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Recemos por la valerosa Iglesia Católica de Cuba

 
Arzobispo John C. Favalora

Queridos amigos:

Saludo a los obispos de Cuba por su sincero coraje y su liderazgo pastoral. Su reciente “Pastoral e instrucción teológica”, emitida en la fiesta de Nuestra Señora de la Caridad, es muy significativa. Una vez más, como ha sido cierto desde comienzos de los años 60, los obispos cubanos se están arriesgando a mucho por hablar con sinceridad.

Día a día, viven bajo un régimen que, en sus propias palabras, está regresando aceleradamente “al lenguaje y los métodos de los primeros años de la revolución”. Aquélla fue una época de expulsiones, encarcelamientos y ejecuciones de quienes disentían del rumbo comunista tomado por el gobierno de Castro. Sucesos similares han tenido lugar en los meses recientes.

No obstante, los obispos han decidido expresar lo que piensan y recordarle abiertamente al gobierno –y quizás también a sus detractores dentro y fuera de la isla– el papel apropiado de la Iglesia en una sociedad civil. Con el título de “La presencia social de la Iglesia”, la instrucción pastoral señala que la Iglesia no es como un gobierno o una entidad cívica, puesto que su origen es divino y su meta nunca es el poder político o temporal.

Esto no significa que la Iglesia y sus miembros no puedan participar en el proceso político, declaran los obispos. Por el contrario, la libertad religiosa incluye la facultad de la Iglesia y de las personas cristianas de expresar su opinión acerca de los problemas y dificultades de la nación.

Los obispos declaran abiertamente que la libertad religiosa no significa simplemente libertad de culto. Significa que la Iglesia debe tener acceso a los medios que le ayuden a cumplir su misión, como el derecho a construir nuevos templos, la supresión de las restricciones contra la entrada en el país de sacerdotes, religiosos y religiosas, y el acceso a los medios de comunicación y de educación.

Los obispos también piden del gobierno cubano “un gesto de clemencia” hacia aquellos disidentes que han sido encarcelados: un gesto valeroso.

Quienes acostumbran a pedir alzamientos y el derrocamiento violento del régimen de Castro, tal vez consideren que las palabras de los obispos son un tanto débiles. Pero, como los propios obispos declaran, ellos han decidido hablar no en el lenguaje de los políticos, sino en el lenguaje de Jesús: “proclamar con amor y, llegado el momento, denunciar con amor”.

 El único camino que tiene la Iglesia para permanecer auténticamente fiel a Cristo, escriben los obispos, es buscar la reconciliación y renunciar al odio. Y exhortan a todos los cristianos y –es más– a todos los cubanos, a hacer lo mismo.

“La Iglesia no puede ser neutral ante la falta de libertad del hombre, y donde los ciudadanos no son libres de participar en el proceso político según sus aspiraciones personales”, escriben los obispos. Al mismo tiempo, la Iglesia no puede permitir el ser manipulada por una “mentalidad que concibe la Teología como instrumento de liberación para este mundo, haciendo de su meta los cambios sociales mediante la confrontación”.

La Iglesia de Cuba se ha estado moviendo sobre esta precaria cuerda floja hace ya muchos años. Alabo a los obispos de Cuba por su coraje al expresarse, y por la sabiduría con que lo hacen. Ellos han asumido la advertencia del Santo Padre en su visita a Cuba: “No tengan miedo”. Se han arrojado “a lo profundo” con plena confianza en Dios.

La Iglesia de Cuba no es silenciosa ni débil. Debemos seguir rezando por el pueblo y la Iglesia de Cuba, cuyo testimonio permanente en medio de grandes tribulaciones, nos recuerda la verdad de la promesa de Cristo: “Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. (Mt. 16: 18.)