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Devoción y alegría presiden la celebración
del Día de Nuestra Señora de la Caridad

Pañuelos en alto y cantos reciben a
la Virgen de la Caridad en la Arena de AA. (Fotos: Ana
Rodríguez-Soto)
Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
Fervor, nostalgia, risas y sorpresas marcaron la 42ª. celebración
anual de la fiesta de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, el 8
de septiembre, en la Arena de American Airlines.
Durante la misa de dos horas y media, cerca de 15,000 fieles –y
otros varios miles que escuchaban a través de Radio Paz– rindieron
homenaje al Obispo Auxiliar Agustín Román por sus 37 años de
incansable ministerio en el sur de la Florida.
El obispo cumplió recientemente 75 años, y se retiró de sus
funciones administrativas, aunque seguirá trabajando en el sitio
al que ha estado asignado durante los últimos 36 años, el
Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad –la Ermita–,
junto a la Bahía de Biscayne.
Antes de comenzar la misa, representantes de la Ciudad de Miami y
del Condado de Miami-Dade homenajearon al primer cubano que ha
sido designado obispo en los Estados Unidos en más de 200 años.
El comisionado Tomás Regalado entregó al obispo Román las llaves
de la ciudad, diciendo: “Se las entregamos no porque usted se
retire, sino para pedirle que siga trabajando entre nosotros 37
años más”.
A lo que el obispo respondió en tono acorde: “Confío en que Dios
no me lo extienda tanto, porque entonces ya habrá desaparecido la
Seguridad Social “.
Mons. Román bromeó igualmente sobre su presencia misma en la misa.
El año pasado, recordó, apenas pudo asistir, pues acababa de
sufrir una segunda operación de corazón abierto. “Pienso que el
Señor me ha permitido quedarme”, comentó con humor, “porque,
finalmente, se ha dado cuenta de que soy un hispano, un cubano, y
los cubanos siempre llegamos tarde”.
En su homilía, el obispo Román dio las gracias a los sacerdotes, a
los religiosos y las religiosas, y a los laicos de la
arquidiócesis por haberle hecho sentirse como en familia.
“La mayor parte de mi sacerdocio ha transcurrido aquí, en esta
arquidiócesis, y debido a ello ustedes son mis hermanos y hermanas,
siempre presentes en mis oraciones, y lo serán hasta que me llegue
el momento de subir al segundo piso”, dijo.
Mons. Román también dio las gracias al Arzobispo John C. Favalora
y a los predecesores de éste, comenzando por el primer Arzobispo
de Miami, Coleman F. Carroll, quien donó el terreno donde se
edificó la Ermita, designó como su capellán al P. Román, y dijo a
los primeros exiliados cubanos: “Quiero que este templo sea la
Estatua de la Libertad de Miami”.
“Cuando hablamos de libertad, tenemos que ir a la iglesia”, dijo
el Obispo Román, recordando que Nuestra Señora de la Caridad ha
estado presente en todos los sucesos clave de la historia de Cuba,
desde que tres humildes trabajadores encontraron su imagen en las
tempestuosas aguas de la Bahía de Nipe, hace 391 años.
“En 30 años, la devoción del pueblo de Cuba por nuestra Santa
Madre se extendió de Oriente a Occidente”, de un extremo al otro
de la isla, añadió Mons. Román. “Ella estaba presente cuando los
esclavos recibieron la libertad en la capilla de El Cobre, en
1801”, y 100 años después, cuando los veteranos de la Guerra de
Independencia de Cuba le pidieron al Papa Benedicto XV que la
declarara patrona nacional. En 1961, su imagen también se unió al
exilio en Miami.
“Hoy le pedimos a Ella que nos haga crecer en caridad a todos los
que estamos en esta parte de la Iglesia”, continuó el Obispo Román.
“Para triunfar sobre las dificultades, tenemos que abrazar a Jesús
del mismo modo que Ella lo hace”.
La primera sorpresa ocurrió después de la procesión del ofertorio,
cuando el Obispo Román renovó los votos matrimoniales de su
cardiólogo, el Dr. José Centurión. El Doctor Centurión y su esposa,
Bonnie, que celebraban la conmemoración de su 25º aniversario de
bodas, abandonaron el altar con lágrimas en los ojos.
Pero una sorpresa aún mayor aguardaba todavía a Mons. Román.
Después de la Comunión, se exhibió un vídeo de 17 minutos para
rendir tributo a su vida, repleto de fotos de su infancia y de
imágenes actuales de su pueblo natal, y de las parroquias a las
que fue asignado hasta su expulsión de Cuba en 1961.
Desplegado en las cuatro grandes pantallas de la Arena, el tributo
terminó con un mensaje de la prima de Mons. Román, Caridad Umarán,
a quien el obispo no ha visto desde hace 42 años, y de un antiguo
compañero suyo del seminario, Mons. Mariano Vivanco, actual Obispo
de la Diócesis de Matanzas.
La multitud rió cuando la prima del obispo enumeró toda una lista
de familiares a quienes saludar, y le pidió a Mons. Román que
hiciera “todo lo que los médicos te digan, para que no tengas más
problemas”.
“Envíanos tu bendición”, añadió.
Visiblemente conmovido, el Obispo Román dio las gracias al
Departamento de Comunicaciones de la arquidiócesis, especialmente
a Ernesto González, gerente de producción del Centro de TV, quien
pasó una semana en Cuba filmando el vídeo.
Haciendo gala de su humildad y humor acostumbrados, el Obispo
Román puso fin a la jornada con un chiste. “Uno tiene que andar
aquí con cuidado”, dijo. “Mandan gente a Cuba a hacer un vídeo.
Quién sabe”, comentó, “si hasta me filmaron cuando estaba en el
baño”.

Mons. Román hace su entrada con las representantes de las
provincias de Cuba, bendiciendo a los fieles.
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