La
experiencia transformadora de Little Flower
La presencia hispana da un nuevo rostro
a esta iglesia de Broward

El Coro dirigido por Marcela Cárdenas es uno de los ministerios
más sólidos en Little Flower. (Foto: Javier Rodríguez)
Javier E. Rodríguez
Especial/La Voz Católica
Hace apenas ocho años, miembros de la Legión de María recogían
firmas en el vecindario de la iglesia Little Flower, de Hollywood,
para convencer al párroco de la necesidad de ofrecer una Misa en
español. Hoy la cantidad de familias hispanas que asisten a la
misa dominical desbordó la capacidad de la capilla auxiliar,
obligando a trasladarla a la iglesia principal, generando un nuevo
orden de prioridades en esta comunidad, tradicionalmente
anglosajona.
Y es que el notable crecimiento de la población hispana en
Broward, se ha vuelto evidente en ciudades como Weston, Pembroke
Pines, Hollywood y Coral Springs, un territorio que, según el
Censo de 2002, alberga a 1,623,018 habitantes de todas las etnias.
Esa influyente presencia se ha puesto de manifiesto en la elección
de la cubanoamericana Diana Waserman-Rubin, en noviembre de 2002,
como alcaldesa del condado. También se pone de manifiesto en el
gran número de restaurantes, tiendas, salones de belleza, casas de
giros o minimercados; en donde ya resultan familiares el “Vale,
que chévere” venezolano, o los modismos y acentos típicos de los
colombianos y argentinos.
Y por supuesto, uno de los lugares donde mejor se observa esta
nueva etapa migratoria es en las iglesias, a donde los inmigrantes
latinoamericanos, tradicionalmente creyentes, van al encuentro de
su primer y decisivo vínculo con el anhelado sueño americano. En
ese orden de ideas, San Vicente de Paúl, entre las iglesias
católicas, ha representado un punto de apoyo vital. Apoyo que
también brindan hermanos de otras denominaciones religiosas, muy
conscientes de las profundas necesidades materiales y espirituales
de los recién llegados.
La experiencia transformadora de Little Flower comenzó a inicios
del año pasado, cuando un sacerdote de la Arquidiócesis,
antecedido por su trabajo en Radio Paz, llegó para dar un nuevo
rostro a la presencia hispana en esta iglesia del sureste de
Broward.
Uno de los grandes logros de este sacerdote, el P. Federico
Capdepón, fue la conformación del Comité Pastoral Hispano de la
parroquia, el primero en casi una década de presencia hispana. Con
ello se originaron los ministerios o pastorales de Inmigración y
de Servicios Comunitarios, que bajo la conducción de miembros de
la comunidad han logrado dejar una huella en la vida de muchas
familias. También se implementaron programas de búsqueda de empleo
y seguro de salud, por medio de un convenio de cooperación con la
organización Hispanic Unity de Florida.
El inventario de los logros obtenidos mediante la autogestión en
esta comunidad es extenso. Decenas de familias han encontrado
atención a sus casos de inmigración con abogados y paralegales de
Caridades Católicas. Así como la asistencia social a familias
necesitadas, y la conformación de ministerios de jóvenes, musical,
y de matrimonios, entre otros.
Sin embargo, estos acontecimientos trajeron una gran
transformación en las formas de relación con la comunidad
anglosajona, marcadas hasta entonces por la pasividad y el
complejo de ser minoría. Las dos comunidades habían permanecido
separadas, sin saber la una de la otra. Ahora esa aproximación se
está dando paso a paso, con grandes diferencias culturales, pero
con el fondo de la unidad en la Fe.
Luego de la partida del P. Capdepón a la parroquia de Santa Marta,
lo sucedió el presbítero Alvaro Pinzón, Juez del Tribunal
Eclesiástico de la Arquidiócesis, un colombiano que convirtió su
labor de acompañamiento a los hispanos en un trabajo de tiempo
completo, para dejarlos dotados, principalmente, de una
organización interna consistente y disciplinada.
De acuerdo con la oficina del censo de 2000, en Broward hay
271,653 personas de origen latino. Esta cifra equivale al 16.7 %
del total de la composición demográfica del condado. Una cifra que,
sin ninguna duda, ha ido en aumento en los últimos tres años
debido al movimiento migratorio de Latinoamérica, particularmente
de países como Colombia, Venezuela, Argentina y Perú.
En alto porcentaje, el perfil de los nuevos inmigrantes de estos
países muestra un nivel de escolaridad superior, con profesionales
en todas las ramas del saber. Sin embargo, el principal dilema que
afrontan éstos es la solución de su situación migratoria, el
aprendizaje del inglés y las dificultades para revalidar sus
estudios.
Debido a la compleja situación de orden público, los ciudadanos de
Colombia son considerados por las autoridades de inmigración como
candidatos para obtener asilo político. Igual ha ocurrido en el
pasado con los peruanos, y ahora con los venezolanos. En el caso
de Argentina, aunque las razones de la emigración sean políticas,
tienen un trasfondo económico que excluye a sus ciudadanos del
marco del asilo político. Las salidas legales quedan entonces
circunscritas a peticiones familiares o de trabajo.
Little Flower ha sido un excelente termómetro para observar los
retos y dificultades que afrontan los inmigrantes recién llegados
al sur de la Florida. Los nuevos espacios ha habido que
conquistarlos luchando, y afrontado la apatía que suele ocasionar
todo lo nuevo y desconocido. Aun así, hay quienes se han sentido
desplazados por hablar un idioma diferente, y acaso tengan razón.
Pero el mejor balance que podría hacerse, es que allí se ha
originado un modelo de autogestión viable que valdría la pena
considerar en otras parroquias.
Claro, no todo ha cambiado: hay cosas que todavía persisten desde
aquellos días, ocho años atrás, cuando había que pedir firmas para
lograr que los hispanos fueran tenidos en cuenta. Pero éstos se
mantienen firmes en el compromiso con sus raíces y, al mismo
tiempo, ante los retos que les impone su decisión de volver a
comenzar.
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