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Niñeras encuentran un hogar en la parroquia
Robert O’Steen
The Florida Catholic
Carmen Harvell no se había propuesto iniciar algo en grande. Era
simplemente una voluntaria que enseñaba educación religiosa a un
grupo de mujeres en la parroquia St. Agnes, de Key Biscayne. Se
trataba de empleadas, inmigrantes que trabajaban mayormente como
niñeras y domésticas en casas de residentes acomodados de la isla.
Pero Harvell notó que algunas de las mujeres sufrían de una
sensación de aislamiento. Estaban aquí solas, trabajando en una
tierra extraña, lejos de sus amistades y de sus seres queridos, a
quienes habían dejado en sus países de origen, en América Latina y
el Caribe.
Y así, además de enseñarles cuestiones espirituales, les ofreció
también palabras de consuelo y consejo, poniendo en práctica los
ideales religiosos que estaba enseñando. La noticia de lo que
estaba haciendo se esparció, y pronto otras mujeres vinieron a
ella, hasta que el grupo llegó a ser de 15. Y esto fue sólo el
comienzo.
Ahora, unas 200 mujeres asisten todos los domingos, llenando
varias de las aulas de la escuela parroquial, desde las 10 a.m.
hasta el mediodía. Hay otro grupo que asiste de las 8 a.m. a las 4
p.m. Harvell cuenta ahora con la ayuda de varias maestras
voluntarias. Además, los jueves por la noche se ofrecen clases
sobre la Biblia.
“Si tienen preocupaciones, vienen a nosotros”, dice Harvell. “Les
ofrecemos apoyo moral. Mostramos mucha compasión hacia sus
problemas, y las ayudamos en todo cuanto podemos. No nos
concentramos sólo en el inglés. Eso sería demasiado frío. Lo
importante es la calidez y el afecto que les damos. La atención
que les damos. Lo triste es que vienen solas. Dejan a sus familias
para venir a trabajar aquí y enviarles dinero. No pueden ver a sus
hijos ni a sus familiares. Es por esto que somos tan compasivos”.
Harvell añadió que las mujeres, sin embargo, se sienten felices de
estar aquí, porque no pueden ganarse la vida en sus propios países.
Explicó que vienen prácticamente de todos los países de la América
Latina y el Caribe, desde México hasta Argentina.
“Son buenas muchachas. Asisten a Misa y no nos dan problemas”,
dijo, añadiendo que una de ellas se convirtió en ministra de la
Eucaristía.
Nora Mosquera está aquí desde hace un año. Vino de Colombia, donde
afirma que fue atacada y maltratada verbalmente. Ahora trabaja
para una señora colombiana de Key Biscayne, mientras su familia
permanece en su país. Mosquera supo de las clases, y se puso en
contacto con Harvell.
“He aprendido muchísimo”, dijo en español. “He encontrado
espiritualidad y una comunidad, y esto me hace feliz. Encontré
amor y comprensión, y preocupación por mí. Aprender inglés es muy
útil para entender a la gente y ser capaz de hacer preguntas”.
Impartidas por voluntarios, las clases son gratuitas, excepto un
cobro de $18 por los libros. El dinero para actividades sociales y
otros gastos se recauda mediante ventas dominicales de comida.
Estas mujeres han encontrado un hogar en St. Agnes. Una de ellas
padecía de cáncer, e iba a regresar a su país para morir, dijo
Harvell, pero los médicos de aquí dijeron que podían atenderla, de
modo que las empleadas comenzaron a donar un dólar semanal por
cabeza para contribuir al tratamiento, tal como lo hubiera hecho
su propia familia.
El P. José Hernando, párroco de St, Agnes, se siente muy contento
con lo que está sucediendo, dijo Harvell, porque el programa no se
limita solamente a las clases de inglés. “Le dije: ‘de ningún modo;
yo estoy aquí por razones espirituales’”, subraya Harvell, quien
explicó que una de las grandes patrocinadoras del proyecto en
curso es Marie Angela Bayne, Hermana de Notre Dame y directora de
programas de la parroquia.
“Carmen es maravillosa”, dijo la Hna. Bayne, que está en St. Agnes
desde 1982. “Ella es la directora de todo, pero –pensé– yo también
puedo ayudar. Hablando con algunas de las voluntarias, me di
cuenta de que las empleadas tenían necesidades que iban mucho más
allá de aprender inglés”.
De este modo, la Hna. Bayne comenzó a ayudarlas también en sus
necesidades de atención médica, empleo y trámites migratorios.
Organizó un seminario de inmigración en marzo, con la presencia de
cinco abogados de inmigración, durante el cual 80 de las mujeres
lograron hablar personalmente con uno de los abogados.
También preparó hojas sueltas con los nombres de clínicas y otros
lugares a los que podían acudir en busca de atención médica, y ha
organizados ferias de la salud en las que trabajadores de la
medicina pública acuden al auditórium de la parroquia y realizan
pruebas para detectar problemas tales como la hipertensión
arterial. Las mujeres han recibido, además, bolsas con artículos
personales de muestra, como champú, caramelos, productos para la
atención dental y lociones. “La gente viene a verme en busca de
empleos. Entro en la Internet y reviso lugares de Miami, centros
de entrenamiento laboral, e incluso la sección de clasificados del
Diario Las Américas”, dice la Hna. Bayne.
Harvell es de Nicaragua. Durante muchos años, trabajó como
enfermera en el Hospital Johns Hopkins, de Baltiore, y actualmente
está retirada.
“Siempre trabajé a favor de los pobres y necesitados. Siempre he
sentido que si les damos un poco más, los podemos hacer un poco
más felices, y ¡esto es un regalo de Dios!”.
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