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Las
Consideraciones acerca del matrimonio entre homosexuales: un
documento para proteger y promover la dignidad del matrimonio,
fundamento de la familia y la estabilidad de la sociedad
FIDES / ZENIT
Ciudad del Vaticano
El 31 de julio fue publicado el documento de la Congregación para
la Doctrina de la Fe, Consideraciones acerca de los proyectos de
reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales.
Como está escrito en la introducción al breve texto (cuatro
capítulos más una introducción y conclusión), “diversas cuestiones
concernientes a la homosexualidad han sido tratadas recientemente
en diversas ocasiones por Juan Pablo II y por los miembros de los
Dicasterios de la Santa Sede. Se trata, en efecto, de un fenómeno
moral y social inquietante… que se hace más preocupante en los
países en los que ya se ha concedido o se tiene la intención de
conceder reconocimiento legal a las uniones homosexuales, que, en
algunos casos, incluye también la habilitación para la adopción de
hijos”.
Las Consideraciones expresadas en el documento, pues, “no
contienen nuevos elementos doctrinales, sino que pretenden
recordar los puntos esenciales inherentes al problema”, además de
ofrecer argumentaciones útiles a las intervenciones de los obispos
según las situaciones particulares: “para proteger y promover la
dignidad del matrimonio, fundamento de la familia, y la solidez de
la sociedad, de la cual esta institución es parte constitutiva.
Las presentes ‘Consideraciones’ tienen también como fin iluminar
la actividad de los políticos católicos, a quienes se indican las
líneas de conducta coherentes con la conciencia cristiana para
cuando se encuentren ante proyectos de ley concernientes a este
problema”.
En el Capítulo I, dedicado a la naturaleza y características del
matrimonio, se afirma: “Ninguna ideología puede cancelar del
espíritu humano la certeza de que el matrimonio en realidad existe
únicamente entre dos personas de sexo opuesto, que por medio de la
recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden
a la comunión de sus personas. Así se perfeccionan mutuamente para
colaborar con Dios en la generación y educación de nuevas vidas…
No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías,
ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio
de Dios sobre el matrimonio y la familia. El matrimonio es santo,
mientras que las relaciones homosexuales contrastan con la ley
moral natural. Los actos homosexuales, en efecto, “cierran el acto
sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera
complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación
en ningún caso”.
Ante las relaciones de las personas homosexuales, “ las
autoridades civiles asumen diversas actitudes”. De cualquier modo,
“ante el reconocimiento legal de las uniones homosexuales, o la
equiparación legal de éstas al matrimonio con acceso a los
derechos propios del mismo, es necesario oponerse en forma clara e
incisiva.
Hay que abstenerse de cualquier tipo de cooperación formal a la
promulgación o aplicación de leyes tan gravemente injustas, y
asimismo, en cuanto sea posible, de la cooperación material en el
plano aplicativo. En esta materia cada cual puede reivindicar el
derecho a la objeción de conciencia”.
Se ofrecen después una serie de “argumentaciones racionales contra
el reconocimiento legal de las uniones homosexuales”: de orden
relativo a la recta razón biológica y antropológica, social y
jurídica.
El capítulo IV llama la atención sobre la responsabilidad de los
políticos católicos: “En el caso de que en una asamblea
legislativa se proponga por primera vez un proyecto de ley a favor
de la legalización de las uniones homosexuales, el parlamentario
católico tiene el deber moral de expresar clara y públicamente su
desacuerdo y votar contra el proyecto de ley. Conceder el sufragio
del propio voto a un texto legislativo tan nocivo del bien común
de la sociedad es un acto gravemente inmoral.... En caso de que el
parlamentario católico se encuentre en presencia de una ley ya en
vigor favorable a las uniones homosexuales”, se precisa, “debe
oponerse a ella por los medios que le sean posibles, dejando
pública constancia de su desacuerdo; se trata de cumplir con el
deber de dar testimonio de la verdad.”
En la conclusión se afirma que “La Iglesia enseña que el respeto
hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a
la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización
de las uniones homosexuales... Reconocer legalmente las uniones
homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría no
solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un
modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores
fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad.
La Iglesia”, afirma el texto, “no puede dejar de defender tales
valores, para el bien de los hombres y de toda la sociedad”.
La novedad del documento, afirma Monseñor Angel Rodríguez Luño, a
quien la Santa Sede asignó el comentario del texto, es que “toca
un aspecto nuevo, que es el de la ética política, y no se ocupa de
la ética personal, analizada anteriormente en otros documentos”.
documentos”.El documento “quiere mostrar que hay razones
comprensibles, racionales, biológicas, sociales y jurídicas, en
las cuales se apoya la enseñanza de la Iglesia para oponerse a la
equiparación de las uniones homosexuales con el matrimonio”. El
filósofo aclara que el hecho de que se publique ahora “es porque,
cuando se quiere legislar al respecto, el tema ya no es personal,
sino político”.
El profesor Rodríguez, docente de moral en la Universidad
Pontificia de la Santa Cruz de Roma, constata que “con la
equiparación de las uniones homosexuales al matrimonio el problema
es que el matrimonio quedaría redefinido, cambiado”.
“No se trata en ningún caso de discriminación a las personas
homosexuales –advierte– sino de garantizar la justa actuación del
Estado en este campo concreto”.
“Iluminar el problema ético-pólitico que las uniones homosexuales
plantean a legisladores y gobernantes en distintas partes del
mundo” es, por tanto, el objetivo del texto, dirigido tanto a
católicos como a no católicos, afirma.
En la nota de monseñor Rodríguez Luño, publicada por la Oficina de
Prensa de la Santa Sede al distribuir el documento, recuerda que
“todas las grandes culturas del mundo han dado al matrimonio y a
la familia un reconocimiento institucional especifico”.
Para este consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe,
“el relieve público del matrimonio no se funda en el hecho de ser
una forma cualquiera institucionalizada de amistad o de
comunicación humana, sino en su condición de estado de vida
estable que desarrolla una función esencial y multiforme a favor
del bien común: orden de las generaciones, supervivencia de la
sociedad, educación y socialización de los hijos”.
Desde esta perspectiva, “la pretendida equiparación o asimilación
entre las uniones homosexuales y el matrimonio es manifiestamente
infundada”.
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