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Testimonios para la juventud


Mons. Agustín A. Román en la Ermita de la Caridad. (Foto: Ana Rodríguez-Soto)

Hna. Ondina Cortés, RMI
La Voz Católica

Si de algo se quejan los jóvenes es de la falta de testimonio coherente entre los que nos decimos católicos. Por eso, para los jóvenes de la Arquidiócesis significa tanto el ejemplo que nos han dado nuestros obispos Agustín Román y Thomas Wenski. Mons. Román, como todos le llaman, involucró a los jóvenes de Encuentros Juveniles en la celebración de la Virgen de la Caridad desde el primer año de existencia del Movimiento (1973). Durante 30 años, los jóvenes han dicho presente cada 8 de septiembre para honrar a la Madre de Jesús.

Los jóvenes le dan gracias a Monseñor por contagiarles el amor a María.

Durante diez años, el Movimiento de Encuentros estuvo sin casa fija, sin lugar para reunirse ni hacer sus retiros, hasta que, con la visión del P. José Luis Menéndez y la intercesión de Mons. Román, el antiguo convento ubicado detrás del Colegio LaSalle se convirtió en el Centro Juvenil. El segundo regalo fue que Mons. Román quisiera vivir al lado de la juventud, en la casita que luego la Arquidiócesis construyó. La juventud agradece sus frecuentes visitas, su pregunta de padre y de pastor: “¿Cómo están esos jóvenes?” Para ellos ha sido el evangelizador incansable. Le han visto salir temprano en la mañana y llegar tarde en la noche después de misas, confirmaciones, confesiones... y siempre sonriente, dispuesto a saludar a los muchachos que todavía estuviesen en el Centro a esas horas.

Su inquietud por la juventud le llevó a idear un movimiento para ayudar a las parejas a poner bases firmes y cristianas en los comienzos de su relación. Así nació Amor en el Principio, que sigue cumpliendo esa misión entre la juventud y que Monseñor sigue promoviendo donde quiera que va. Las parejas de Amor en el Principio se lo agradecen.

Monseñor Wenski se estrenó con la juventud siendo seminarista en St. Benedict, y pasó su Encuentro Juvenil como director espiritual a mediados de los años 70. Su cercanía, su sentido del humor y su sencillez le ganaron el cariño de todos. Pero lo que ha marcado su trayectoria como sacerdote y luego como obispo, ha sido su compromiso con la justicia para los emigrantes de todos los pueblos. En él, los jóvenes han visto lo que significa hacerse “todo para todos”, como dice su lema episcopal. Haitianos, indios, coreanos, filipinos, chinos, polacos, italianos, canadienses… han encontrado en él a un padre y a un defensor. A los jóvenes que crecen en este Miami multicultural, el obispo Wenski les deja su visión de que, para que un emigrante se integre a la sociedad, tiene que disponer de un espacio reconocido, lo que él llama “a position of power”.

A los jóvenes amenazados por una sociedad consumista y materialista, les deja el ejemplo de su opción por los mas pobres, ejercida en el Centro Haitiano durante cerca de veinte años.

Finalmente, este año que pasó Monseñor Wenski nos regaló la idea de una peregrinación/vía crucis de cuaresma, y, a su llamado, alrededor de trescientos  jóvenes dieron testimonio de su fe a lo largo de la US 1 hasta llegar a la Ermita de la Caridad. Los jóvenes y los Scouts (Exploradores) de la Arquidiócesis Miami le agradecen su disponibilidad para presidir en las celebraciones eucarísticas  de sus actividades, sin tener en cuenta el tiempo, ni el cansancio.

Que el Señor siga guardando a estos dos obispos Suyos, fieles a la misión recibida como pastores, sin perder la alegría de la entrega.