Un mismo mensaje brota de los católicos
de allá y de acá
En el décimo aniversario
de El Amor Todo lo Espera
y el
Documento Final de CRECED

Ondina García Menocal
La Voz Católica
Que para el cristiano no hay casualidad, todo es providencia, lo
comprobé hace 10 años, un 8 de septiembre, cuando en Miami los
obispos cubanos Eduardo Boza Masvidal, Agustín Román y Enrique San
Pedro, S.J., ponían en las manos del exilio el Documento Final
de CRECED (Comunidades de Reflexión Eclesial Cubana en la
Diáspora).
Esta obra fue fruto de una profunda reflexión de la diáspora
católica cubana dispersa por el mundo. Por primera vez, creyentes
cubanos radicados en 19 países, buscando el Plan de Dios en sus
vidas, se runieron para responder desde la fe sobre nuestra
trayectoria como exiliados, para discernir mejor hacia dónde
debemos, queremos y podemos marchar.
Muy lejos estábamos de saber, aquel Día de la Caridad de 1993,
que los obispos de Cuba habían publicado un documento titulado
El Amor Todo lo Espera.
El mensaje de los obispos de Cuba extraía el jugo de los frutos
del ENEC (Encuentro Nacional Eclesial Cubano, celebrado en 1987) y
con el talante respetuoso del diálogo aprendido en la REC (Reflexión
Eclesial, que se realizó a lo largo y ancho de la isla desde 1982
hasta 1985), presentaba pautas muy concretas para el momento que
se vivía en Cuba.
Según los sacerdotes jesuitas Manuel Maza y Ramón Rivas, El
Amor Todo lo Espera es el documento más importante en cinco
siglos de historia eclesial cubana. La propuesta contó con la
adhesión unánime de los obispos cubanos del exilio y con la
mayoría de los católicos fuera de Cuba, así como con el apoyo del
papa Juan Pablo II.
Ambos textos afirman que las dificultades deben ser resueltas por
todos los cubanos a través de un diálogo que, de acuerdo con El
Amor Todo lo Espera, sea “franco, amistoso, libre, en el que
cada uno exprese su sentir verbal y cordialmente”. Un diálogo que
busque la verdad con un corazón dispuesto a la comprensión,
“diálogo no para averiguar tanto los por qué, como los para qué”.
Lo mismo expresa el Documento Final de CRECED: “para lograr
entrenarnos en un diálogo sereno, debe existir una comunicación
interna inteligente para la reconstrucción de la Patria… debemos
subordinar los intereses individuales al bien común… El mensaje
del exilio a Cuba debe ser la Caridad”.
Dios suscitó ambas reflexiones
Creo que los temas tratados en las propuestas de acción de ambos
textos no surgieron por casualidad, fue providencial. Sin duda,
Dios suscitó ambas reflexiones.
Recuerdo que en octubre de ese mismo año, un grupo de laicos y
sacerdotes cubanos del exilio fuimos a Roma junto a Mons. Enrique
San Pedro, S.J. para que el obispo cubano entregara el
Documento Final de CRECED a Su Santidad Juan Pablo II. Allí
nos recibió en audiencia privada el cardenal Eduardo Pironio, a
cargo del Dicasterio de los Laicos en la Santa Sede.
Mons. Pironio, quien participó en el ENEC en Cuba, escuchó con
gran interés la explicación del proceso de reflexión que seguimos
para llegar al Documento Final. Constatando los muchos puntos de
convergencia entre el documento del exilio y el de la Iglesia en
Cuba, nos ofreció su interpretación teológica de lo que estaba
ocurriendo, y nos animó a continuar en el camino iniciado.
Espero que futuros análisis nos permitan reconocer en El Amor
Todo lo Espera y en el Documento Final de CRECED un
mismo mensaje, expresado por inspiración del Espíritu, en dos
realidades diferentes, pero motivados ambos por el mismo ideal de
restaurar la nación cubana en sus principios cristianos.
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