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La educación católica es una necesidad


Estudiantes del Colegio LaSalle aprenden el manejo de la cámara de vídeo. (Foto: Brenda Tirado Torres / La Voz Católica)

Ricardo Grzona
La Voz Católica

 

“Cuando la Iglesia aún no tenía templos, ya tenía escuelas”.  Esta frase atribuida a Orígenes, uno de los Padres de la Iglesia, nos da la pauta de que, para la Iglesia, tener escuelas es parte de su misión fundamental.

La vinculación de la Iglesia con la educación es una realidad que nace casi con los orígenes de la propia Iglesia. Desde los primeros siglos se estableció un período de educación en la fe llamado catecumenado, cuya misión consistía en provocar un cambio radical de la persona y convertirla a una realidad nueva.

Le escuela católica es ministerio confiado a la Iglesia, por lo que en cada diócesis siempre se presta una atención privilegiada a las personas que se están formando, para darles una capacitación desde la fe católica y que así puedan ver con ojos de fe el mundo, las ciencias, las artes.

Teología de la educación

Por eso mismo existe en la Iglesia una teología de la educación, es decir, la doctrina educativa acerca de lo que es y debe ser la persona según el plan de Dios. También hay una praxis educativa, que la Iglesia aconseja a la familia y a la comunidad de fe. Allí, entonces, se entienden las instituciones educativas católicas, que pretenden educar a la persona entera en un proceso en que se unen los conocimientos, la cultura en general y la visión de la fe.

La Iglesia Católica considera que la educación es un derecho inalienable de todos los seres humanos, y que debe ofrecerla la comunidad de acuerdo a la edad y capacidades de aprendizaje, y debe tener siempre a la persona como fin. Es decir, la formación integral para desarrollar todas las potencialidades del individuo.

El Concilio Vaticano II definió que las características propias de esta educación católica es que debe estar impregnada de libertad y de caridad, siendo los educados sujetos activos del proceso. Por otra parte, en la escuela católica hay un rasgo fundamental que la hace singular y única, y es que se busca unir la educación humana con la educación en la fe. Es por eso que la Iglesia invierte tantos recursos en esto, porque se busca la unidad, la integración y el diálogo entre la cultura y la fe cristiana, haciendo también una evangelización de la misma cultura. Esto es tarea vital, ya que nuestra cultura debe seguir siendo evangelizada, pues somos testigos de que nuestras expresiones culturales tienen todavía mucho que no corresponde a la fe en Jesucristo. (Cito como ejemplos, para quien quiera arriesgarse a verlos, las revistas que hoy leen nuestros jóvenes, las formas de diversión que se les ofrecen, los programas de la televisión y el cine actuales, todo lo cual está repleto de “antivalores” y dista mucho del mensaje del Evangelio.)

El objetivo es alcanzar la madurez cristiana y llegar a ser adultos en Cristo, sabiendo establecer las distancias necesarias respecto del mundo, actuando positivamente para cambiar lo que se tenga al alcance y, sobre todo, saber dar un juicio cristiano a la cultura donde se vive. Por eso, esta educación tiene una dimensión moral que ayuda al discernimiento de los valores que el educado, como persona, está llamado a alcanzar con una vida virtuosa.

Pero también hay otro aspecto que busca la educación católica: es la formación comunitaria eclesial. Es decir, dentro de los estudios, que son muy importantes, no podemos separarnos de la formación comunitaria. Jesús fundó una Iglesia, es decir, convoca a una comunidad, a la que quiere salvar. Y es misión de la educación católica dar una formación comunitaria, para vivir en comunidad y actuar evangélicamente en la comunidad. Es allí donde la fe se convierte en vivencia, donde se vuelve experiencia realmente comunitaria.

Si bien es cierto que la educación católica es muchas veces acusada de elitista, pues es preciso sostener económicamente estas instituciones educativas, es importante que la comunidad entera tome conciencia de la importancia de este ministerio básico eclesial, para que pueda ofrecerse libremente a todas las personas, y que la condición socioeconómica de éstas no sea un impedimento. De hecho, existen muchas congregaciones religiosas que han dedicado su vida completa a la educación de niños, jóvenes y adultos.

Presentación de la fe

La educación católica ofrece su visión del mundo desde la fe católica; sin embargo, está abierta a ofrecer esta visión a otras tradiciones cristianas y aun a otras religiones, pues en el respeto en el que se ofrece, se muestra a Jesucristo unido a su Iglesia; no es una imposición, sino una presentación clara, valiente y decidida de la fe, que está al servicio de los creyentes sin excluir a nadie.

Enviar a nuestros hijos a una escuela católica es una de las mejores ayudas que les podemos ofrecer para que, en el futuro, puedan desarrollarse como personas íntegras que, conociendo con fundamentos su fe, puedan vivirla con sus consecuencias y también lograr el pleno desarrollo cultural.

Hago público el agradecimiento a mis padres, que me enviaron en la primaria, la secundaria y las universidades donde estudié, a instituciones católicas, donde encontré las comunidades eclesiales necesarias para poder crecer y madurar en la fe, y que me ayudaron cuando se presentó algún momento difícil. Gracias a esta educación católica integral, me he desarrollado y quiero seguir creciendo en la fe y en el amor a la Iglesia.

Presidente de la Fundación Ramón Pané y ex Secretario Ejecutivo del Departamento de Educación del CELAM, 1990-1995.