos considerar “privilegiados”. Motivados por su fe y su amor al prójimo, dedican parte de su tiempo a visitar a los presos para reconfortarlos y orientarlos espiritualmente.

Además de propagar la fe cristiana entre los presos, se han preparado en la disciplina de la oración diaria, la lectura de la Biblia y la participación y comunión en la Misa. Sólo personas convencidas de que únicamente Dios basta para ser feliz, pueden saciar al sediento de comprensión y afecto con mensajes de amor incondicional provenientes del Señor.

Los voluntarios, humildes de corazón, tienen el conocimiento de que somos imperfectos y, por esto, dependemos de Dios. Este conocimiento los hace ser prudentes, y nunca les preguntan a los presos el porqué de su reclusión, pues no les interesa juzgar a otros.

Estos agentes de pastoral buscan curar las heridas emocionales y espirituales de aquellos que perdieron su libertad, para que se sientan hijos amados de Dios y para que renueven sus vidas espirituales.

La mayoría de las personas que cumplen condenas en cárceles o prisiones, sienten angustia y soledad, y la depresión los invade con pensamientos negativos.

Con la visita periódica de los voluntarios a las cárceles y prisiones, se logra animar espiritualmente a los encarcelados, porque así sienten que otras personas se interesan por sus preocupaciones y sus tristezas.

 

Más allá de las cárceles

El servicio voluntario a los presos se extiende más allá de las cárceles y prisiones federales, con el fin de ayudar a la integración y la reconciliación social de todo aquel que ya cumplió su condena.

El futuro de las personas que estuvieron presas depende mucho de su fe y su confianza en el Señor para seguir adelante. Los voluntarios deben darles la seguridad de que no están solos, de que son hijos de Dios que estaban perdidos y que regresaron a Él para continuar un camino de rectitud y honestidad.

Entre las obligaciones del voluntario está la de ayudar espiritualmente a los familiares de los encarcelados, quienes con frecuencia se sienten señalados por la sociedad. Estas personas suelen llevar consigo sentimientos de culpabilidad por las penas impuestas a sus seres queridos, acusados de cometer actividades ilícitas y/o criminales.

Los voluntarios también pueden ayudar a las víctimas de actos criminales para que se liberen espiritualmente, perdonando a sus victimarios, lo cual les permite continuar una vida sin temor, odio o dolor.

 

La necesidad de compañía

Los voluntarios no trabajan solos. Colaboran con ellos la Iglesia y sus sacerdotes, entendiendo por Iglesia a todos los bautizados que viven en el cumplimiento de los mandamientos del Señor.

Cuando un voluntario o un miembro de la Iglesia visita a un preso en la cárcel, es como si obedeciera la llamada de Jesucristo: “Estando desnudo, me cubristeis; enfermo, me visitasteis; encarcelado, vinisteis a verme” (Mt 25:36-46).

Para ser voluntario de prisiones, se debe tener la vocación de responder a este llamado del Señor a servir al prójimo. El voluntario debe ver en cada preso a Jesús, perseguido, abandonado e incomprendido, para entender y tratar de resolver sus necesidades.

Para convertirse en voluntario de la pastoral de cárceles y prisiones, se debe acudir a la Arquidiócesis de Miami e inscribirse en el programa de capacitación personal. Una vez terminado un curso de dos sábados, se recibe un carnet de identificación. Los nuevos voluntarios están organizados en grupos, cada uno con su guía o capellán, el cual programa las visitas a las diversas cárceles y prisiones. La Arquidiócesis de Miami también ofrece cursos educativos y programa reuniones mensuales para los capellanes ,y seminarios anuales para los voluntarios.

Voluntario de la Pastoral Carcelaria de la Arquidiócesis de Miami, obra que realizó también en Colombia por 28 años.