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12
de octubre,
28º Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo B]
Lectura del Evangelio según San Marcos 10,17-27
En aquel tiempo, Jesús estaba a punto de partir cuando uno corrió
a su encuentro, se arrodilló delante de él y le preguntó: “Maestro
bueno, ¿qué tengo que hacer para ganar la vida eterna?” Jesús le
respondió: “¿Por qué me llamas bueno? Uno solo es bueno, y ése es
Dios. Ya conoces los mandamientos:
No mates, no cometas adulterio, no robes, ni digas cosas falsas de
tu hermano, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre”.
El otro contestó: “Maestro, todo esto lo he practicado desde muy
joven”. Jesús lo miró, sintió cariño por él y le dijo: “Sólo te
falta una cosa: anda, vende todo lo que tienes, dalo a los pobres,
y así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme”.
Cuando el otro oyó estas palabras, se sintió golpeado, porque
tenía muchos bienes, y se fue muy triste. Entonces Jesús, mirando
alrededor de él, dijo a sus discípulos: “¡Qué difícilmente
entrarán en el Reino de Dios los que tienen riqueza!” Los
discípulos se sorprendieron cuando oyeron estas palabras. Pero
Jesús insistió: “Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de
Dios! Es más fácil para un camello pasar por el ojo de la aguja,
que para un rico entrar en el Reino de Dios”. Ellos se asombraron
más todavía y comentaban: “Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús
los miró fíjamente y les dijo: “Para los hombres es imposible,
pero no para Dios, porque para Dios todo es posible”.
Comentario breve:
Las palabras de Jesús son un desafío. El joven rico guardaba los
mandamientos de la Ley. Jesús lo mira con amor y le dice algo que
provoca asombro en los discípulos: “si quieres disfrutar del Reino
de Dios en su plenitud, deberás dejarlo todo y seguirme.” Jesús
invierte la idea, común entre los judíos, de que la riqueza es un
signo del favor divino y la presenta como un posible obstáculo
para entrar en el Reino de Dios.
La
lectura presenta tres ideas importantes:
-
Jesús nos reta a un radicalismo de vida que sólo es posible con
la ayuda de Dios.
-
Guardar los mandamientos es fundamental para alcanzar la
salvación. Pero para poder disfrutar de la “vida eterna” que
comienza ahora, debemos dejar atrás los “ídolos” en los que
ponemos nuestra confianza.
-
Este pasaje destaca de nuevo el amor de Jesús por los pobres y
los sencillos.
Para la reflexión:
-
¿Creo
que cuando las cosas me van bien es porque Dios está
“premiándome” por mis buenas obras, y que cuando todo va mal, es
porque me está “castigando”? Explique.
-
¿Pongo
mi seguridad y mi confianza en el poder, en el dinero y en mis
propiedades? ¿Cómo ve eso Jesús?
-
¿Hay
algo que necesito “vender” para seguir a Jesús? Explique.
19 de octubre,
29º Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo B]
Lectura del Evangelio según San Marcos 10,35-45
En aquel tiempo, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se acercaron a
Jesús y le dijeron: “Maestro, queremos que nos concedas lo que te
vamos a pedir”. El les dijo: “¿Qué quieren de mí?” Ellos
respondieron: “Concédenos que nos sentemos uno a tu derecha y el
otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria”. Jesús les dijo:
“No saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que estoy bebiendo o
bautizarse como me estoy bautizando?” Ellos contestaron: “Sí,
podemos”. Jesús les dijo: “Pues bien, la copa que bebo, también la
beberán ustedes, y serán bautizados con el mismo bautismo que
estoy recibiendo; pero no depende de mí que se sienten a mi
derecha o a mi izquierda. Esto ha sido reservado para otros”.
Cuando los otros diez oyeron esto, se enojaron con Santiago y
Juan. Jesús los llamó y les dijo: “Como ustedes saben, los que son
considerados como jefes de las naciones las gobiernan como si
fueran sus dueños; y los poderosos las oprimen con su poder. Pero
entre ustedes no ha de ser así. Al contrario, el que quiera ser el
más importante entre ustedes, que se haga el servidor de todos, y
el que quiera ser el primero, que se haga el siervo de todos. Así
como el Hijo del Hombre no vino para que le sirvieran, sino para
servir y dar su vida por los hombres, para rescatarlos”.
Comentario breve:
Una vez más Jesús predice su pasión, pero los discípulos no
comprenden el significado de sus palabras ni su identidad
mesiánica. Es increíble que Santiago y Juan hagan esta pregunta
después de haber escuchado el mismo mensaje dos veces. Cuando los
otros discípulos se muestran enojados con Juan y Santiago, Jesús
lanza su enseñanza a quienes le escuchan, incluyéndonos a nosotros:
todo el que quiera seguirle deberá entender que la autoridad no se
ejerce con la fuerza; hay una nueva norma de conducta: hacerse
servidores de todos.
La lectura presenta tres ideas importantes:
-
En el deseo de compartir la gloria de Jesús debe estar implícito
compartir sus sufrimientos.
-
La copa y el bautismo son los símbolos que Marcos usa para la
agonía y la muerte de Jesús. Jesús invita a los discípulos a
tomar muy en serio lo que quiere decir seguir sus pasos.
-
La autoridad que ejerzan los seguidores de Jesús deberá ser
servicial y no un medio de endiosamiento del ego.
Para la reflexión:
-
¿Cómo ejerzo mi autoridad ante mi familia, la parroquia, o el
centro de trabajo? ¿La uso para servir o para controlar a los
demás?
-
En mi deseo de compartir la gloria de Dios, ¿estoy también
dispuesto/a a compartir los sufrimientos de Cristo? ¿Cómo lo
demuestro?
26 de octubre,
30º Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo B]
Lectura del Evangelio según San Marcos 10: 46-52
En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó acompañado de sus
discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo (Bartimeo), un
limosnero ciego, estaba sentado a la orilla del camino. Cuando
supo que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: “¡Jesús, Hijo de
David, ten compasión de mí!” Varias personas trataron de hacerlo
callar. Pero él gritaba mucho más: “¡Hijo de David, ten compasión
de mí!” Jesús se detuvo y dijo: “Llámenlo”. Llamaron al ciego,
diciéndole: “¡Párate, hombre!, te está llamando”. Y él, arrojando
su manto, de un salto se puso de pie y llegó hasta Jesús. Jesús le
preguntó: ”¿Qué quieres que te haga?” El ciego respondió:
“Maestro, que yo vea”. Entonces, Jesús le dijo: “Puedes irte; tu
fe te ha salvado”. Y al instante vio, y se puso a caminar con
Jesús.
Comentario breve:
Con esta lectura concluye el capítulo de “la ceguera” que comenzó
con la curación del ciego de Betsaida (8,22). En el primer caso,
el ciego es traído por el pueblo. En la lectura de hoy, Bartimeo,
por iniciativa propia, clama por Jesús y le llama Hijo de David.
Las tres predicciones que Jesús hace sobre su pasión y muerte, son
colocadas por Marcos entre estas dos historias de “ceguera”. Es
obvio que Bartimeo “ve” más que los discípulos de Jesús, que han
estado con él por tanto tiempo.
La lectura presenta tres ideas importantes:
-
No podremos comprender la verdadera identidad de Jesús hasta que
no comprendamos su sufrimiento y su muerte.
-
La pregunta que hace Jesús al ciego es la misma que le dirigió a
Juan y a Santiago. Estos pidieron los puestos de más honor y su
respuesta contrasta con el humilde deseo del ciego que ha
comprendido mejor la autoridad de Jesús que consiste en servir.
-
Después de un encuentro personal con Jesús, estamos llamados a
convertirnos en sus discípulos.
Para la reflexión:
-
¿Alguna vez he estado “ciego/a” ante Jesús? ¿Qué hizo que yo
recobrara mi “visión espiritual”?
-
Cuando me encuentro en apuros, ¿tomo la iniciativa de pedir
ayuda a Dios, o a otros en mi comunidad?
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