La
educación católica es una necesidad

Estudiantes del Colegio LaSalle aprenden el manejo de la cámara
de vídeo. (Foto: Brenda Tirado Torres / La Voz Católica)
“Cuando la Iglesia aún no tenía templos, ya tenía escuelas”. Esta
frase atribuida a Orígenes, uno de los Padres de la Iglesia, nos
da la pauta de que, para la Iglesia, tener escuelas es parte de su
misión fundamental.
La vinculación de la Iglesia con la educación es una realidad que
nace casi con los orígenes de la propia Iglesia. Desde los
primeros siglos se estableció un período de educación en la fe
llamado catecumenado, cuya misión consistía en provocar un cambio
radical de la persona y convertirla a una realidad nueva.
Le escuela católica es ministerio confiado a la Iglesia, por lo
que en cada diócesis siempre se presta una atención privilegiada a
las personas que se están formando, para darles una capacitación
desde la fe católica y que así puedan ver con ojos de fe el mundo,
las ciencias, las artes.
Teología de la educación
Por eso mismo existe en la Iglesia una teología de la educación,
es decir, la doctrina educativa acerca de lo que es y debe ser la
persona según el plan de Dios. También hay una praxis educativa,
que la Iglesia aconseja a la familia y a la comunidad de fe. Allí,
entonces, se entienden las instituciones educativas católicas, que
pretenden educar a la persona entera en un proceso en que se unen
los conocimientos, la cultura en general y la visión de la fe.
La Iglesia Católica considera que la educación es un derecho
inalienable de todos los seres humanos, y que debe ofrecerla la
comunidad de acuerdo a la edad y capacidades de aprendizaje, y
debe tener siempre a la persona como fin. Es decir, la formación
integral para desarrollar todas las potencialidades del individuo.
El Concilio Vaticano II definió que las características propias de
esta educación católica es que debe estar impregnada de libertad y
de caridad, siendo los educados sujetos activos del proceso. Por
otra parte, en la escuela católica hay un rasgo fundamental que la
hace singular y única, y es que se busca unir la educación humana
con la educación en la fe. Es por eso que la Iglesia invierte
tantos recursos en esto, porque se busca la unidad, la integración
y el diálogo entre la cultura y la fe cristiana, haciendo también
una evangelización de la misma cultura. Esto es tarea vital, ya
que nuestra cultura debe seguir siendo evangelizada, pues somos
testigos de que nuestras expresiones culturales tienen todavía
mucho que no corresponde a la fe en Jesucristo. (Cito como
ejemplos, para quien quiera arriesgarse a verlos, las revistas que
hoy leen nuestros jóvenes, las formas de diversión que se les
ofrecen, los programas de la televisión y el cine actuales, todo
lo cual está repleto de “antivalores” y dista mucho del mensaje
del Evangelio.)
El objetivo es alcanzar la madurez cristiana y llegar a ser
adultos en Cristo, sabiendo establecer las distancias necesarias
respecto del mundo, actuando positivamente para cambiar lo que se
tenga al alcance y, sobre todo, saber dar un juicio cristiano a la
cultura donde se vive. Por eso, esta educación tiene una dimensión
moral que ayuda al discernimiento de los valores que el educado,
como persona, está llamado a alcanzar con una vida virtuosa.
Pero también hay otro aspecto que busca la educación católica: es
la formación comunitaria eclesial. Es decir, dentro de los
estudios, que son muy importantes, no podemos separarnos de la
formación comunitaria. Jesús fundó una Iglesia, es decir, convoca
a una comunidad, a la que quiere salvar. Y es misión de la
educación católica dar una formación comunitaria, para vivir en
comunidad y actuar evangélicamente en la comunidad. Es allí donde
la fe se convierte en vivencia, donde se vuelve experiencia
realmente comunitaria.
Si bien es cierto que la educación católica es muchas veces
acusada de elitista, pues es preciso sostener económicamente estas
instituciones educativas, es importante que la comunidad entera
tome conciencia de la importancia de este ministerio básico
eclesial, para que pueda ofrecerse libremente a todas las
personas, y que la condición socioeconómica de éstas no sea un
impedimento. De hecho, existen muchas congregaciones religiosas
que han dedicado su vida completa a la educación de niños, jóvenes
y adultos.
Presentación de la fe
La educación católica ofrece su visión del mundo desde la fe
católica; sin embargo, está abierta a ofrecer esta visión a otras
tradiciones cristianas y aun a otras religiones, pues en el
respeto en el que se ofrece, se muestra a Jesucristo unido a su
Iglesia; no es una imposición, sino una presentación clara,
valiente y decidida de la fe, que está al servicio de los
creyentes sin excluir a nadie.
Enviar a nuestros hijos a una escuela católica es una de las
mejores ayudas que les podemos ofrecer para que, en el futuro,
puedan desarrollarse como personas íntegras que, conociendo con
fundamentos su fe, puedan vivirla con sus consecuencias y también
lograr el pleno desarrollo cultural.
Hago público el agradecimiento a mis padres, que me enviaron en la
primaria, la secundaria y las universidades donde estudié, a
instituciones católicas, donde encontré las comunidades eclesiales
necesarias para poder crecer y madurar en la fe, y que me ayudaron
cuando se presentó algún momento difícil. Gracias a esta educación
católica integral, me he desarrollado y quiero seguir creciendo en
la fe y en el amor a la Iglesia.
Presidente de la Fundación Ramón Pané y ex Secretario Ejecutivo
del Departamento de Educación del CELAM, 1990-1995.
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