|
Los presos también son hijos
amados de Dios
Motivados por su fe y su amor al prójimo, los agentes de la
pastoral carcelaria dedican parte de su tiempo a visitar a los
presos para reconfortarlos y orientarlos espiritualmente
Libardo Salas
Especial para La Voz Católica
El voluntario de cárceles y prisiones es una persona que, motivada
por su creencia en el Señor, siente la obligación de andar por el
mundo para predicar el evangelio. ¿Qué mejor manera de propagar la
Buena Nueva que dando una voz de esperanza a los que sufren en las
cárceles y prisiones y a sus marginadas familias?
Hijos de un solo Creador
Los voluntarios de esta pastoral carcelaria consideran que todos
somos hijos de un solo Creador, y por esto nos debemos considerar
“privilegiados”. Motivados por su fe y su amor al prójimo, dedican
parte de su tiempo a visitar a los presos para reconfortarlos y
orientarlos espiritualmente.
Además de propagar la fe cristiana entre los presos, se han
preparado en la disciplina de la oración diaria, la lectura de la
Biblia y la participación y comunión en la Misa. Sólo personas
convencidas de que únicamente Dios basta para ser feliz, pueden
saciar al sediento de comprensión y afecto con mensajes de amor
incondicional provenientes del Señor.
Los voluntarios, humildes de corazón, tienen el conocimiento de
que somos imperfectos y, por esto, dependemos de Dios. Este
conocimiento los hace ser prudentes, y nunca les preguntan a los
presos el porqué de su reclusión, pues no les interesa juzgar a
otros.
Estos agentes de pastoral buscan curar las heridas emocionales y
espirituales de aquellos que perdieron su libertad, para que se
sientan hijos amados de Dios y para que renueven sus vidas
espirituales.
La mayoría de las personas que cumplen condenas en cárceles o
prisiones, sienten angustia y soledad, y la depresión los invade
con pensamientos negativos.
Con la visita periódica de los voluntarios a las cárceles y
prisiones, se logra animar espiritualmente a los encarcelados,
porque así sienten que otras personas se interesan por sus
preocupaciones y sus tristezas.
Más allá de las cárceles
El servicio voluntario a los presos se extiende más allá de las
cárceles y prisiones federales, con el fin de ayudar a la
integración y la reconciliación social de todo aquel que ya
cumplió su condena.
El futuro de las personas que estuvieron presas depende mucho de
su fe y su confianza en el Señor para seguir adelante. Los
voluntarios deben darles la seguridad de que no están solos, de
que son hijos de Dios que estaban perdidos y que regresaron a Él
para continuar un camino de rectitud y honestidad.
Entre las obligaciones del voluntario está la de ayudar
espiritualmente a los familiares de los encarcelados, quienes con
frecuencia se sienten señalados por la sociedad. Estas personas
suelen llevar consigo sentimientos de culpabilidad por las penas
impuestas a sus seres queridos, acusados de cometer actividades
ilícitas y/o criminales.
Los voluntarios también pueden ayudar a las víctimas de actos
criminales para que se liberen espiritualmente, perdonando a sus
victimarios, lo cual les permite continuar una vida sin temor,
odio o dolor.
La necesidad de compañía
Los voluntarios no trabajan solos. Colaboran con ellos la Iglesia
y sus sacerdotes, entendiendo por Iglesia a todos los bautizados
que viven en el cumplimiento de los mandamientos del Señor.
Cuando un voluntario o un miembro de la Iglesia visita a un preso
en la cárcel, es como si obedeciera la llamada de Jesucristo:
“Estando desnudo, me cubristeis; enfermo, me visitasteis;
encarcelado, vinisteis a verme” (Mt 25:36-46).
Para ser voluntario de prisiones, se debe tener la vocación de
responder a este llamado del Señor a servir al prójimo. El
voluntario debe ver en cada preso a Jesús, perseguido, abandonado
e incomprendido, para entender y tratar de resolver sus
necesidades.
Para convertirse en voluntario de la pastoral de cárceles y
prisiones, se debe acudir a la Arquidiócesis de Miami e
inscribirse en el programa de capacitación personal. Una vez
terminado un curso de dos sábados, se recibe un carnet de
identificación. Los nuevos voluntarios están organizados en grupos,
cada uno con su guía o capellán, el cual programa las visitas a
las diversas cárceles y prisiones. La Arquidiócesis de Miami
también ofrece cursos educativos y programa reuniones mensuales
para los capellanes ,y seminarios anuales para los voluntarios.
Voluntario de la Pastoral Carcelaria de la Arquidiócesis de Miami,
obra que realizó también en Colombia por 28 años.
|