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El decálogo de
Juan Pablo II para Europa
Veritas
Madrid
La oficina de información de la Conferencia Episcopal Española
publicó un artículo en el que se presenta el decálogo que propone
Juan Pablo II para la construcción de la nueva Europa.
El análisis, escrito por Jesús de las Heras Muelas, director de la
Oficina de Información de la Conferencia Episcopal, lleva por
título “La Construcción europea y la herencia cristiana”.
Después de hacer alusión a los dos últimos Ángelus, que el Papa ha
dedicado al tema de Europa, y de sostener que los anhelos de
esperanza de los europeos no serán satisfechos por una “Europa de
mercaderes” sino por una “Europa de valores”, el autor propone, al
hilo de la exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Europa,
este “Decálogo de la Ecclesia in Europa”:
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Europa, en su historia y en su presente, está amplia y
profundamente penetrada del cristianismo. La fe cristiana ha
plasmado la cultura europea haciendo un “todo uno” con su
historia y, a pesar de las dolorosas divisiones entre Oriente y
Occidente, el cristianismo es la religión de todos los europeos.
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Los valores que propugna el evangelio contribuirán a construir
la Europa del espíritu, la Europa de la esperanza. De ahí que la
Unión Europea no tendría solidez si queda reducida sólo a la
dimensión geográfica y económica, pues ha de consistir sobre
todo en una concordia sobre los valores.
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La inspiración cristiana puede transformar la integración
política, cultural y económica en una convivencia en la cual
todos los europeos se sientan en su propia casa y formen una
familia de naciones, modelo para otras regiones del mundo.
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Las raíces cristianas son para Europa la principal garantía de
su futuro. Ignorar, olvidar, ocultar la herencia cristiana en
Europa es una injusticia, un agravio, un profundo
empobrecimiento que tarde o temprano pasará su factura.
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De ahí que en la futura Constitución Europea deba figurar la
referencia al patrimonio religioso y particularmente cristiano y
que se respeten y reconozcan sus derechos.
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En el presente contexto impregnado de laicismo, materialismo y
consumismo, la Iglesia ha de ser testimonio coherente de la
dimensión transcendente de la existencia humana.
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Europa debe proseguir en su defensa y promoción de la inviolable
dignididad de toda persona humana, en su entero ciclo vital y en
su totalidad de derechos inalienables.
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La Europa del futuro será la Europa del amor y el servicio
preferencial y permanente hacia los pobres y necesitados, la
Europa que promueva la cultura de la solidaridad.
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Los fundamentos sobre los que se ha de levantar la Europa unida
de la diversidad serán la acogida, el respecto, la escucha, el
diálogo, la fraternidad.
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Por todo ello, “no temas, Europa. El evangelio no está contra ti,
sino a tu favor. En el Evangelio, que es Jesús, encontrarás la
esperanza firme y duradera a la que aspiras”.
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