Mons. Thomas Wenski visto desde Cuba
Rolando Suárez Cobián
Especial/La Voz Católica
No recuerdo la fecha exacta cuando Mons. Thomas Wenski y yo nos
conocimos; probablemente fue entre los años 1995 y 1996. Él llegó
a Cuba como parte de un grupo de miembros de Catholic Relief
Services que acompañaba un gigantesco donativo de medicinas. El
mayor de la historia de esa institución en un solo embarque. El P.
Wenski –todavía no era Obispo–, formaba parte del grupo por ser
director (tal vez el cargo se denominaba de otra forma) de
Catholic Charities de Miami.
Me llamaron mucho la atención sus preguntas sobre el destino de
las medicinas, la forma en que trabajaba y se estructuraba nuestra
institución, las relaciones con las autoridades y, sobre todo, la
forma en que la Arquidiócesis de Miami podía ayudar directamente a
los necesitados en Cuba, sin depender para ello de CRS. Además
visitó muchos lugares, entre ellos barrios muy populares.
La creación de una relación directa entre la Arquidiócesis de
Miami y la Iglesia en Cuba significó para la Caritas Cubana la
oportunidad de conocer y entender mejor la realidad de los cubanos
que residen en la Florida: sus inquietudes, sufrimientos,
identidad nacional, generosidad, agresividad en algunos casos,
preocupaciones y esperanzas. Se creó así una vía de comunicación y
entendimiento sin precedentes, que generó muchas opiniones, pero
cuya base fundamental era la identidad como pueblo y la
generosidad para con las personas más necesitadas en la Isla.
Siempre hubo algunas interpretaciones políticas, pero
prevalecieron la caridad y la misericordia, y la voluntad de mover
los corazones y las acciones hacia la reconciliación.
La vía del entendimiento
En Cuba, concretamente, la institución Caritas Cubana pudo hablar
abiertamente de la ayuda de los cubanos para sus conciudadanos y
precisar obras y acciones concretas. Todo esto, pero no solamente
esto, sino la acción de las dos Iglesias como comunidades,
permitió entender mejor una realidad que se presentaba
tergiversada y con mucha fantasía. Fue una vía de entendimiento y
de comunicación que, aunque no llegó a todos los rincones de Cuba,
sí fue conocida en muchos lugares.
Nunca ha sido completa esta relación, y por lo tanto es imperfecta,
pero Mons. Wenski, diciéndolo en cubano, “rompió el hielo” y
comenzó el gran juego del amor.
La dos Iglesias
El análisis completo de esta influencia no es posible en la
actualidad, pero las acciones no han terminado, sino que se han
diversificado y ampliado. Corresponde a personas con una visión
mayor de las realidades de las dos Iglesias el opinar.
Pienso que, en esa relación, a Mons. Wenski le tocó la parte
práctica y visible inmediata, la parte que en ocasiones se
convirtió en noticia de prensa y muchas veces en realidad
cotidiana para una persona necesitada. Esa es su mayor
contribución; pero quisiera referirme a una actitud de Mons.
Wenski que me hizo admirarlo: ante cada acción caritativa, ante
cada proyecto, trató siempre de lograr una forma de actuación que
tuviera en cuenta a los de aquí y a los de allá, refiriéndome en
esto a los cubanos. Esta posición la defendió aun en las
circunstancias más difíciles. El pensamiento, las pasiones, las
esperanzas de los cubanos exiliados, siempre estuvieron presentes
en sus decisiones, y así lo explicó ante nosotros e incluso ante
las autoridades, para que se entendiera y se propiciara un proceso
de entendimiento, que funciona en espiral: a veces parece que se
avanza y otras que se retrocede, pero siempre hay un dinamismo.
Esto es saber actuar como puente para ofrecer un servicio.
Su obra con los haitianos
De su trabajo, me impresiona especialmente su obra con los
emigrados haitianos. Siempre he valorado, como el único camino,
que la verdadera caridad se ejerce compartiendo y conviviendo, y
ése es el trabajo de Mons. Wenski en la Arquidiócesis de Miami.
Vivía en el lugar de los emigrados, participaba de la obra que
promovió, y llegó a vivir la realidad haitiana. Todavía le falta
la etapa de los cubanos en Cuba.
Mons. Wenski tiene excelentes relaciones con los cubanos, sin
diferencias entre los de la Isla y los del exilio. En los dos
lugares donde residen cubanos hay gratitud, indiferencia, críticas,
felicitaciones y reprobaciones. En consecuencia, el obispo está en
la realidad a la que él quiso servir. Esto se manifestó en Miami,
durante la ceremonia de su ordenación como obispo, a la cual
asistí.
Siempre que ha venido a Cuba me ha pedido que lo lleve a las
parroquias más populares. Incluso, en un agotador viaje, ofició
Misa en el Santuario de Nuestra Señora del Cobre y ofreció la misa
por todos los cubanos y la reconciliación de las familias.
En las conversaciones con algunas autoridades, Mons. Wenski
insiste siempre en que el cubano que reside en la Florida sigue
queriendo a su patria y se preocupa por ella. Siempre se ha
manifestado a favor de la importancia y de la necesidad de la
reconciliación, y ha trabajo en ello.
Asesor Jurídico de la Conferencia de Obispos Cubanos y Secretario
Ejecutivo de la Comisión de Migraciones (Movilidad Humana) de
dicha Conferencia.
|